El último en salir que apague la luz
La falta de espacios para el debate interno y la percepción de ser una marioneta política, podrían haber contribuido a este sentimiento de aislamiento y a la posterior decisión de abandonar el partido
Magdalena Nevado, ex parlamentaria extremeña.
En 10 meses han abandonado Vox 15 altos cargos y electos del ámbito municipal y autonómico: una cadencia cercana a 1 cada 15 días. Sin contar el abandono de militantes del partido español de extrema derecha; según filtraciones, por la falta de transparencia, en el mismo periodo las bajas alcanzarían el 30% del censo. Efectivamente, el periodo comprendido entre julio de 2024 y mayo de 2025 ha sido testigo de una significativa erosión en la base de apoyo municipal, autonómica y militancia de base de Vox, manifestada en la renuncia de concejales, diputados, altos cargos y bajas.
Si bien la información pública disponible sobre las motivaciones individuales puede ser fragmentaria, un análisis de los casos conocidos a través de los medios de comunicación y redes permite identificar patrones y tendencias que arrojan luz sobre las causas subyacentes a este fenómeno. Es importante destacar que la falta de transparencia en los datos públicos del partido: censo de militantes, ingresos por cuotas, donaciones, o por ventas de merchandaising, le ha hecho recalar en el Tribunal de Cuentas.
Las razones para abandonar el partido parecen ser multifactoriales y no se reducen a una única explicación. Las notas de baja o las declaraciones públicas son conocidas y fácilmente accesibles. Se pueden identificar varios factores recurrentes; uno de ellos es la creciente discrepancia entre la línea ideológica del partido y las convicciones personales de los miembros salientes después del giro radical dado por la dirección de Vox tras las elecciones europeas de2024, al dejar el Eurogrupo “Conservadores y Reformistas” liderada por Giorgia Meloni, atlantista y europeísta, y pasar al de “Patriotas” liderado por Vicktor Orban y Marie Lepen, hoy presidido por Santiago Abascal, prorruso y antieuropeísta.
Este giro puede manifestarse en desacuerdos sobre cuestiones específicas de la agenda política, como la gestión de la inmigración, en especial los menores, las políticas económicas, o el boicot frontal a las medidas del Consejo o de la Comisión de la Unión Europea. En algunos casos, la radicalización del discurso y las recientes estrategias políticas de Vox podrían haber generado un malestar interno, llevando a más de un militante a identificarse con posturas conservadoras más moderadas.
Otro factor determinante es la percepción de falta de oportunidades políticas dentro del partido. Su asfixiante estructura jerárquica, la concentración de poder en la cúpula madrileña de Vox , o la exigencia de obediencia so pena de aislamiento, boicot o ninguneo, practicas sectarias practicadas por un “comisariado político” de pocas luces dependiente del Comité de Acción Politica (CAP) podrían haber generado frustración entre aquellos que aspiraban a un mayor protagonismo político o a una mayor influencia en la toma de decisiones. La falta de espacios para el debate interno y la percepción de ser una marioneta política, podrían haber contribuido a este sentimiento de aislamiento y a la posterior decisión de abandonar el partido. Es lo que relata Macarena Olona en sus memorias, patrón rastreable en las justificaciones de baja de estos nueve meses.
Asimismo, las acusaciones de presunta corrupción, transferencia de fondos a fundaciones periféricas del partido, o de prácticas poco éticas, aunque no siempre demostradas, pueden haber afectado la imagen y la credibilidad de Vox, generando un clima de desconfianza entre sus miembros. “Obedecer, callar y firmar”, es lo que conforma un patrón de queja de concejales que han abandonado el partido. La renuncia de algunos cargos podría interpretarse como una forma de distanciarse de posibles escándalos o de evitar ser asociados con prácticas cuestionables.
Sirva de ejemplo lo dicho para justificar su baja por Magdalena Nevado, diputada de Vox por Extremadura el pasado 8 de mayo: “Me voy de Vox por ser un club de intereses personales", y ha denunciado "sectarismo, malas formas, trato despectivo, la imposibilidad de exponer libremente un punto de vista y la negativa al disenso", entre otras razones.
Vox es un partido tóxico para la salud publica. La salida de concejales, diputados y altos cargos entre julio de 2024 y mayo de 2025 no se debe a una única causa, sino a una compleja interacción de factores ideológicos, profesionales y políticos. Un análisis exhaustivo requeriría un acceso a información más completa y detallada sobre cada caso individual, lo cual choca frontalmente con la falta de transparencia y la increíble acusación a los que se van por parte del aparato central de Vox desde su sede madrileña en la calle Bambú, de “estar afectados psíquicamente”. Solo hay que leer las memorias de Macarena Olona, o pensar que el número de afectados no es creíble daría para miles de sesiones de diván psiquiátrico. Que se sepa no se ha dado tal fenómeno en estos meses Lo dicho, que el último en “huir” que apague la luz.