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Semana Santa en León: la historia de Genarín y su procesión más singular

Mientras la Semana Santa leonesa se envuelve en la solemnidad gótica y medieval que caracteriza a la ciudad, un desfile único rompe con la seriedad: la procesión del Genarín. Homenaje pagano a un personaje entregado a la “mala vida”, entre borracheras, burdeles y partidas de tute, que cada Jueves Santo recorre el Barrio Húmedo de León congregando a miles de devotos que desafían la tradición y celebran la irreverencia con cánticos, orujo y humor.

El Santo Genarín.

El Santo Genarín.Archivo

David González
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Genaro, conocido en León como Genarín, es uno de los personajes más singulares de la historia de la ciudad. Su vida estuvo marcada por los excesos: su oficio era el de pellejero, pero su fama se debía sobre todo a las borracheras con orujo, a sus visitas frecuentes a burdeles y a sus partidas de tute. La tragedia llegó en la madrugada del 29 al 30 de marzo de 1929, coincidiendo con el Jueves Santo, cuando la Bonifacia, el primer camión de la basura de la ciudad, lo atropelló mientras realizaba sus habituales desahogos. La muerte de Genarín no pasó desapercibida, y pronto cuatro amigos conocidos como los Evangelistas (Nicolás Pérez Porreto, Francisco Pérez Herrero, Eulogio el gafas y Luis Rico) decidieron rendirle homenaje, imitando sus costumbres y recorriendo bares y burdeles en su honor.

A Genarín se le atribuyen cuatro milagros, que muestran la curiosa mezcla de devoción y humor que rodea su figura. Entre ellos destacan la redención de la prostituta que lo encontró sin vida, quien abandonó su antigua vida y regresó a Lugo; un gol milagroso de la Cultural y Deportiva Leonesa en un partido complicado; y la curación de un enfermo de riñón que alivió sus dolencias tras imitar los últimos gestos de Genarín en el cubo de la muralla donde murió. Estos milagros, aunque singulares, consolidaron la fama del personaje y la procesión que lo recuerda.

Con el tiempo, la procesión ganó popularidad, hasta el punto de que en 1957 fue prohibida por el gobierno franquista y el clero, preocupados porque superaba en devoción a la Semana Santa oficial. La prohibición, lejos de apagar su leyenda, aumentó la fascinación popular por Genarín. En 1981, Julio Llamazares recopiló la historia en su libro El Entierro de Genarín. Evangelio apócrifo del último heterodoxo español, estableciendo la base de la liturgia moderna de la procesión.

Desde 1990, la procesión volvió a recorrer las calles de León. Cada Jueves Santo, La Cuba, la imagen de Genarín, la Muerte y la Moncha —la prostituta que lo halló— avanzan escoltados por los cuatro cabezudos que representan a los Evangelistas. El recorrido incluye la Calle la Sal, la Catedral, la Calle del Cardenal Landázuri y el Arco de la Cárcel, finalizando en el cubo de la muralla, donde se deja la ofrenda de pan, queso, naranjas, laurel y una botella de orujo. Durante todo el trayecto, los devotos entonan cánticos y versos dedicados a Genarín, recordando con humor y respeto su vida irreverente.

La muerte persiguiendo al Genarín.

La muerte persiguiendo al Genarín.Archivo

Hoy, la procesión de Genarín es un espectáculo singular que combina devoción, tradición y parodia, atrayendo a miles de visitantes de España y del extranjero. En 2009, la película Bendito Canalla llevó su historia a la gran pantalla, mostrando su vida, sus últimos días y cómo se celebran hoy estas festividades que desafían la solemnidad de la Semana Santa leonesa. Genarín nunca fue canonizado, pero su legado sigue vivo como símbolo de la irreverencia más entrañable de León.

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