Territorio
No cabe más duelo ni resignación alguna. Y mucho menos la pasividad o el silencio cómplice de intelectuales interesados o directamente apesebrados. Reivindico una “generación del 25”

Vecinos de la localidad de Villarubín observan el avance del fuego, a 19 de agosto de 2025, en Villarrubín, León, Castilla y León.
En la Declaración de la presidencia del Consell Valencià de Cultura que impulsé el domingo sobre los incendios que asuelan -todavía- el occidente español y recientemente parte de la Comunitat (Artana en Castellón y Utiel en Valencia ) afirmaba que la ciencia y la cultura no descansan. Y he podido comprobarlo.
He leído en distintos medios el criterio de expertos de diferentes procedencias, perfiles y responsabilidades. El ingeniero de montes Javier Madrigal es también investigador del Instituto de Ciencias Forestales del INIA-CSIC. Francisco Castañares, hoy presidente de la Asociación Extremeña de Empresas Forestales y del Medio Ambiente, fue a lo largo de cinco años director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura. Víctor Resco es catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Climático en la Universitat de Lleida. Eduardo Rojas, profesor del departamento de Producción Vegetal de la UPV y asistente de la Dirección General de Empleo de la FAO entre 2010 y 2015, publicó en 2023 en Forests su trabajo sobre la Mejora sostenible del bosque en un contexto de abandono rural, cambio climático e incendios naturales. Todos coinciden en la importancia y necesidad de actuar en el territorio rural y recuperar una actividad productiva que amenaza con desaparecer, y lo acreditan mediante datos y conclusiones fruto de una continuada investigación.
En otro orden de cosas, la revista científica Trends in Chemistry acaba de publicar en portada el trabajo sobre “cajas o jaulas moleculares” del profesor de la UPV Vicente Martí-Centelles de aplicación en medio ambiente y biomedicina (orgullo UPV). Y la Journal of Anxiety Disorders, el estudio PsicAP-CV sobre terapia cognitivo-conductual transdiagnóstica liderado por los investigadores Roger Muñoz y Gabriel Esteller de la UV y la profesora Virtudes Pérez Jover de la UMH de Elche. Ambas noticias vienen al caso.
Mi modesta afición y dedicación por el territorio en su conjunto -y por el medio rural particularmente- han protagonizado buena parte de mi trayectoria académica y profesional. Y me he atrevido a hablar de un pacto global sobre el territorio en numerosas ocasiones. Incluso sobre un pacto de Estado sobre cada uno de los cuatro elementos tradicionales de la naturaleza: agua, aire, fuego y tierra (o cinco, si incorporamos el éter o vacío).
Eufemismo o no, el pacto de Estado anunciado el lunes por el presidente del Gobierno debiera producirse con independencia de las medidas perentorias de todo tipo a implementar de inmediato. Por mucho que desconfíe la oposición, haría mal en despreciarlo y no exigirlo más allá de su más que probable efecto propagandístico.
El territorio, hábitat y seña de identidad a la vez, ha sido históricamente gestionado con el sentido común y la ancestral sabiduría de la humanidad desde la edad de piedra hasta el ahora denominado antropoceno, con el concurso de la ciencia, la cultura y la tecnología punta de cada etapa. Podría llegar a sostenerse que los puntos de inflexión que cada hallazgo científico, descubrimiento, o nueva invención, han significado a la vez una notable mejora en su calidad medioambiental y, en consecuencia, en la calidad de vida y bienestar de la población. No es de recibo que en el momento de mayor desarrollo científico de la humanidad -inteligencia artificial incluida- el territorio presente los índices de desorden y caos que, lejos de entropía termodinámica, representan un fracaso estrepitoso de la sociedad contemporánea y de sus dirigentes.
No cabe más duelo ni resignación alguna. Y mucho menos la pasividad o el silencio cómplice de intelectuales interesados o directamente apesebrados. Reivindico una “generación del 25”. Y conozco personalmente más de una docena de nombres de toda España capaces de liderarla. No pierdo la ilusión ni la esperanza.