Cuando el asfalto parece derretirse: guía de supervivencia para las olas de calor
Cada verano registra temperaturas más extremas y los expertos insisten en la importancia de adoptar medidas preventivas para reducir los riesgos para la salud.

Sol en el jardin
Las olas de calor se han convertido en uno de los fenómenos meteorológicos más habituales de los meses de verano. Las altas temperaturas, que en algunos puntos superan ampliamente los 40 grados, no solo generan incomodidad, sino que también representan un riesgo para la salud, especialmente entre los grupos más vulnerables.
Las autoridades sanitarias recuerdan cada año la necesidad de extremar las precauciones durante estos episodios, ya que la exposición prolongada al calor puede provocar deshidratación, agotamiento físico e incluso golpes de calor, considerados una emergencia médica.
La hidratación, una prioridad
Uno de los principales consejos de los especialistas es mantener una correcta hidratación. El cuerpo pierde líquidos constantemente a través del sudor para regular su temperatura, por lo que es recomendable beber agua de forma frecuente, incluso cuando no se tiene sensación de sed.
Además, se aconseja aumentar el consumo de frutas y verduras ricas en agua, como la sandía, el melón o el pepino, y limitar la ingesta de bebidas alcohólicas o con un alto contenido en azúcar.
Evitar las horas de mayor riesgo
Las franjas horarias comprendidas entre el mediodía y las primeras horas de la tarde suelen concentrar las temperaturas más elevadas. Por ello, los expertos recomiendan reducir la actividad física al aire libre durante esas horas y, siempre que sea posible, permanecer en lugares frescos o con sombra.
Las tareas que requieran esfuerzo físico deberían realizarse a primera hora de la mañana o al final de la jornada, cuando el calor es menos intenso.
Cómo mantener fresca la vivienda
Las viviendas también desempeñan un papel clave durante las olas de calor. Mantener las persianas bajadas en las horas de mayor radiación solar y ventilar durante la noche o a primera hora de la mañana ayuda a conservar una temperatura más agradable en el interior.
El uso de ventiladores o sistemas de climatización puede contribuir a aliviar el calor, aunque también se recomienda evitar el uso innecesario de aparatos eléctricos que generen temperatura adicional.
La ropa adecuada puede marcar la diferencia
La elección de la vestimenta es otro factor importante. Las prendas ligeras, holgadas y de colores claros facilitan la transpiración y ayudan a reducir la sensación térmica.
Cuando sea necesario salir al exterior, se recomienda utilizar sombreros, gorras y protección solar para minimizar los efectos de la exposición directa al sol.
Especial atención a los colectivos vulnerables
Las personas mayores, los niños pequeños y quienes padecen enfermedades crónicas son los grupos más expuestos a sufrir complicaciones durante los episodios de calor extremo.
Los servicios sanitarios aconsejan vigilar especialmente a estos colectivos y comprobar con frecuencia que se encuentran correctamente hidratados y en condiciones adecuadas de temperatura.
Señales de alerta
Los expertos recuerdan que síntomas como mareos, dolor de cabeza, debilidad intensa, náuseas o confusión pueden indicar que el organismo está teniendo dificultades para soportar el calor.
Ante cualquiera de estas señales, es recomendable trasladarse a un lugar fresco, beber agua y buscar atención médica si los síntomas persisten o empeoran.
Mientras las previsiones apuntan a veranos cada vez más cálidos, las recomendaciones de prevención continúan siendo la herramienta más eficaz para afrontar los episodios de calor extremo con mayores garantías de seguridad.