Raúl hellín
Sedaví no puede seguir esperando a que el suelo se hunda
¿Dónde están los compromisos con la seguridad vial? ¿Dónde los principios básicos de prevención y sentido común? En el cajón del “ya veremos”. Junto a tantas otras promesas olvidadas de un gobierno municipal más especializado en escurrir el bulto que en gobernar.

Raúl Hellín, portavoz del PP en Sedaví
Hay excusas… y luego están las Cabanesadas.
Casi nueve meses después de la DANA, en pleno siglo XXI, el alcalde de Sedaví sigue sin reponer los reductores de velocidad en varias calles clave del municipio. No por falta de dinero, ni de medios, ni de informes. No. José Cabanes no los repone porque está “esperando a ver si aparecen blandones”. Sí, han leído bien: blandones. Esas zonas del firme que, por acumulación de agua bajo la superficie, podrían ceder con el tiempo. ¿De verdad esa posibilidad justifica paralizar durante meses una actuación básica para la seguridad vial?
Primero, porque la detección técnica de blandones es perfectamente posible antes de que el firme se hunda, mediante pruebas de compactación, georradar o inspecciones visuales expertas.
Segundo, porque no toda la vía se ve afectada por igual: se puede actuar en las zonas dañadas y reponer los elementos de seguridad en el resto.
Y tercero, porque el sentido común y la responsabilidad política exigen actuar, no escudarse en la remota posibilidad de un hundimiento para no hacer absolutamente nada.
Lo advertimos en mayo. Y en abril. Y antes. Calles como Pintor Sorolla, Isaac Peral o la propia Avenida de Madrid se han convertido en pistas de velocidad urbana. Coches y motos circulan a gran velocidad. Y lo que se habría resuelto con una mínima gestión y voluntad política ha terminado , cómo no, con daños materiales en viviendas y el susto metido en el cuerpo de los vecinos.
¿Y cuál es la respuesta del alcalde? Que aún está valorando si se forman blandones. Como si el asfalto fuera un soufflé y él, un repostero indeciso.
¿Dónde están los compromisos con la seguridad vial? ¿Dónde los principios básicos de prevención y sentido común? En el cajón del “ya veremos”. Junto a tantas otras promesas olvidadas de un gobierno municipal más especializado en escurrir el bulto que en gobernar.

Calle Pintor Sorolla con falta de reductores de velocidad, bolardos y un señales de un accidente en la fachada por exceso de velocidad.
Los reductores de velocidad no son decoración urbana. Son seguridad. Igual que los bolardos en las calles de plataforma única: no están para embellecer, sino para proteger. Son elementos disuasorios que evitan invasiones de zonas peatonales y obligan a reducir la velocidad. No reponerlos no es una decisión neutral. Es dejar al vecino indefenso frente al tráfico. Es mirar hacia otro lado cuando lo que toca es actuar.
Pero este alcalde, tan aficionado a las fotos con cargo y a las excusas sin fecha, los considera innecesarios. Hasta que ocurre un accidente. Entonces, dirá que nadie lo advirtió. Mentira.
Lo advertimos. Lo denunciamos. Lo exigimos. Pero claro, no pertenecemos al club de los silencios cómodos ni al coro de palmeros del gobierno. Molestamos. Porque hacemos lo que toda oposición decente debe hacer: fiscalizar, proponer y señalar lo que está mal. Aunque al alcalde le irrite. Aunque otros prefieran callar mientras los coches vuelan por Sedaví como si fuera Montmeló.
Esta dejadez no es anecdótica. Es sintomática. Es la misma que mantiene la reconstrucción de nuestro municipio, nueve meses después de la DANA, en el vagón de cola de la comarca. Sedaví sigue entre los pueblos que menos han avanzado en la reposición de infraestructuras y equipamientos dañados, sin planificación clara, sin cronograma público y sin ejecución visible.
Es la misma que tiene las ayudas y la transparencia municipal bajo sospecha. Es la parálisis disfrazada de prudencia.
Desde el Partido Popular de Sedaví no vamos a callar porque mientras algunos esperan a que la tierra se hunda, nosotros seguimos firmes en lo esencial: defender a nuestros vecinos, denunciar la dejadez institucional y exigir que se gobierne de una vez con seriedad.
Porque si seguimos esperando a que los problemas se resuelvan solos, lo único que acabará hundido no será el suelo. Será el respeto por esta institución y la confianza de los ciudadanos.
Y en eso, lamentablemente, ya estamos a medio camino.