Opinión
Bienvenido León XIV
El Papa es un líder mundial que puede influir en los demás, sean del credo que sean. Y este es un Papa que está por defender la justicia social, al que le preocupan el tema de la inmigración, las condiciones de los trabajadores, los más desfavorecidos y, sobre todo, la paz.

El cardenal Robert Prevost, Papa León XIV, el Papa número 267 de la historia
El fenómeno fan está llegando a todas las esferas de nuestra realidad. La última que se ha visto involucrada en ello ha sido la Iglesia Católica, especialmente a causa del fallecimiento del Papa Francisco y del posterior nombramiento del Papa León XIV como nuevo pontífice. La noticia del “Habemus Papam” ha dado la vuelta al mundo, ha ocupado la primera plana de casi todas las cabeceras nacionales e internacionales, y es motivo de conversación en todos los mentideros. Ahora todo el mundo adora al nuevo Papa, como manifestación palpable del ciclo de la vida, representado por esa frase tradicional adaptada de “El Papa ha muerto, viva el Papa”. Y todo ello con el acompañamiento que ha realizado la oportuna película Cónclave, que despertó la curiosidad en millones de personas por todo el planeta acerca de lo que se cuece dentro de los muros de la Capilla Sixtina, cuando se produce la elección de un nuevo pontífice.
Es realmente apasionante por el boato del acto, la indumentaria de los cardenales, incluido uno que iba con un manto negro en la cabeza, y las condiciones del secretismo —aunque se ve que los prelados son humanos y también, por ende, algo cotillas, pues, al parecer, el nuevo Papa estaba entre los favoritos tras las primeras votaciones—.
Robert Prevost, norteamericano de origen europeo y con raíces españolas, había sido nombrado en 2014 obispo de Chiclayo, en Perú, por el Papa Francisco, a pesar de que el nuevo Santo Padre jamás lo habría esperado, dadas las diferencias con su predecesor, según sus propias declaraciones, que están accesibles en la red. Lo que es la vida, pues acabó siendo llamado a Roma por el Papa Francisco y sucediéndolo en el papado. Sin duda, Francisco, que tenía sus partidarios y sus detractores, como todo el mundo, apreciaría esa bonhomía que trasluce el recién nombrado Papa nada más verlo, y que ha conquistado los corazones de muchos de los fieles católicos. A fin de cuentas, es un líder mundial que puede influir en los demás, sean del credo que sean. Y este es un Papa que está por defender la justicia social, al que le preocupan el tema de la inmigración, las condiciones de los trabajadores, los más desfavorecidos y, sobre todo, la paz.
En su primer discurso como Papa, en perfecto italiano —el idioma oficial—, no pudo evitar dirigir un saludo a su diócesis peruana en español, para alborozo de los presentes en la plaza y de todos los hispanohablantes. Pensé que diría unas palabras en inglés también, pero no fue así, demostrando con ello que pretende ser universal y que ha venido con humildad a traer un mensaje positivo para todo el mundo. Empezó diciendo: “Que mi saludo de paz llegue a todos vosotros” e incidió en este concepto de la necesidad de paz, que efectivamente tanta falta nos hace en este mundo caótico y lleno de conflictos armados. Recordemos que, entre otras, la guerra que existe en la misma Europa oriental entre Ucrania y Rusia dura ya más de tres años, para vergüenza de todos nosotros. De la de Israel no sé si se podría calcular el momento de inicio, pues la recuerdo como de toda la vida.
Y no son las únicas. Aunque no hablemos de ello con tanta frecuencia, en Birmania han fallecido más de 5.000 personas y en África, más de 7.000 en lo que llevamos de año a causa de la guerra.
En España, que, recordemos, es un país aconfesional —en teoría, pero en la práctica seguimos siendo católicos, le pese a quien le pese—, la primera cadena de TVE emitió en directo el acontecimiento de la primera aparición del Papa, y al día siguiente los líderes políticos se apresuraron a realizar declaraciones sobre el nombramiento. Todos estuvieron muy correctos y expresando sus mejores deseos, como no podría ser de otra manera, incluido su compatriota Donald Trump, que parece que estaba muy contento, como si fuera gracias a él.
Mucho se ha escrito en estos días del hecho de que sea un Papa norteamericano, después de uno argentino. Lo cierto es que es una persona muy preparada, un científico, teólogo y misionero vocacional. Interesante combinación. Su aparición en el balcón del Vaticano tras la fumata blanca desató la alegría de los fieles y curiosos que abarrotaban la plaza de San Pedro.
El nuevo Papa ha dejado bien claras las líneas maestras de su pontificado y dijo en su primer discurso: “El mal no prevalecerá”. Amén. Suena maravilloso y queremos creer en ello. El trabajo que tiene al frente de la Iglesia Católica es ingente, una institución que tiene pendiente renovarse en muchos aspectos, entre otros, en el papel de la mujer dentro de la institución, que considero que ha de equipararse al del hombre si quiere mantenerse a flote en un mundo cada vez más desacralizado y con menos valores. Le deseo toda la suerte del mundo y fuerza al nuevo Papa en la ingente tarea que tiene por delante.