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El famoso 'truco casero' con el lavavajillas que muchos hacen para ahorrar y que solo encarece tu factura

Un gesto muy habitual puede hacer que el lavavajillas gaste más luz, más agua y deje peor resultado en cada lavado

No olvides seguir estos consejos para hacer un uso más eficiente de este electrodoméstico

No olvides seguir estos consejos para hacer un uso más eficiente de este electrodomésticoTravis+Kathryn Castor

Antonio Bret
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El lavavajillas es uno de los electrodomésticos imprescindibles en cualquier hogar, pero también uno de los que más consumen si no se utilizan de forma correcta. En la búsqueda constante por reducir el gasto a fin de mes, cada vez más personas recurren a remedios caseros como sustituir el abrillantador por vinagre o llenar las cestas al máximo sin ningún tipo de orden. Sin embargo, lo que parece una buena idea para economizar suele tener el efecto contrario: empeora el lavado, daña los acabados de la vajilla y te obliga a repetir ciclos, disparando el consumo de luz y agua sin que te des cuenta.

Uno de los hábitos más extendidos es confiar en trucos caseros que prometen solucionarlo todo. El problema es que no todos funcionan igual de bien ni están pensados para el lavavajillas. Cuando se improvisa con productos o métodos que no son los adecuados, lo más normal es que la vajilla salga peor lavada o que haya que repetir el ciclo.

Vinagre no significa abrillantador

Entre los consejos más repetidos está sustituir el abrillantador por vinagre. Es una idea muy popular porque parece práctica y barata, pero no ofrece el mismo resultado. El abrillantador está pensado para ayudar al secado y para que el agua resbale mejor sobre vasos, platos y cubiertos. El vinagre, en cambio, no actúa de la misma manera y puede dejar un acabado menos uniforme.

Por eso, aunque muchos lo usen como alternativa casera, no conviene dar por hecho que resuelve el problema igual de bien. Si el objetivo es ahorrar sin perder eficacia, lo más importante es usar cada producto para lo que realmente está diseñado. A veces, el supuesto ahorro sale caro porque empeora el lavado o obliga a repetirlo.

La carga también importa

Otro error muy común es colocar mal la vajilla dentro del aparato. Si los platos quedan demasiado juntos, si los cubiertos se apelotonan o si algún recipiente bloquea los chorros de agua, la limpieza pierde eficacia. Eso significa que los restos de comida pueden seguir ahí y que el ciclo no haya servido de mucho.

Cargar bien el lavavajillas no es llenarlo al máximo sin orden, sino distribuir las piezas para que el agua llegue a todas partes. Ese detalle, que parece menor, influye mucho en el rendimiento. Cuando el lavado no queda bien, la solución suele ser repetirlo, y ahí es donde aumentan el consumo y el gasto innecesario.

El programa más eficiente

También conviene fijarse en el programa que se elige. En muchos hogares se usa siempre el modo intensivo por costumbre, incluso cuando no hace falta. Sin embargo, el programa ECO suele ser la mejor opción para el lavado diario, porque reduce el consumo de agua y electricidad.

Es cierto que tarda más, pero compensa si la vajilla no está especialmente sucia. Reservar los ciclos más potentes para casos concretos ayuda a ahorrar sin renunciar a una buena limpieza. Elegir bien el programa es una de las formas más sencillas de bajar el gasto sin cambiar de aparato.

El secado y el prelavado

Otro punto importante está en el secado. Algunos trucos virales recomiendan meter un paño dentro del lavavajillas para absorber la humedad, pero no es una solución necesaria ni especialmente recomendable. Lo más sensato es dejar que el ciclo termine o abrir la puerta al final para que salga el vapor, si el modelo lo permite.

Tampoco hace falta enjuagar los platos a fondo antes de meterlos en la máquina. Basta con retirar los restos sólidos. Si se lava la vajilla con demasiada agua antes de usar el lavavajillas, se pierde una parte importante del ahorro que este electrodoméstico puede ofrecer.

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