Opinión
Las mortales consecuencias de las altas temperaturas, también para los animales
No obstante, ayudar a los animales para que no colapsen por calor es posible. Cuida a los que dependen de ti, siguiendo las pautas recomendadas por veterinarios.

Imagen bebedero de pájaros
Las previsiones hablan de un verano que apenas acaba de empezar, pero que promete batir todos los récords en temperaturas elevadas.
Según el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (desarrollado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III), durante este pasado mes de junio, 407 personas fallecieron en nuestro país por causas atribuibles a las altas temperaturas.
Estas lamentables muertes por altas temperaturas no son las únicas. Si tratándose de personas no existe un registro concreto, sino que el número de víctimas se determina en base a cálculos estadísticos, cuando hablamos de animales no humanos, que también están expuestos a las consecuencias mortíferas de las altas temperaturas, es imposible encontrar cualquier dato relacionado.
Sin embargo, aunque no suelan aparecer en los titulares, todos los años un número indeterminado de animales —que estoy convencida multiplica por cien la cifra de humanos— muere como consecuencia de las situaciones de hacinamiento y condiciones inadecuadas de los espacios en los que son obligados a vivir, además de las duras circunstancias del entorno, que hemos transformado en un espacio hostil, especialmente para ellos.
Animales hacinados en granjas, estresados, sin apenas ventilación natural, con sistemas constructivos de baja resistencia térmica y con sistemas de ventilación forzada que, en ocasiones, fallan.
Perros encerrados en parcelas, sin sombra, con el único refugio, en ocasiones, de construcciones de chapa metálica, o hacinados en zulos, entre orina y heces, sin vigilancia para prestarles atención si tienen cualquier problema de salud y con escaso suministro de agua, que no en pocas ocasiones consumen de cacharros llenos de verdín.
Animales obligados a participar en espectáculos, forzados a soportar situaciones antinaturales para ellos y sometidos a altos niveles de estrés.
Animales utilizados como transporte, debiendo añadir a las altas temperaturas el esfuerzo de la sobrecarga. Animales urbanos que viven en pueblos y ciudades sin apenas acceso a agua, con pocos refugios de sombra donde atemperarse y pavimentos de alta absorción de calor, que se convierten en auténticas parrillas para sus patas.
A esto hay que sumar animales con los que convivimos, que no reciben la atención y cuidados necesarios (perros que sobreviven de forma continuada en terrazas, aves olvidadas en balcones, peces junto a ventanas en las que la incidencia de la luz solar es constante, roedores en jaulas ubicadas en rincones sin ventilación…). Y accidentes diversos.
No obstante, ayudar a los animales para que no colapsen por calor es posible. Cuida a los que dependen de ti, siguiendo las pautas recomendadas por veterinarios: mantén la casa ventilada, permite que permanezcan en los lugares más adecuados para su confort, proporciónales agua fresca, evita paseos en horas de mucho calor y nunca los dejes encerrados en un vehículo. Si tienes terraza o balcón, coloca a diario agua fresca en un recipiente que no sea profundo, para evitar ahogamientos, y permite que aquellos con quienes compartimos nuestro hábitat se refresquen.
Denuncia ante las autoridades situaciones en que los animales no tengan condiciones adecuadas de salubridad y no tengan acceso a agua de forma permanente.
No participes en actividades que utilicen animales. Colabora, en la medida de lo posible, con entidades de protección animal de tu zona. Aunque sea época de vacaciones, los refugios siguen estando llenos y faltan manos para atender a todos los animales. Y considera reducir el consumo de carne. La única forma de ayudar a los animales obligados a vivir en granjas es no contribuir con este cruel negocio.
Con estas sencillas acciones puedes salvar miles de vidas. Gracias por intentarlo.