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Opinión 

La herencia taurina del Botànic

Una esperpéntica barra libre al sadismo, protegida para que lo que ocurre en nuestras calles y plazas pase el filtro de la censura y sólo vean la luz perversas imágenes bucólicas que nada tienen que ver con los grotescos, crueles y violentos hechos que en realidad tienen lugar

Recinto bous al carrer Bétera

Recinto bous al carrer Bétera

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El gobierno de la Generalitat Valenciana está ultimando la aprobación de un nuevo Reglamento de “bous al carrer”.

Éste es uno de esos documentos legislativos, que ponen los pelos de punta a cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad y demuestra que nuestras administraciones están a años luz del sentir social. Una de esas leyes que ponen de manifiesto el servilismo de quienes nos gobiernan. Un decreto hecho a medida de quienes se divierten y lucran con el sufrimiento de los animales, para dar amparo legal a sus crueles ocurrencias, poner a buen recaudo sus fechorías y eximirles de responsabilidad.

Si hablamos de brutalidad, el nuevo reglamento legalizará (en la actualidad no lo son), modalidades como los encierros de embolados, exponente máximo de la violencia explícita hacia los animales en los bous al carrer. Ni siquiera muchos de los asistentes a este tipo de actos aprueban que se embole a los toros, dado el sufrimiento adicional que les supone el fuego en los cuernos, que además de producirles un pavor terrible, les provoca quemaduras y lesiones oculares.

Si a esto sumamos la tendencia de los bóvidos, como animales gregarios que son, a ir juntos, especialmente cuando se sienten vulnerables, el resultado añadido de los encierros de embolados es que se quemen entre ellos y se enganchen los artilugios de las cornamentas, que pueden ocasionar, además de las quemaduras, otras lesiones.

Si nos referimos a la exoneración de responsabilidad, actualmente los organizadores de los actos de bous al carrer son los responsables de que no participen personas que no se encuentren en condiciones físicas o psíquicas en el mal llamado “festejo”. Con el nuevo reglamento, y dadas las denuncias que se han interpuesto por falta de vigilancia, para evitar sanciones a los organizadores, en el nuevo reglamento esa responsabilidad pasa a quedar extinta y recaer en la persona participante.

Y te conviertes en participante cuando intentas acceder a tu vivienda, si tienes la mala suerte que quede secuestrada dentro del recinto.

Sin embargo, no se prohíben las bebidas alcohólicas, tan protagonistas en estos actos, ni su venta dentro de las plazas. Hay que permitir a los organizadores hacer caja y a los asistentes tener motivación adicional para asistir a estos eventos.

Respecto a proteger a los organizadores, también ante cualquier irregularidad que se produzca durante estos eventos, o hacer públicas las imágenes que muestren lo que se les hace a los animales, el reglamento prohibirá filmar o tomar imágenes dentro del recinto o recorrido, atendiendo a la seguridad. “Móviles fuera” es lo primero que se escucha cuando hay un incidente. Quienes lo hemos hecho, sabemos que documentar un acto de bous al carrer es un auténtico deporte de riesgo. Lo menos que te puede pasar es que te amenacen si detectan que estás tomando imágenes. Con el nuevo reglamento, esas amenazas se convierten en ley.

Como puede observarse, este reglamento es un auténtico traje a medida que recoge las demandas de los taurinos. Una especie de manto legal protector que legaliza aquello por lo que hasta ahora podían ser sancionados. Una esperpéntica barra libre al sadismo, protegida para que lo que ocurre en nuestras calles y plazas pase el filtro de la censura y sólo vean la luz perversas imágenes bucólicas que nada tienen que ver con los grotescos, crueles y violentos hechos que en realidad tienen lugar.

A esto hay que añadir que, lejos de armonizar con el resto de legislación vigente, el reglamento contraviene varios artículos de la Ley de Derechos y Garantías de la Infancia y la Adolescencia que prohíbe el acceso y participación de menores de edad en estos actos, vulnerando no sólo la ley, sino el interés superior de los niños y las niñas, que es mucho más grave.

Y si hablamos de menores, no podemos ignorar las escuelas taurinas. El nuevo reglamento, pretende facilitar las clases prácticas, permitiendo su realización en cualquier recinto que determinen los organizadores, aunque incumpla la propia ley de “Espectáculos taurinos”. Que regula las dimensiones de estos lugares. La triquiñuela que han utilizado para eludir la ley es dejar en el reglamento una advertencia: “f) Las clases prácticas no podrán anunciarse, en ningún caso, como espectáculos taurinos”.

En estas clases prácticas, los niños de 14 años ya podrán matar toros. Los menores de 14, sin edad mínima, “sólo” podrán exponerse ante ellos y simular que lo hacen. Todos ellos quedan así expuestos a la violencia física y psicológica de esta crueldad normalizada hacia otros seres sintientes.

Este nuevo reglamento es una repugnante demostración de connivencia, que no surge de repente. Está enquistada, gobierne quien gobierne.

El “supuestamente progresista” gobierno del Botànic, ya dejó allanado el camino con tres intentos de modificación del decreto de bous al carrer. El que lamentablemente se aprobará en breve, es un compendio que resulta de ese trabajo previo.

Como sociedad debería alarmarnos que nuestros gobernantes, sean del color que sean, sigan destinando medios y recursos a blindar y fomentar la violencia en las calles y plazas de nuestros pueblos.

Como sociedad nuestra preocupación debería aumentar sabiendo que redactan y aprueban leyes a medida de unos pocos.

Como sociedad no deberíamos permitir que esas leyes permitan, a sabiendas, que se vulneran los derechos de los niños y las niñas.

¿Sabremos algún día a cambio de qué hipotecaron nuestro futuro?

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