Lourdes Navarro, dermatóloga de la AEDV: el detalle que debes mirar antes de comprar un fotoprotector
La especialista recuerda una clave del envase que puede marcar la diferencia cuando llega la exposición al sol.

Una mujer se aplica un spray fotoprotector
Elegir una crema solar debería depender de más cosas que solo el precio, la textura o el número grande que aparece en el bote. La dermatóloga Lourdes Navarro, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), lo recuerda en un contenido difundido por la Asociación Española Contra el Cáncer centrado en el uso correcto de las cremas fotoprotectoras: antes de comprar un producto de este tipo, conviene fijarse en que ofrezca protección de amplio espectro.
Qué significa realmente ‘amplio espectro’
Una crema solar de amplio espectro protege frente a la radiación UVB y también frente a la UVA. La primera suele asociarse más con la quemadura solar visible, esa señal rápida de que la piel ha recibido más sol del que debía. La segunda, sin embargo, también importa: no siempre deja una marca inmediata tan evidente, pero forma parte del daño acumulado que la piel puede sufrir con la exposición repetida.
Por eso, el consejo no va de elegir la crema más cara ni de comprar la que tenga el envase más llamativo, sino de fijarse muy bien en la etiqueta. Muchas personas se quedan solo con el SPF, el famoso número 30, 50 o 50+, y dan por hecho que con eso ya está todo resuelto. Pero ese número se vincula sobre todo a la protección frente a UVB. Si el producto no cubre también la radiación UVA, la protección puede quedarse corta para una exposición real.
A la hora de comprar la crema, el consumidor debe localizar en el envase que indique protección de amplio espectro o que incluya el símbolo de UVA dentro de un círculo. Ese pequeño icono es una señal muy clara para saber si el producto cumple con una protección mínima frente a esa radiación.
El error no termina en la compra

Una chica se aplica crema antisolar
La compra, aun así, es solo el primer filtro. El siguiente fallo habitual aparece después: aplicar poca cantidad o pensar que una sola aplicación sirve para toda la jornada. Un fotoprotector mal usado protege peor, aunque el producto sea bueno y se haya invertido dinero en él. Por eso, en días de playa, piscina, deporte al aire libre o trabajo bajo el sol, conviene reaplicarlo con frecuencia, especialmente tras sudar, bañarse o secarse con una toalla.
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Jorge Martín
También hay que evitar otra trampa, y es la de confiarse porque el día está nublado o porque la exposición parece breve. La radiación solar no desaparece porque el cielo esté cubierto, y muchas quemaduras llegan precisamente en situaciones en las que nadie pensaba que hacía faltal. La prevención falla por exceso de confianza, no por falta de productos.
La conclusión es directa. Antes de meter una crema solar en la cesta, no mires solo el número grande del envase. Comprueba que sea de amplio espectro o que incluya protección UVA reconocible. Es un gesto pequeño, pero puede separar una protección aparente de una protección mucho más completa.