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El robot que retira el esmalte, lima y pinta las uñas ya prepara su llegada a 850 salones

10Beauty acaba de captar 23,5 millones de dólares para expandir una máquina capaz de hacer casi toda la manicura sin intervención humana

Una profesional realiza una manicura en un salón de belleza, un servicio que algunas empresas tecnológicas ya buscan automatizar mediante robots con visión artificial.

Una profesional realiza una manicura en un salón de belleza, un servicio que algunas empresas tecnológicas ya buscan automatizar mediante robots con visión artificial.Unsplash

Patricia de la Torre
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En unos meses, sentarse a hacerse la manicura podría significar meter las manos en una máquina y dejar que un robot retire el esmalte, lime las uñas, trate las cutículas, aplique el color y se encargue del secado.

La empresa estadounidense 10Beauty acaba de captar 23,5 millones de dólares para acelerar la expansión de un sistema que promete hacer casi toda la manicura de forma automática. En total, la compañía ya ha levantado más de 70 millones y tiene acuerdos que contemplan la instalación de unas 850 máquinas en salones y grandes cadenas.

Su tecnología ya funciona en algunos establecimientos de Ulta Beauty y prepara su llegada a Chicago, además de nuevos acuerdos con Nordstrom y otros negocios de belleza.

La máquina analiza cada uña mediante cámaras y visión artificial antes de comenzar el servicio. Después, una serie de brazos y herramientas de precisión se encarga de retirar el esmalte, dar forma a la uña, trabajar la zona de la cutícula, aplicar el color, colocar la capa protectora y secar el resultado.

Para cada servicio utiliza cápsulas individuales de esmalte, una solución con la que la empresa busca reducir el riesgo de contaminación entre clientas.

La propuesta apunta a uno de los servicios más habituales de los salones de belleza: la manicura sencilla, rápida y de un solo color.

La parte que el robot todavía no sabe hacer

Pintar una uña puede parecer una tarea mecánica, pero una manicura profesional exige observar mucho más que el largo o la forma.

Una cutícula inflamada, una pequeña herida, una uña debilitada o un cambio de color pueden obligar a adaptar el servicio o incluso a detenerlo. Ahí es donde aparece uno de los grandes límites de esta tecnología: saber si una cámara puede interpretar correctamente todo lo que una manicurista detecta al mirar y tocar las manos de una clienta.

También queda por resolver qué ocurre cuando la máquina se equivoca. Un corte, una reacción al producto o una lesión podrían abrir dudas sobre la responsabilidad del salón, del fabricante o del personal encargado de supervisar el equipo.

Las manicuristas podrían dejar de hacer las tareas más repetitivas

La llegada de estos robots no implica que todos los servicios de manicura puedan automatizarse.

Los diseños complejos, la reconstrucción de uñas, el nail art, los tratamientos personalizados y la atención a clientas con necesidades concretas siguen dependiendo de una profesional.

El cambio podría producirse en las tareas más repetitivas. Mientras la máquina realiza una manicura básica, las trabajadoras podrían centrarse en servicios más creativos, técnicos o personalizados.

La gran incógnita es si este modelo mejorará sus condiciones o reducirá el número de profesionales necesarios en cada salón.

La automatización podría abaratar los servicios rápidos y reducir los tiempos de espera. Sin embargo, también existe la posibilidad de que los salones presenten estas máquinas como una experiencia tecnológica y cobren más por probarlas. Todo dependerá del modelo con el que lleguen al mercado.

Lo que hasta ahora parecía un servicio difícil de separar del contacto humano empieza a convertirse en otro terreno para la robótica. Los robots ya limpian suelos, preparan pedidos y sirven comida. Ahora también quieren pintarnos las uñas.

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