Con 40 grados hacemos algo que casi nadie nota hasta que se analizan millones de desplazamientos
El calor extremo modifica nuestros hábitos diarios, reduce la movilidad durante las tardes y revela quién puede quedarse en casa y quién debe continuar desplazándose
Las temperaturas próximas a los 40 ºC modifican los desplazamientos cotidianos, especialmente durante las horas centrales y las tardes más calurosas.
A simple vista, una ciudad bajo 40 grados parece funcionar con cierta normalidad. Los autobuses siguen circulando, las oficinas abren y las personas continúan entrando y saliendo de estaciones, comercios y viviendas. Sin embargo, cuando se observan millones de desplazamientos, aparece un cambio silencioso: hacemos menos viajes, renunciamos antes a los planes prescindibles y evitamos especialmente las salidas durante las horas más calurosas. El calor no solo altera cómo dormimos, comemos o trabajamos. También redibuja nuestra manera de movernos.
La dimensión del fenómeno ha quedado reflejada en una investigación publicada en abril de 2026 en la revista científica PNAS Nexus. Sus autores, Andrew Renninger, de University College London, y Carmen Cabrera, de la Universidad de Liverpool, analizaron datos agregados de telefonía móvil correspondientes a unos 13 millones de personas en España, alrededor del 27% de la población. Los registros permitieron estudiar la movilidad entre 3.599 distritos durante los meses cálidos de 2022 y 2023, sin acceder a trayectorias individuales.
En las jornadas más calurosas, la movilidad puede caer hasta un 10% en términos generales y alrededor de un 20% durante las tardes, justo cuando la temperatura alcanza sus valores máximos.
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La investigación no se limitó a comparar la temperatura que marca un termómetro. Utilizó el Índice Universal de Clima Térmico, conocido como UTCI, una medida que incorpora temperatura, humedad, viento y radiación solar para aproximarse mejor al calor que experimenta realmente una persona en la calle.
Los datos muestran que la actividad puede aumentar cuando el tiempo es agradable, pero comienza a descender al entrar en niveles de estrés térmico intenso. La reducción no se reparte de manera uniforme. Los desplazamientos ocasionales, como una compra no urgente, una visita o una actividad de ocio, caen con más fuerza que los viajes frecuentes. Los trayectos relacionados con el trabajo o los estudios se mantienen mucho más estables.
Este matiz permite entender lo que ocurre en una tarde sofocante. No dejamos de acudir automáticamente al empleo, pero sí cancelamos el paseo, retrasamos el recado o renunciamos a cruzar la ciudad para encontrarnos con alguien. La movilidad obligatoria resiste; la vida espontánea se encoge.
El momento del día es determinante. Según el estudio de PNAS Nexus, durante las tardes más calurosas los desplazamientos vinculados a actividades infrecuentes pueden reducirse hasta un 20%. Incluso las actividades habituales, aquellas que forman parte de una rutina reconocible, descienden más de un 10% en los episodios de calor extremo.
Lo más llamativo es que los investigadores no detectaron una compensación clara antes o después. Es decir, los viajes que desaparecen por la tarde no siempre se trasladan a primera hora de la mañana o al anochecer. Algunos sencillamente dejan de realizarse.
Tampoco todos los trayectos reaccionan igual. Las distancias cortas muestran una mayor sensibilidad al calor que algunos desplazamientos largos. Los autores consideran plausible que una parte de esa diferencia esté relacionada con el modo de transporte: los recorridos breves tienen más probabilidades de hacerse caminando, mientras que los largos suelen depender de vehículos o transportes climatizados. El propio trabajo advierte, no obstante, de que sus datos no permiten demostrar directamente qué medio se utilizó en cada viaje.
La edad amplía la diferencia. A medida que sube la temperatura, la movilidad se reduce más entre las personas mayores que entre los grupos jóvenes. En las condiciones térmicas más extremas analizadas, el grupo de mayor edad registró una caída aproximada del 8% en las actividades infrecuentes, del 4% en las frecuentes y cercana al 3% en los desplazamientos clasificados como trabajo o estudio.
Una investigación sobre la movilidad peatonal de las personas mayores durante la ola de calor de Madrid de julio de 2022 llegó a una conclusión compatible. Tras estudiar datos geoespaciales de teléfonos móviles, observó que sus desplazamientos a pie se redujeron un 7,3% durante las horas de mayor calor. La caída fue más acusada en distritos desfavorecidos y en zonas con menor acceso a servicios urbanos, mientras que la proximidad de refugios climáticos y centros sanitarios se relacionó con una mayor capacidad para continuar desplazándose.
Sin embargo, quedarse en casa no siempre significa estar protegido. Una investigación de la Universidad de Oxford, basada en 13 años de la Encuesta Nacional de Viajes de Inglaterra, advierte de que permanecer en la vivienda puede reducir la exposición exterior solo cuando el hogar dispone de condiciones adecuadas para mantenerse fresco. Para una persona que vive en un inmueble sobrecalentado, aislada o con problemas de movilidad, no salir también puede aumentar la vulnerabilidad.
La renta y el tipo de empleo introducen otra diferencia decisiva. El estudio realizado en España muestra que las personas con menores ingresos reducen menos sus desplazamientos laborales durante los días extremadamente calurosos. No necesariamente porque toleren mejor el calor, sino porque sus ocupaciones pueden ofrecer menos margen para quedarse en casa, modificar horarios o teletrabajar.
Los autores son prudentes: los datos de movilidad no permiten saber con certeza si una persona dejó de trabajar o trabajó desde su domicilio. Sí permiten observar que los grupos de mayores ingresos reducen más sus viajes de todas las categorías, mientras que los de menor renta mantienen los desplazamientos vinculados al trabajo o los estudios incluso con niveles muy elevados de estrés térmico.
La investigación de Oxford refuerza esa lectura. Las personas procedentes de ocupaciones manuales o rutinarias se refugiaron menos en casa durante las olas de calor extremas, en muchos casos porque desempeñaban trabajos presenciales y altamente expuestos.
No se trata únicamente de teletrabajo. Influyen la flexibilidad horaria, el acceso a un coche climatizado, la calidad del transporte público, la presencia de sombra en las calles y la posibilidad económica de renunciar a una jornada o a una actividad remunerada.