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La Fundación Bancaja cultiva lo más emergente del arte valenciano

Me permito llamar la atención sobre el extraordinario momento de la abstracción valenciana

Obra de Juan Carlos Nadal.

Obra de Juan Carlos Nadal.

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Ignorando que el artista alicantino -más escultor- Juan Carlos Nadal tiene su taller tan cerca, en Beniparrell, no quería perderme la inauguración de esta muestra que ha llamado 'Cos d’aigua', probablemente rememorando los daños que su propia obra ha sufrido como consecuencia de la Dana. En la Sala 4 de la sede que la Fundación Bancaja suele reservar para mostrar el trabajo de los más talentosos y emergentes artistas plásticos valencianos, la institución que seguirá presidiendo con acierto el arquitecto Rafael Alcón, restaurada por el propio autor, he podido volver a ver la pieza Haboob adquirida por el IVAM en tiempos de Consuelo Císcar a una galería alicantina en ARCO, y demonizada junto a obra de otros muy prestigiosos artistas (el gran Gerardo Rueda incluido) con sectarias acusaciones de exceso de valoración, hasta que años más tarde la justicia se pronunciara con contundencia a favor de las adquisiciones. Incluso celebrándolas. Por cierto, agua pasada que también debiera ser objeto de restauración del honor de los actores que manchó en su día. Estaré expectante.

Junto a ella, otras piezas más recientes -algunas producidas ex profeso para la ocasión- incorporando colores primarios al discurso del aluminio que él maneja con maestría, y algunas pinturas de vinilos y pigmentos sobre lienzo de esa geometría que resulta muy querida por la comisaria de la exposición, Felisa Martínez, componen un panorama que, pese a la tragedia que recuerda, simboliza el optimismo de una recuperación ilusionante y muy viva. Y enlaza esta exposición con otras recientes como la colectiva habida en el Consorcio de Museos, “Deconstruyendo la abstracción”, protagonizada por maestros como José María Yturralde, Aurora Valero, Uiso Alemany, Martín Noguerol y tantos otros.

No faltó María Aranguren -siempre atenta analítica- ni la razonable evocación del trabajo de Sebastián Nicolau, entre los habituales a los vernissages de Alcón en la plaza de Tetuán. Ni la directora del IVAM Blanca de la Torre, o la Directora General de Patrimonio, Marta Alonso en representación de la Conselleria de Cultura.

Poco puede añadir un simple aficionado a las voces autorizadas que se han pronunciado sobre el interés de la obra de Nadal, sobre sus mentores y referentes. Pero sí me permito llamar la atención sobre el extraordinario momento de la abstracción valenciana, con figuras de la importancia de Rebeca Plana, así como el interés que particularmente suscita la abstracción geométrica y que bien merecería sede que la acogiera de forma permanente. En el IVAM se puede visitar una muestra tan conceptual como aparentemente modesta de Valcárcel Medina.

Fue una tarde tórrida refrescada culturalmente con la inauguración en el Museo de BBAA, de la brillante (un clásico ya del Director de la casa, Pablo González Tornel) exposición de Pedro Orrente, en la que se puede contemplar un Greco, que presidió Pilar Tébar y no se perdió el Arzobispo de Valencia, Monseñor Benavent. Un nuevo éxito de asistencia y disfrute. Y con la exquisita colección de grabados de la imprenta florentina Il Bisonte, en el MUVIM, que incluye un precioso Calder y un muy característico Eduardo Arroyo.

Y llegué a tiempo para reencontrarme con muchos y comprobar que permanece mi interés por la obra de Nadal desde aquella compra de hace más de una década. Como permanece la vocación de la Fundación Bancaja de cultivar el talento creativo valenciano. De los artistas, un sector digno del apoyo institucional y merecedor de un Estatuto propio permanentemente estancado. Y de hacérnoslo conocer y disfrutar a los aficionados.

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