El cambio de hora y la conducción: por qué aumentan los riesgos en los primeros días

Esta modificación temporal impacta de lleno en la seguridad de los desplazamientos diarios, generando un desafío imprevisto para quienes se ponen al volante

Agente de la Guardia civil da alto a un conductorEuropa Press

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La modificación horaria, ya sea con la llegada del horario de verano o la vuelta al de invierno, genera una alteración repentina en los ciclos naturales de sueño y vigilia del organismo humano.: Las estadísticas de siniestralidad vial registran repuntes significativos debido a la fatiga y la alteración de los ciclos de sueño. 

Organismos oficiales e instituciones de referencia en la materia, tales como la Dirección General de Tráfico (DGT) y el Real Automóvil Club de España (RACE), recuerdan de forma periódica que esta variación artificial en el reloj descoloca los biorritmos internos, impactando de forma directa en la capacidad de concentración de los conductores.

Al adelantar o atrasar la hora oficial, el cuerpo experimenta síntomas muy parecidos a los del desajuste por jet lag, lo que se traduce en un incremento severo de la somnolencia diurna, un menor estado de alerta y un tiempo de respuesta sensiblemente más lento ante cualquier imprevisto que surja en la calzada.

Durante las primeras jornadas posteriores a la entrada en vigor del nuevo horario, las estadísticas de siniestralidad vial suelen registrar repuntes significativos, especialmente en los trayectos matutinos habituales de incorporación al trabajo y durante las horas punta de la tarde. 

La falta de adaptación y el cansancio acumulado por un descanso nocturno deficiente reducen la agudeza visual y la agilidad mental, favoreciendo la aparición de los peligrosos microsueños al volante. Estos episodios de pérdida de conciencia, aunque duren solo un par de segundos, resultan potencialmente fatales tanto en autovías como en vías urbanas densamente transitadas. 

Por este motivo, los especialistas en seguridad vial sugieren adaptar los horarios de irse a la cama de manera progresiva durante los días previos al cambio, moderar las rutinas y duplicar la cautela en cruces, incorporaciones y rotondas.

Pautas esenciales de seguridad vial para minimizar el impacto del factor horario

Para mitigar los efectos adversos que la transición horaria ejerce sobre la conducción cotidiana, resulta indispensable adoptar una serie de hábitos preventivos avalados por las autoridades de tráfico y las plataformas de automovilistas. 

En primer lugar, se recomienda de forma tajante evitar las comidas copiosas o de difícil digestión antes de ponerse al volante, ya que la pesadez estomacal unida a la fatiga del cambio de hora multiplica exponencialmente la fatiga y el riesgo de dormirse. 

Asimismo, planificar los trayectos con un margen de tiempo suficiente ayuda a reducir el estrés al volante, un condicionante psicológico que agrava de forma notable la dispersión mental provocada por el nuevo horario.

Por otra parte, la pauta de realizar paradas técnicas cada dos horas o doscientos kilómetros recorridos se transforma en una regla de obligado cumplimiento durante estas fechas críticas. Aprovechar esos intervalos para estirar las piernas, caminar brevemente y mantener una correcta hidratación permite despejar la mente y reactivar la circulación sanguínea del conductor. 

Del mismo modo, cobra un protagonismo especial la utilización de gafas de sol homologadas, sobre todo en los desplazamientos que coinciden con el amanecer o el atardecer tras el ajuste de las horas de luz, momento en el que los deslumbramientos frontales pueden cegar temporalmente a quien conduce y dificultar la visión clara de la señalización vertical y horizontal. 

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Por último, conviene reforzar la vigilancia en los entornos urbanos, zonas escolares y áreas de tránsito peatonal, donde cualquier despiste derivado del cansancio acumulado puede desencadenar consecuencias graves.