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Ni has fallado ni es tarde: la razón psicológica por la que septiembre nos hace sentir un 'fraude'

La vuelta a la rutina en el mes de septiembre activa comparaciones, expectativas y una presión difícil de medir, pero sentirse así no significa haber fallado

Septiembre funciona para muchas personas como un segundo comienzo

Septiembre funciona para muchas personas como un segundo comienzoPixnio

Antonio Bret
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Septiembre puede comenzar con una sensación difícil de explicar: no ha ocurrido ninguna tragedia, pero aparecen el cansancio, la culpa o la impresión de no haber aprovechado bien los meses anteriores. La vuelta al trabajo, al colegio o a los proyectos pendientes convierte el calendario en una especie de examen personal. Sin embargo, sentirse desbordado o decepcionado no demuestra que se haya fracasado: suele reflejar la presión de una transición y la distancia entre las expectativas y la realidad cotidiana.

El calendario convierte la vida en un balance

Aunque enero se considere el inicio oficial del año, septiembre funciona para muchas personas como un segundo comienzo. Regresan los horarios laborales, la actividad escolar, las obligaciones familiares y los objetivos que quedaron aparcados durante el verano. Ese cambio de ritmo obliga a revisar mentalmente lo ocurrido desde enero y favorece una comparación entre lo que se esperaba conseguir y lo que finalmente ha sido posible.

La dificultad aparece cuando las metas se utilizan como una medida del valor personal. No haber cambiado de empleo, terminado una formación, ahorrado una cantidad concreta o iniciado un proyecto puede interpretarse como una derrota, incluso si han existido problemas económicos, responsabilidades familiares, enfermedad o simplemente prioridades diferentes. 

Además, los objetivos suelen formularse de manera demasiado amplia: “mejorar la vida” o “ser más productivo” no permite reconocer avances concretos.

Las redes sociales pueden intensificar esa percepción. En ellas predominan los viajes, los ascensos, las reformas, las relaciones y los proyectos terminados, mientras quedan fuera los retrasos, las dudas y las dificultades que forman parte de cualquier proceso. La comparación no se produce entre dos vidas completas, sino entre la realidad propia y una selección de momentos ajenos.

El regreso a la rutina también puede reducir el tiempo de descanso y aumentar la carga mental. Dormir peor, acumular tareas y perder espacios de ocio hace más difícil evaluar la situación con perspectiva. La Organización Mundial de la Salud explica que el estrés puede convertirse en un problema cuando se mantiene y empieza a afectar a la vida diaria; entre sus recomendaciones se encuentra hablar con alguien de confianza y buscar apoyo profesional cuando sea necesario.

Cuándo conviene pedir ayuda

La tristeza o el desánimo durante unos días no equivalen por sí solos a una depresión. Conviene observar, sobre todo, la duración, la intensidad y el impacto en la vida cotidiana. Entre las señales que requieren atención figuran el estado de ánimo bajo persistente, la pérdida de interés por actividades habituales, la culpa excesiva, la desesperanza, la falta de energía, las dificultades de concentración y los cambios importantes en el sueño o el apetito.

El otoño también puede coincidir con un patrón estacional de depresión. El trastorno afectivo estacional aparece de forma recurrente en una época concreta y suele relacionarse con los meses de otoño e invierno, aunque no toda sensación de tristeza en septiembre responde a este diagnóstico.

Para recuperar perspectiva, puede ser útil sustituir la pregunta “¿qué he conseguido?” por otras más concretas: qué dificultades se han superado, qué se ha mantenido y qué objetivo continúa teniendo sentido. Dividir una meta en pasos pequeños evita convertir septiembre en un examen definitivo. Mantener horarios de sueño regulares, limitar la comparación digital, reservar tiempo para actividades agradables y hablar con personas cercanas también puede ayudar.

Si el malestar persiste o interfiere con el trabajo, las relaciones o el autocuidado, conviene solicitar una valoración sanitaria. En España, la Línea 024 ofrece atención gratuita, confidencial y permanente a personas con ideación suicida, así como a familiares y allegados; ante una emergencia inmediata, debe contactarse con el 112. Septiembre puede marcar un cambio de etapa, pero no puede decidir por sí solo si un año ha sido un fracaso.

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