Opinión
Del dolor a la alegría
Aquí no hay signos políticos, aquí hay almas. Aquí hay personas que se abrazan desde que empieza la Semana Santa y que celebran el culmen de la misma porque lo importante ya está hecho.

Varias Manolas durante la procesión de ‘La misericordia’, en el Jueves Santo de Viveiro, a 17 de abril de 2025, en Viveiro, Lugo, Galicia (España)
Feliz Semana Santa en España. Cuando el “quejío” de las calles huele a incienso y sabe a canela y azúcar, y pasea con el dolor de Nuestra Señora de las Angustias, o de la Soledad, o de cualquiera de tantas imágenes que, con el descaro cristiano de estos días, sale a la calle a decir: “Aquí seguimos con Cristo, nuestro Redentor”, cuando todo esto pasa, nos ponemos a esperar la Alegría del Domingo de Resurrección, esplendor máximo de la fiesta, que nos trae al alma la esperanza de vivir un día en la Casa de Dios, que para eso se sacrificó, se dejó clavar en la Cruz y murió.
El recogimiento se entremezcla con la celebración. La oración y la procesión conviven con la eclosión de sentimientos que inunda a los fieles, cuando el paso se recoge después de un trayecto más o menos largo, según la localidad en la que te encuentres.
Las calles se llenan de turistas curiosos al recibir algo bello que nunca habían visto ni vivido. Nos visitan personas que se emocionan tanto o más que los que aquí vivimos, porque ven más allá de los “tronos”, porque vislumbran el fervor que sienten las almas que hay en esos cuerpos, vestidos con esas “vestas”, que tanto hablan de la otra procesión, de la que va por dentro.
Durante años he “cargado” un paso, humilde en su estética, en su “vesta” y en todo lo que lo rodea. He sido de la Hermandad Penitencial del Perdón. Una sencilla tela de saco es la que cubre nuestros cuerpos, sin lujos, sin colores, con toda la sobriedad que requiere el momento que representa, la crucifixión junto a los dos ladrones.
Estar en esta Hermandad también me ha ayudado a forjar mi carácter y a “domar” mi ego. Participar en una Cofradía, desde cualquiera de sus posiciones, es una excelente experiencia que yo recomiendo a cualquiera que quiera vivir desde dentro la Semana Santa.
Y después la Alegría, después las Aleluyas al Cristo Resucitado, después la Redención en su máxima expresión. Cristo muere por nosotros y resucita para nosotros, para que lo sigamos “viviendo” en nuestro día a día.
Aquí no hay signos políticos, aquí hay almas. Aquí hay personas que se abrazan desde que empieza la Semana Santa y que celebran el culmen de la misma porque lo importante ya está hecho.
Después vienen las Ferias, los mayos frondosos, Pentecostés y El Rocío, y una “retahíla” de celebraciones que empiezan a encararnos hacia la Navidad. Así, los cristianos que participamos en estas fiestas, nos debatimos entre el Nacimiento y la Muerte de Jesús. Los hay más “capillitas” de la Semana Santa y los hay más “flamencos” de la Navidad… pero siempre en torno a la vida de Jesús.
Hay veces que parece que se pierde la religiosidad del pueblo, pero hay temporadas en las que parece que se multiplica. He vivido épocas en las que sólo participábamos los adultos, pero ahora vivo una época en la que los Colegios forman parte de todo lo que se organiza por parte de las distintas Cofradías y Hermandades, y eso me alegra.
Disfruten de la Semana Santa allá donde estén. Participen en lo que puedan. No se dejen atrás la gastronomía. Somos ricos en una variada repostería de Semana Santa, no se la pierdan.
Como siempre, servidor de ustedes…