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El Pupitre de Pilu

La paradoja del verano: adolescentes hiperconectados, pero solos

Casi un 21 % de los adolescentes dice sentirse solo. Entre las chicas, esa cifra se dispara: una de cada cuatro.

Pilu Hernández

Pilu Hernández

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Llega el verano, y con él, una realidad que cada vez se hace más visible: hay adolescentes a los que les cuesta socializar, incluso con personas de su edad. Aunque viven rodeados de pantallas, seguidores y mensajes constantes, muchos se sienten solos. Sí, solos, aunque no lo parezca.

Durante el curso escolar pasan horas conectados a redes sociales, videojuegos y plataformas digitales. Pero cuando llega el tiempo libre, sin la rutina de clases ni la estructura del día a día, esa desconexión emocional se hace aún más evidente.

La habitación, el sofá, el móvil. Todo está al alcance, menos el contacto humano real.

¿Cómo se conecta alguien que siente que nadie lo entiende de verdad? ¿Cómo se comparte un verano cuando no se tiene con quién hacerlo?

Los datos lo reflejan con claridad: casi un 21 % de los adolescentes dice sentirse solo. Entre las chicas, esa cifra se dispara: una de cada cuatro. ¿Y qué pasa cuando alguien no tiene con quién quedar? ¿Con quién salir, con quién hacer planes? Incluso el verano —ese tiempo que debería ser de descanso y alegría— puede convertirse en una losa para quien no tiene red social verdadera más allá de una pantalla.

Las redes, con su espejismo de cercanía, no sustituyen al abrazo, a la mirada, a la conversación sin filtros. No es lo mismo hablar con alguien que ver su historia. No es lo mismo tener “amigos” que tener a alguien que te escuche. Y esa diferencia cada vez más adolescentes la notan en su cuerpo y en su mente: ansiedad, tristeza, aislamiento e incluso problemas físicos que derivan del abandono emocional.

Vivimos en una sociedad donde la individualidad se ha normalizado y, en muchos casos, aplaudido. Pero el ser humano necesita del otro para encontrarse a sí mismo. El verano no debería doler. No debería ser un suplicio para quien no tiene con quién compartirlo.

Y aquí, desde este Pupitre, me quiero dirigir especialmente a quienes tienen un papel clave en todo esto: madres, padres, tutores, adultos que acompañan.

Si ves que tu hijo o hija se encierra en su habitación, que evita hacer planes, que se refugia en la pantalla o responde con evasivas, no lo minimices. La soledad adolescente no siempre se nota, pero siempre se siente.

¿Qué podemos hacer desde casa?

  • Ofrecer alternativas fuera del entorno digital: deportes, talleres, campamentos, voluntariado, actividades grupales que conecten con su mundo real.
  • Proponer planes familiares sin exigencia, pero con intención: una salida corta, un paseo, una conversación sin pantallas ni prisas puede abrir una puerta.
  • Escuchar de verdad. No interrogar, no juzgar. Solo estar. A veces, saber que estamos ahí ya es suficiente.
  • Dar espacio sin soltar del todo. Acompañar no es vigilar. Es sostener sin imponer.

Porque muchas veces el primer paso para salir de esa soledad no lo pueden dar solos. Necesitan saber que hay alguien al otro lado. Alguien que los ve, los entiende y los espera sin condiciones.

Este verano puede ser distinto. Acompañémoslos a dar ese paso. Porque no están solos… si no los dejamos solos.

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