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Así es Giverny, el paraíso floral a solo una hora de París que enamoró a Monet

Situado a solo 80 kilómetros de París, Giverny es el lugar donde el pintor se retiró y conservó uno de los jardines más famosos de Francia

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Giverny es un encantador pueblo francés ubicado en Normandía, famoso por sus paisajes bucólicos y su arquitectura tradicional y, sobre todo, conocido por ser la fuente de inspiración de algunos de los cuadros más famosos de Claude Monet. Situado a solo 80 kilómetros de París, Giverny es el lugar donde Monet se retiró y conservó uno de los jardines más famosos de Francia. Gracias a la difusión de sus pinturas, que pueden verse en museos de todo el mundo, Giverny es un lugar de peregrinación para artistas, turistas y amantes de la obra del pintor francés. Así que si estás de viaje en París y te apetece hacer una excursión de un día a uno de los rincones más bellos de Francia, Giverny no te defraudará. Aquí te contamos todo lo que debes saber sobre las visitas de Giverny para que puedas disfrutar al máximo conociendo la casa y los jardines de Monet.

¿Cuándo visitar Giverny y cómo llegar?

Los Jardines de Monet están pensados para disfrutarse cuando florecen las plantas que los albergan, entre abril y octubre; y, en función de la época en que se visiten, abudará más un tipo de vegetación u otra. Por ejemplo, en abril se puede disfrutar de los cerezos en flor, los tulipanes y los narcisos, mientras que en Mayo florecen las peonías, rododendros y glicinas. Junio es conocido por las rosas y las amapolas, y julio es el comienzo de la temporada de nenúfares, que dura hasta finales de agosto.

Para llegar a Giverny, si dispones de tiempo suficiente puedes alquilar un coche para disfrutar de una ruta panorámica por carretera, ya que los paisajes de las carreteras secundarias que conducen al pueblo son casi tan bellos como el pueblo en sí. Si no puedes alquilar un coche, también puedes viajar en tren desde París: solo hay que coger el «Grand Lignes» desde la estación de Saint Lazare hasta Vernon (unos 45 minutos) y luego un autobús directo a Giverny. Otra opción más sencilla es contratar una visita guiada de un día desde París con empresas como Paris City Vision, que se encargan del transporte y de ofrecerte tu propio guía turístico o una audioguía para que no tengas que preocuparte por nada más que de disfrutar la belleza de tu alrededor.

¿Qué se puede ver y hacer en Giverny?

Giverny se recorre a pie fácilmente y es un destino ideal para quienes buscan arte, naturaleza y tranquilidad. Pasear por sus calles es como entrar en una postal, con las casas de piedra de estilo normando cubiertas de flores. Tiene lugares de interés turístico como la iglesia de Sainte-Radegonde —y su cementerio adyacente, donde está enterrado Monet—, el Museo de Mecánica Natural y el antiguo Hotel Boudy (hoy en día restaurante), donde solían alojarse los numerosos artistas que visitaban el pueblo.

Pero, sin duda, la visita imprescindible es la Casa y Jardines de Claude Monet, donde vivió y trabajó el pintor durante más de 40 años. Su jardín es un espectáculo de colores, especialmente en primavera y verano, y también destaca como punto fuerte el Museo del Impresionismo, que explora este movimiento pictórico y que cuenta también con un bello jardín.

La historia de Monet y sus jardines

Claude Monet fue el máximo exponente del movimiento impresionista y revolucionó la pintura en la década de 1870. Hijo de un tendero que no quería que fuera pintor, Monet dibujó el mundo que le rodeaba: playas, barcos y la vida de un pequeño pueblo. La pintura al aire libre era poco ortodoxa en aquella época en la que los artistas de renombren estudiaban en academias, con la iluminación perfecta y un estudio perfectamente controlado. A Monet, en cambio, le encantaba hacer excursiones al aire libre por el campo para pintar cosas cotidianas -paisajes, playas, señoras con sombrillas, picnics familiares- con colores vivos.

En 1883, Claude Monet, de mediana edad, su esposa Alice y sus ocho hijos se instalaron en una granja en Giverny, al oeste de París. Monet, que ya era un artista famoso y se sentía más feliz en su casa, pasaría 40 años aquí, hasta el momento de su muerte. Los jardines que dejó tras de sí Claude Monet en Giverny son como sus cuadros: manchas de colores brillantes, desordenadas pero equilibradas. Las flores eran sus pinceladas, un poco indómitas y descuidadas, pero parte de un diseño cuidadosamente compuesto.

Construyó una especie de jardín japonés con un estanque lleno de nenúfares inspirándose en las tranquilas escenas de los grabados japoneses que coleccionaba. Para ello, desvió un río con el objetivo de formar un estanque, lo llenó de nenúfares y colocó un puente de madera enmarcado por los sauces y bambúes que plandó en las orillas. Con el paso de los años, el puente se llenó de glicinas, y lo pintó en diferentes momentos del día y del año, explorando diferentes combinaciones de colores que dieron lugar a las numerosas obras pictóricas de gran valor que se han conservado con el paso de los siglos.

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