Guerra de Estados Unidos contra España; el fin de un imperio

El presidente electo de EEUU, Donald Trump
“El conflicto comenzó con la explosión del acorazado estadounidense Maine, el 15 de febrero de 1898, fondeado en el puerto de La Habana.
Fue un extraño suceso del que el aparato propagandístico norte americano culpó a España; así como de la muerte de 266 marinos; pero la verdad fue muy distinta.
Hoy se sabe que España nada tuvo que ver con ello, y que la explosión del acorazado Maine fue un accidente que Washington aprovechó, como pretexto, para declarar la guerra a España dos meses después; y acabar ocupando la Isla de Cuba tras desalojar a las tropas españolas. .
La presencia española en Cuba molestaba a los norteamericanos en su afán expansionista y de dominio del Caribe.
Nadie reivindicó la autoría de la explosión que España achacó al sobre calentamiento, por las altas temperaturas, del carbón almacenado en las bodegas del buque; teoría que consideraron absurda los americanos.
La explosión del Maine fue la excusa que EE. UU. buscaba para adueñarse de las colonias españolas.
El 25 de abril de 1898 Estados Unidos declaró la guerra a España y, en solo tres meses, su Marina, pulverizó a la vieja y obsoleta Armada española.
Cuando España pidió el alto el fuego EE. UU. ya había logrado su objetivo apoyándose en una falsedad.
El conflicto alcanzó a las últimas colonias españolas de ultramar como Puerto Rico, Filipinas y Guam, territorios que EE.UU. se anexionó posteriormente.
Muchos años después, en 1975, el Almirante estadounidense Hyman Rickover, creador de la marina de guerra nuclear, revisó los hechos junto a un grupo de técnicos llegando a la conclusión de que, “la explosión del Maine”, se produjo por el sobre calentamiento
de las carboneras, tal como dijo España 77 años antes.
El Almirante Rickover concluyó en su informe que, la explosión, se produjo como consecuencia de la negligencia de los oficiales del acorazado, que no tomaron las precauciones necesarias para combatir el clima cálido de La Habana.
Otras investigaciones de National Geographic, y del Canal Historia de tv, corroboraron la teoría del Almirante, que también fue la de España.
Lo cierto es que la ambición desmedida de EE.UU. provocó una guerra que sumió a España en el “Desastre del 98”.
España no sólo sufrió la derrota en una guerra cruel -como son todas las guerras- y decenas de miles de vidas, sino que también perdió sus últimas colonias; fue el fin del Imperio Español.
En este contexto surgió en España un movimiento de intelectuales, acuñado por Azorín como la “Generación del 98”, que reflexionaba constantemente, y criticaba al Gobierno, sobre las consecuencias del “Desastre del 98” y de la decadencia española.
Con el nuevo siglo, España, iniciaría una nueva etapa que se conocía por el Regeneracionismo, en el que, a falta de colonias, ya no habría que desarrollar políticas de Ultramar y, el Gobierno, debería centrarse más en las cuestiones internas.
Como decíamos, así fue como España perdió sus últimas posesiones y Estados Unidos consiguió su objetivo: hacerse con el dominó del Caribe.
España se estaba desmoronando a pasos agigantados desde la mitad del siglo XIX, incluso desde el inicio del mismo; sus últimas provincias de Ultramar, especialmente Puerto Rico, Cuba y Filipinas, aprovecharon la coyuntura para exigir su independencia.
España respondió con represión y Estados Unidos, que ya llevaba en sus genes el meterse donde no le llaman, aplicó la doctrina Monroe y su lema “America para los americanos” e instigó a la rebelión de aquellos territorios españoles; pese a que el Gobierno de España, presidido por Práxedes Mateo Sagasta, ya había concedido en 1897 a Cuba y Filipinas la autonomía.
Ocurrió durante la Regencia de la Reina Doña María Cristina de Habsburgo Lorena por la minoría de edad de su hijo, Alfonso XIII.
El 12 de agosto de 1898, con la rendición de España, se puso fin a la guerra.
Posteriormente, el Tratado de París del 10 de diciembre de 1898 estableció las capitulaciones; en ellas España reconocía la independencia de Cuba; además vendía a EE.UU por 20 millones de Dólares las Islas Filipinas, así como Guam y Puerto Rico.
España, también vendió a Alemania en 1899, por 25 millones de pesetas, las Islas Palaos, Las Carolinas y Las Marianas.
Estas fueron para España las tristes consecuencias de haber perdido la guerra con Estados Unidos y la aceleración de su decadencia.
No obstante, la guerra entre España y Cuba se había iniciado en 1895. Corta guerra pero de terribles consecuencias para un país que ya no era aquel poderoso Imperio.
Cuba luchó por su independencia con un ejército de 30.000 hombres pero se alió después con EE.UU que incorporó 300.000 combatientes a la contienda.
España contaba con más de 339.000 soldados desplazados; la mayoría eran quintos, gente humilde que no pudo pagar las 2.000 pesetas de la libranza.
En tan poco espacio de tiempo las pérdidas humanas fueron escalofriantes: entre 70 y 80.000 bajas.
Cuba declaró 10.665 muertos; EE.UU. 5.000 y España la friolera de 45.000 y, al parecer, casi cuarenta mil de ellos murieron como consecuencia de la fiebre amarilla u otras enfermedades. También se perdieron dos escuadras navales completas.
Así acabó la guerra y el ya maltrecho Imperio Español; muy lejos de sus siglos de gloria, que fue el más poderoso del mundo en el cual “nunca se ponía el sol”; estaba ahora en total y profunda decadencia y en franca abolición.
El imperio forjado por los Austria-Habsburgo en el XVI tocaba ahora a su fin. Duró casi 400 años; hasta el reinando de la Casa de Borbón, cuyos monarcas no supieron o no pudieron administrar la imponente herencia recibida.
Esta agonía del Imperio y el fin de los Virreinatos, que comenzó a principios del nefasto siglo XIX con la independencia de México y Perú, culminaba, a finales del mismo, con la entrega a Estados Unidos de Puerto Rico, Filipinas, Cuba y el Guam. España perdía sus últimas posesiones de Ultramar.”