Pecar por omisión
La recuperación de la objetividad de los hechos frente a la subjetividad de sus interpretaciones, de la razón sobre las sensaciones, es el único antídoto contra el adoctrinamiento y la estulticia colectiva en la que los regímenes dictatoriales basan su estructura de poder

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general, Elisenda Alamany, durante la clausura del 30º Congreso de Esquerra Republicana.
Instalado el mundo en una laxitud social que amenaza con convertirse en apatía generalizada, no es España una excepción. Mientras se enquistan los dos grandes conflictos bélicos en Ucrania y Cisjordania y resultan casi crónicos los de Burkina Faso, Myanmar (antigua Birmania), Nigeria, Siria, Sudán y Yemen, así como la disputa territorial por Cachemir entre Pakistán y la India o por la salida al mar entre Chile y Bolivia, una nueva guerra comercial y arancelaria entre EEUU y el resto del mundo amenaza con ignotas y graves consecuencias para el bien común universal.
Sangrientas y con inhumanos episodios las primeras, tras la falsa imagen de capricho autoritario de Donald Trump, la segunda esconde complejas aspiraciones de los más poderosos en su megalomaníaca intención de controlar el orden mundial. Poderoso caballero …
El fracaso de la ingeniería social de las políticas de cancelación, los excesos derivados de los diversos movimientos woke, especialmente incisivos e invasivos en cuestiones de género (sexo) e identidad y la banalización acientífica del calentamiento global o la reducción infantilista de la Agenda 2030, están tal vez en el origen del viraje electoral de la gran potencia americana, cansada de demasiadas monsergas. Un movimiento pendular de lento período que tal vez cueste revertir ahora.
La Fundación Rockefeller, o nombres propios como el de George Soros o Elon Musk, pivotan en curiosa relación con otros -propiamente políticos- agrupados en el Grupo de Puebla con especial protagonismo de Rodríguez Zapatero y al que acaba de unirse Oriol Jonqueras (Baltasar Garzón ya lo hizo antes).
Entre tanto, las masas, la opinión pública, la ciudadanía, el pueblo, -cada término con sus propias connotaciones- se reparte entre el entusiasmo del neófito y la desidia del escéptico.
Días atrás, antes de la Semana Santa, me desconcertó esa imagen pública del Papa Francisco en camiseta y una mantita sobre las piernas, seguramente resultado de la asesoría de comunicación de la Santa Sede, en clara diferencia del boato de la popular y emblemática Guardia Suiza. Aunque no seré yo quien critique la probable voluntad de mostrar la visión más humana del Sumo Pontífice.
Se mire como se mire, no parecen ser tiempos para la épica, cuando el relato ha cobrado carta de razón incluso en el Vaticano.
Anda el ministro de Cultura -ese ministerio considerado por muchos innecesario por puramente ideológico- cancelando o suprimiendo según sus propias obsesiones y caprichos, ya en bibliotecas o museos, en espectáculos o fiestas mayores, con absoluto desprecio del criterio de los historiadores, científicos o gestores que discrepan. Recomiendo por cierto la exposición Blancos, pardos y morenos que exhibe el Museo del Ejército con un curioso busto de la Malinche, como un riguroso desmentido de la Leyenda negra sobre la colonización española de las Indias. (Y siempre me gusta recordar que el fundador de la Guardia Civil, el duque de Ahumada, era descendiente directo de Moctezuma II).
La recuperación de la objetividad de los hechos frente a la subjetividad de sus interpretaciones, de la razón sobre las sensaciones, es el único antídoto contra el adoctrinamiento y la estulticia colectiva en la que los regímenes dictatoriales basan su estructura de poder.
Dice Ruiz Quintano que Giambattista Vico ya dijo que el mundo civil comenzó con las religiones. Y que cultura viene de culto
No recuerdo si existe un penintenciario para el pecado por omisión o si, aparentemente menor, está incluso exento de pasar por confesión y, como en cualquier caso está amparado por el secreto, me temo que ni con IA se puede hacer una hipótesis fiable sobre su frecuencia. Tengo sin embargo para mí, ahora que la Semana Santa termina, que en cuanto a mantenimiento de valores y principios, cabe sea hoy el más extendido entre los españoles. Por suerte, hasta la omisión cuando se cronifica acaba cansando.