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Miguel Polo, medio año silenciado y una escandalosa huida

La delegada del Gobierno Pilar Bernabé y el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar Miguel Polo el 15 de febrero en Alginet..

La delegada del Gobierno Pilar Bernabé y el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar Miguel Polo el 15 de febrero en Alginet..ESdiario

Sonia García
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El 29 de octubre de 2024 el cielo se abrió y sin piedad el agua cayó. Con toda la fuerza por el cauce del Poyo bajó. El sensor de Ribarroja murió y nadie avisó. Cuando debía gritar, el hombre al mando de las presas y ríos calló. Valencia se inundó y Miguel Polo se escondió. De la prensa a hurtadillas escapó. Durante medio año de silencio permaneció y ninguna pregunta resolvió. Pero allí donde no llega su voz, llegará la justicia. 

En síntesis, los seis meses de ausencia del presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) hacen demasiado ruido. Porque hay silencios que no protegen, sino que acusan. Y el de Miguel Polo no suena a prudencia, suena a miedo. En medio año no ha ofrecido ni una sola rueda de prensa ni comparecencia pública para explicar qué falló en la medición de la CHJ. 

¿Por qué su correo de 16:13 horas hablaba de un caudal asumible y el siguiente no fue hasta las 18:43 horas cuando ya recogía un volumen tres veces el Ebro? ¿Por qué pese a estar participando en la reunión del Cecopi no dio la voz de alarma de que algo iba mal en el Poyo? Tampoco lo comunicó a través del canal oficial en las redes sociales que ahora casualmente están más activas que nunca. Aunque se está diluyendo la memoria de otro punto negro, ¿por qué no transmitió la apertura de la presa que inundó el Magro a su paso por Algemesí? 

La burda e insultante excusa que ha ofrecido -no él sino una vez más la delegada del Gobierno- en una entrevista en la Cadena Ser esta semana es que no avisaron de la que se venía encima por el simple motivo de que "era imposible verbalizarlo porque Pardas nos apagó" la reunión telemática y "era imposible, no se podía dar la información" como si los teléfonos móviles no existieran.

Todos los cargos con competencias cuestionados han ofrecido sus explicaciones sobre la fatídica tarde del 29-O, menos Miguel Polo. El presidente de la CHJ se encontraba de piscolabis a las 12:00 horas en la Universidad de Valencia mientras los vecinos de Requena y Utiel morían ahogados dentro de sus propias casas. 

En su partido, el PSOE, era sabida su falta de habilidad comunicativa. Teniéndolo en cuenta, le silenciaron. El 5 de febrero salió a la calle por primera vez a visitar unas obras en Torrent junto a la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé. Su aparición fue espontánea, sin que estuviera en la agenda de los medios de comunicación, evitando un canutazo mediático. A la televisión pública valenciana le respondió Pilar Bernabé, mientras Polo permanecía callado tras ella. 

La descarada y escandalosa escena la protagonizó días después, el 15 de febrero en Alginet. Ambos iban a visitar una acequia. En esta ocasión, la expectación mediática era máxima. Bernabé tomó la palabra mientras la prensa ingenuamente esperaba entrevistarle a él después. Pero en lugar de posar junto a ella en plano, lo normal, se escapó a hurtadillas lentamente mientras ella daba la cara por él. Se escabulló de forma grotesca de las cámaras y micros, pues ni se atrevió a aparecer en la siguiente parada de su ruta por la acequia donde le esperábamos. 

Desde entonces, no se le ha vuelto a ver, permanece oculto. Probablemente sea de las pocas personas que no caiga en contradicción ante la jueza, pues nunca ha llegado a dar ni una explicación que pudiera comprometerle. Si será como testigo o imputado aún lo tendrá que definir la jueza Nuria Ruiz Tobarra, pero la verdad tendrá que encontrar su cauce. La ley le sitúa como responsable de los avisos de los caudales y todas las declaraciones le apuntan a él; la salvaguarda de su silencio ya no se sostiene. 

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