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Cruz Sánchez de Lara: "Hay quien cuestiona mi trayectoria por mi relación con Pedro J. Ramírez.”
A través de una novela fruto de más de dos años de investigación, la autora reconstruye redes de espionaje, estrategias políticas y figuras como Luis de Unzaga o Bernardo de Gálvez, mientras entrelaza esa trama con una reflexión íntima sobre el miedo, la memoria y el papel de las mujeres en un mundo dominado por la historia oficial. El resultado es un relato que invita tanto a descubrir lo que no se contó en los libros como a mirar de otra forma las propias historias que nos contamos hoy.

Cruz Sánchez de Lara rescata un episodio poco conocido del papel de España en la independencia de Estados Unidos, en el que figuras como Luis de Unzaga y Bernardo de Gálvez desempeñaron un papel clave a través de redes de apoyo encubierto. A partir de una investigación de dos años y medio, la novela Las Gobernadoras (Espasa) reconstruye ese contexto político y militar del siglo XVIII y reivindica su importancia dentro del relato histórico. Además, la escritora entrelaza esta trama con una reflexión personal sobre la memoria, el miedo y el papel de las mujeres, así como con las dificultades del propio proceso de escritura y la recepción pública de su trabajo.
¿Por qué una novela histórica?
Es una novela histórica sobre una parte de la Historia que no nos han contado en el colegio, al menos en el mío. Y por lo que hablo con mucha gente, salvo los muy interesados en Historia, casi nadie la conoce: el papel importantísimo de España en la independencia de Estados Unidos.
Luis de Unzaga, uno de los protagonistas de la novela, fue gobernador de Luisiana entre 1770 y 1777. Hay quien lo considera un precursor de la inteligencia moderna porque organizó una red de espionaje a través de la cual España canalizaba ayuda a los colonos americanos.
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En ese momento España estaba en un equilibrio delicado entre Francia y Gran Bretaña. No estábamos en condiciones de entrar en guerra abierta, pero sí se decidió ayudar de forma encubierta a los colonos estadounidenses. Con Carlos III y Carlos IV se organizó un sistema muy eficaz de apoyo: dinero, armas, mantas, suministros… todo canalizado discretamente.
Es una historia fascinante que casi nadie conoce y que a mí me parecía muy injusto dejar fuera del relato histórico común.
¿Qué papel tuvo realmente España en la independencia de Estados Unidos?
Fue mucho más importante de lo que se suele pensar. España no fue un actor secundario, sino una pieza clave en la estrategia contra Gran Bretaña. Luisiana era entonces un territorio enorme, estratégico, que permitía controlar rutas fluviales fundamentales como el Misisipi. Desde allí se organizaban envíos de ayuda, información y apoyo logístico a los colonos.
Luis de Unzaga, por ejemplo, no solo gestionaba la administración del teritorio, sino que facilitaba comunicaciones, redes de apoyo y canales de inteligencia que conectaban Nueva Orleans con otros puntos clave como Filadelfia.
Además, figuras como Bernardo de Gálvez tuvieron un papel militar decisivo. Entre ambos existía una red política y familiar muy influyente que permitió que España jugara una partida compleja: ayudar sin declararse formalmente en guerra al principio, pero influyendo de forma decisiva en el resultado final.
Lo sorprendente es que todo esto ha quedado bastante fuera del relato histórico más popular, tanto en España como fuera.

Portadas de 'Las Gobernadoras' de Cruz Sánchez de Lara.
Has contado que Luis de Unzaga era tu antepasado. ¿Cómo influye eso en la novela?
Sí, era mi séptimo abuelo. Eso ha sido una mezcla de casualidad y suerte, porque cuando empiezas a investigar descubres que tienes una conexión directa con uno de los personajes. Eso no significa que la novela sea biográfica ni familiar en sentido estricto, pero sí me ha permitido acercarme emocionalmente a la historia de una forma distinta. Incluso la protagonista de la portada está inspirada en mi abuela, no de forma literal, pero sí en rasgos físicos y en cierta memoria familiar. Es una manera de unir historia y experiencia personal. Creo que eso también me ha permitido darles más humanidad a los personajes, no tratarlos como figuras lejanas o puramente históricas.
En la novela también tienen mucho peso las mujeres. ¿Qué papel tenían en ese contexto histórico?
Un papel mucho más importante del que solemos imaginar. Eran mujeres educadas dentro de familias muy conscientes de su posición social y política. Muchas eran criollas con formación, hablaban varios idiomas y estaban preparadas para moverse en entornos internacionales entre España, Francia y el mundo colonial.
Formalmente estaban subordinadas a los hombres, pero en la práctica tenían un poder enorme dentro del ámbito doméstico y social. Cuando los hombres viajaban o estaban en campañas, ellas gestionaban haciendas, tomaban decisiones económicas, recibían información y actuaban como nodos de comunicación dentro de redes políticas y familiares.
También tenían espacios propios de influencia, como reuniones sociales donde se compartía información y se tomaban decisiones de forma indirecta. No era un poder institucional, pero sí real.
La educación que recibían estaba orientada a eso: a ser capaces de sostener familias influyentes, manejar relaciones complejas y adaptarse a contextos políticos cambiantes.
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El miedo es otro de los temas que atraviesa la novela. ¿Qué papel tiene?
El miedo es central. Es un miedo heredado, cultural, que se transmite a través de generaciones y condiciona muchas decisiones sin que seamos plenamente conscientes. Durante siglos se nos han transmitido normas, límites y juicios sociales que influyen en cómo actuamos incluso hoy. Muchas veces no hacemos cosas no porque no podamos, sino porque tenemos miedo al juicio o al rechazo.
Yo he aprendido a identificar ese miedo en mí misma. Y creo que cuando eres capaz de ponerle nombre, pierdes parte de su poder. También hay un mensaje generacional importante: no se puede vender la idea de que el éxito es inmediato o fácil. El éxito implica esfuerzo, caídas, dudas y aprendizaje. Es importante contar también la parte difícil de la vida, no solo la visible o la exitosa. Eso forma parte de la verdad de cualquier historia humana.
¿Cómo ha sido el proceso de escribir esta novela?
Ha sido largo y muy exigente. He estado alrededor de dos años y medio investigando y escribiendo. Hubo momentos de bloqueo en los que incluso pensé en dejarlo o en devolver el contrato editorial, porque no encontraba suficientes fuentes o me perdía en la complejidad del material histórico. Pero también ha sido la novela más personal que he escrito. No tanto por la historia en sí, sino por la forma en la que he intentado entender emocionalmente a los personajes, especialmente a las mujeres. No quería escribir una novela que aburriera. Cuando alguien te elige en una librería, te está dando su tiempo, y eso exige responsabilidad.
Por eso intento que la entrada en la historia sea progresiva. Es una novela con muchos personajes y capas, pero creo que merece la pena darle un margen de lectura. Ahora mismo estoy agotada, sinceramente, y no sé si volveré a escribir otra novela, aunque el impulso de escribir siempre acaba volviendo.
¿Cómo vives la exposición pública y las críticas?
La exposición tiene una parte positiva y otra complicada. Es inevitable recibir críticas, algunas constructivas y otras no tanto. También hay quien cuestiona mi trayectoria por mi vida personal o por mi relación con Pedro J. Ramírez. Eso es algo con lo que aprendes a convivir. Lo más difícil es el ruido constante que generan las redes, donde cualquiera puede opinar o atacar sin filtro. Pero he aprendido a no darle espacio a eso. En general, diría que tengo más reconocimiento crítico que popular, y eso para mí es importante, porque significa que el trabajo se valora desde la escritura.