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Adiós a Opium Madrid: la discoteca de los futbolistas echa el cierre este jueves tras años de declive

El histórico local de José Abascal, conocido anteriormente como Buddha, cesa su actividad después de comunicar el cierre a la plantilla. La creciente competencia y una delicada situación económica precipitan el final de uno de los grandes iconos de la noche madrileña

La discoteca Opium, en una imagen de sus mejores noches

La discoteca Opium, en una imagen de sus mejores nochesOpium Madrid

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Sandra Sánchez

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Madrid perderá este jueves uno de los nombres más emblemáticos de su ocio nocturno. Opium Madrid, la histórica discoteca de la calle José Abascal que durante años fue Buddha, cerrará definitivamente sus puertas tras comunicar la decisión a sus trabajadores. La consecuencia más inmediata es que la sesión prevista para la madrugada del viernes al sábado ya no llegará a celebrarse, por lo que la última noche de actividad será la de este jueves.

No desaparece un local cualquiera. Durante más de dos décadas, MOMA primero y Opium después fueron sinónimo de exclusividad, famosos y fútbol. Por su pista y, sobre todo, por sus reservados desfilaron jugadores del Real Madrid y del Atlético, artistas, empresarios y numerosos rostros conocidos, hasta el punto de convertirse en la discoteca de los futbolistas por excelencia en la capital.

Una deuda mastodóntica

Sin embargo, detrás de esa imagen de lujo, la realidad llevaba tiempo siendo muy distinta. Según diversas fuentes del sector del ocio nocturno consultadas por ESdiario, la sala atravesaba desde hace meses una situación económica muy comprometida. Las mismas fuentes sitúan la deuda acumulada por encima del millón de euros y apuntan a la falta de inversión de la propiedad como uno de los factores que han terminado por hacer inviable la continuidad del negocio.

A esa delicada situación se unió la transformación radical que ha vivido la noche madrileña en los últimos años. La apertura de nuevos locales y la irrupción de grupos con una fuerte capacidad de inversión, como Grupo Sounds, propietario de salas como Fitz, Vandido, Bonded, Castellana 8 o el todavía clausurado Teatro Barceló (el antiguo Pachá) cambiaron por completo el mapa del ocio premium de la ciudad. La competencia dejó de jugarse únicamente en el nombre del local y pasó a medirse en producción, programación, imagen y capacidad para atraer a un público cada vez más exigente.

Mientras tanto, la explotación de Opium seguía soportando unos costes muy elevados. Fuentes del sector estiman que Grupo Costa Este, responsable de la gestión de la sala, abonaba un alquiler cercano a 80.000 euros mensuales más IVA a Inmobiliaria Colonial, propietaria del edificio situado en el número 56 de la calle José Abascal en el que está la sala.

Los reservados que marcaron una época

Parte de la fama de la discoteca se construyó alrededor de sus espacios privados. La exclusiva Upper Room era el lugar reservado para las celebraciones más discretas. Contaba incluso con acceso independiente desde el garaje del edificio, permitiendo la entrada y salida de clientes sin exposición pública. Más visible era la Red Room, también con acceso propio desde la calle, aunque en este caso a la vista de los viandantes.

Aquellos reservados acogieron durante años algunas de las fiestas más exclusivas de Madrid y contribuyeron decisivamente a alimentar la leyenda de un local que marcó una época.

Con el cierre de Opium desaparece uno de los últimos grandes símbolos de una generación de discotecas que definió la noche madrileña de comienzos de siglo. Su historia también refleja cómo ha cambiado un sector en el que hoy ya no basta con el prestigio acumulado durante años para sobrevivir. En Madrid, la noche sigue creciendo, pero lo hace con nuevos protagonistas.

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