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Raúl Hellín

Portavoz del PP de Sedaví

Cuando el decoro se convierte en abandono y la institución en espejo

Pero en Sedaví, ese principio ha sido abandonado. El señor Cabanes no gobierna: se representa a sí mismo. Confunde el Ayuntamiento con su escaparate personal, la institución con su altavoz

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El decoro, en política, no es un adorno. Es la manifestación exterior del respeto: hacia las instituciones, hacia los representantes legítimos de la ciudadanía y hacia la propia democracia. Gobernar con decoro es entender que uno está al servicio, no por encima. Que el poder se ejerce con mesura, no con prepotencia.

Pero en Sedaví, ese principio ha sido abandonado. El señor Cabanes no gobierna: se representa a sí mismo. Confunde el Ayuntamiento con su escaparate personal, la institución con su altavoz, y la alcaldía con un escenario desde el que ensayar el soliloquio del poder absoluto. Una ficción, por supuesto, porque, no lo olvidemos, gobierna en minoría, sostenido por Compromís.

Y no se trata de un caso aislado. Son ya varios los episodios recientes, visitas institucionales de alto nivel, de rango ministerial, que ha gestionado como si Sedaví fuera una finca privada, sin aviso ni al grupo popular, ni al resto de la oposición, ni, seguramente, a concejales del propio partido que le da apoyo. El desprecio por la corporación es absoluto. Y el desprecio por las formas, aún mayor.

Conviene recordar que la corporación municipal está formada por 17 concejales, de los cuales él es el presidente. Pero parece olvidarlo de forma sistemática, especialmente cuando se trata de respetar a los concejales de la oposición. Al Partido Popular lo votaron más de 2.000 vecinos en las últimas elecciones. Representamos a una parte muy significativa del municipio. Pero más allá de eso, cada concejal, del partido que sea, representa a Sedaví entero, y merece ser tratado con la dignidad institucional que exige el cargo. Ignorar a la oposición no es solo una falta de cortesía: es un desprecio al voto de miles de ciudadanos.

Más preocupante aún es su forma de reaccionar ante la crítica. Incluso las críticas políticas que ejerce este portavoz las interpreta como ataques personales. Ahí queda al descubierto hasta qué punto él se representa únicamente a sí mismo. Y hasta qué punto confunde el Ayuntamiento con su espejo particular, como si discrepar fuera insultar, como si oponerse fuera ofender.

Allá ellos, los que le sustentan en el gobierno, si están dispuestos a consentir ciertos menosprecios. Allá ellos si, por mantener un equilibrio de poder, aceptan que se les ningunee institucionalmente. Y allá ellos si no ven que, mientras sostienen al alcalde, el alcalde se los va comiendo democráticamente, uno a uno, acto tras acto, decisión tras decisión.

Sedaví no necesita un gobernante envuelto en su propio ego. Necesita un alcalde con sentido de la institución, del respeto y del límite. Porque cuando el poder pierde el decoro, y la institución se convierte en espejo, lo que queda es puro exhibicionismo político. Y eso no es gobernar: es ocupar un cargo vacío de legitimidad moral.

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