Esta es la razón de fondo por la que OpenAI cerró Sora: llegó a costar un millón de dólares al día
¿De verdad una app de IA podía quemar tanto dinero? Sora deslumbró en su lanzamiento, pero su coste operativo llegó a ser tan alto que dejó de encajar en la estrategia de OpenAI.
Sora de OpenAI
El millón de dólares al día no fue el único problema de Sora, pero sí la señal más visible de que algo no funcionaba. Al gasto se sumaron menos tracción, más competencia y un giro estratégico en OpenAI que terminó por hacer inviable la apuesta.
Por qué OpenAI apagó Sora tan deprisa
El cierre de Sora no se entiende bien si se presenta como un simple tropiezo técnico o como el final de una supuesta red social que nunca terminó de consolidarse como tal en las fuentes más sólidas. Lo que sí muestran con bastante claridad las fuentes es otra cosa: OpenAI decidió cortar una apuesta muy vistosa, pero cada vez menos convincente en términos de negocio. La combinación que aparece de forma más consistente es clara:
- Costes desorbitados
- Caída del uso
- Competencia feroz
- Giro estratégico hacia productos más rentables
- Enfoque en prioridades comerciales actuales
Esta combinación es la que aparece de forma más consistente en las fuentes, como The Verge, y se repite como explicación principal del cierre de Sora.
El millón de dólares al día que cambió la ecuación
Sora de OpenAI
Uno de los factores más decisivos para explicar el cierre está en el dinero. The Times of India, citando un informe de The Wall Street Journal, asegura que Sora llegó a costar alrededor de un millón de dólares al día en su momento de mayor exigencia operativa. No es un detalle menor: generar vídeo con IA consume una enorme cantidad de computación, y ese gasto solo se sostiene si el producto crece, retiene usuarios y encuentra una vía clara de ingresos.
Según esa misma información, nada de eso ocurrió en la medida necesaria para sostener ese nivel de gasto, así que OpenAI optó por reasignar recursos a áreas con más recorrido comercial. The Verge encaja con esa lectura al señalar que Sora absorbía una cantidad masiva de computación sin el retorno financiero que justificara seguir manteniéndola.
Empezó fuerte, pero se desinfló demasiado rápido
Sora lA para vídeo
El otro dato clave para entender el cierre es la evolución del uso. The Verge aporta cifras de Sensor Tower que dibujan una curva muy clara: Sora arrancó con unos 4,8 millones de descargas en octubre y subió hasta 6,1 millones en noviembre, pero después cayó con rapidez hasta 3,2 millones en diciembre, 2,1 millones en enero, 1,4 millones en febrero y 1,1 millones en marzo.
Es decir, tuvo un lanzamiento potente, pero no consiguió mantener el interés. Ese descenso ayuda a entender por qué la aplicación dejó de parecer una apuesta sólida en muy poco tiempo. TechCrunch describe el mismo patrón desde otro ángulo: llamó mucho la atención al principio, pero no logró mantener el interés con un feed centrado únicamente en vídeos de IA.
La competencia y el giro estratégico aceleraron el desenlace
Usar Gemini
La caída de Sora no se explica solo por lo que gastaba, sino también por el mercado en el que competía. The Verge recoge que OpenAI veía cómo rivales como Google o Kling avanzaban con fuerza en vídeo generativo, en un terreno donde cambiar de herramienta resulta fácil si otra ofrece mejores resultados o una propuesta más clara. En paralelo, la empresa necesitaba demostrar a inversores y socios que podía centrarse en negocios más rentables.
Según The Verge, ese cambio respondía a una prioridad interna muy definida: volcar más recursos en productos para empresa y productividad, en agentes de IA y en investigaciones vinculadas con la simulación del mundo y la robótica. OpenAI insistió además en que necesitaba reservar computación para otros proyectos.
No todo era dinero: Sora también arrastraba un debate incómodo
Sora de OpenAI
Eso no significa, ni mucho menos, que el contexto social y reputacional fuera irrelevante. Sora se movía en un terreno delicado, porque herramientas así pueden facilitar deepfakes, vídeos no consentidos o usos conflictivos relacionados con figuras públicas y con la propiedad intelectual. NBC recogió que la aplicación había generado inquietud en Hollywood y entre grupos de defensa precisamente por ese potencial. Mientras también crecía la incomodidad por su planteamiento: una experiencia cercana a TikTok unida a funciones para crear dobles digitales muy realistas.
Sora
The Verge introduce además un matiz clave: aunque el cierre responde sobre todo a razones de negocio, Sora deja tras de sí un debate serio sobre la confianza visual y sobre la creciente normalización de contenidos hiperrealistas difíciles de distinguir. En otras palabras, esos riesgos ayudaron a enturbiar su futuro, pero las fuentes más sólidas no los señalan como la causa principal del apagón.
La verdadera razón: dejó de parecer una apuesta ganadora
Sora de OpenAI
Si se ponen en orden los datos principales, la explicación resulta bastante clara. OpenAI no cerró Sora por una única causa ni por un fallo repentino del producto. La cerró porque consumía muchísimo, retenía cada vez menos usuarios, llegaba a una carrera con rivales muy agresivos y además ya no encajaba en las prioridades comerciales de la empresa.
Sora fue útil como escaparate tecnológico y como prueba de hasta dónde podía llegar el vídeo generado por IA, pero no terminó de convertirse en un negocio convincente. Su alto coste, la pérdida de usuarios y la presión de la competencia acabaron debilitando su viabilidad dentro de OpenAI.
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