Un futuro incierto (II)

La cuarta potencia de la Unión Europea y la catorce mundial, con bases estratégicas norteamericanas en el flanco Sur de la Alianza Atlántica, ni fue invitado ni se le esperaba. Con Pedro Sánchez ninguneado, hemos entrado en una época incierta para los intereses de España.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a su llegada a una reunión, en el Cabildo de Lanzarote, a 18 de agosto de 2025Europa Press

Creado:

Actualizado:

En su despacho oval, Trump se reunió el pasado lunes con Zelensky para darle cuenta de su encuentro con Putin en Alaska. Acompañándolo, estaban los presidentes de Francia y de la Comisión Europea, de los gobiernos de Alemania, Italia y Polonia. Lo relevante para el ciudadano español no es de lo que hablaron, que ya es de sobras sabido, sino que el presidente de su gobierno ni estaba ni se le esperaba. La cuarta potencia de la Unión Europea y la catorce mundial, con bases estratégicas norteamericanas en el flanco Sur de la Alianza Atlántica, ni fue invitado ni se le esperaba. Con Pedro Sánchez ninguneado, hemos entrado en una época incierta para los intereses de España.

En ese contexto de desprestigio internacional, la pregunta obligada es: ¿podrá Pedro Sánchez mantenerse en el poder? Una serie de factores clave determinarán si su pretensión de agotar la legislatura hasta 2027 es posible. El lo sabe, y como respuesta intenta dar una sensación de estabilidad y continuidad. Para ello, ordenó a su gabinete adoptar un perfil más bajo durante los meses de verano, evitando decisiones que pudieran generar controversia.

Este enfoque tenía como objetivo minimizar la exposición mediática negativa y dar la impresión de un gobierno cohesionado y funcional. Pero eso se ha truncado ante la inactividad de su gobierno frente a la catástrofe de los incendios en Castilla y León, Extremadura y Galicia. Al igual que hizo con la barrancada en Valencia, echándole culpas a los presidentes autonómicos sin asumir lo que la ley le impone: declarar la Emergencia Nacional y asumir la responsabilidad de la emergencia. Y eso el ciudadano lo recuerda y no se lo perdona. Solo recordar como Diana Morant, su delegada en la Comunidad Valenciana no levanta cabeza.

Así las cosas, Pedro Sánchez se encuentra en un momento crítico en su carrera política. De entrada, su relación con la Unión Europea ha sido compleja. Si bien ha tratado de posicionarse como un líder proactivo en cuestiones como la migración y la recuperación económica, las críticas sobre la corrupción han ensombrecido su imagen. La UE ha instado a España a mejorar su gestión en este ámbito, lo que podría tener repercusiones en la percepción pública y en el apoyo financiero de Bruselas. La situación es especialmente delicada, ya que la confianza en el gobierno es fundamental para acceder a los fondos europeos destinados a la recuperación tras los efectos de la DANA y ahora de la ola de incendios.

La implicación de figuras cercanas en escándalos de corrupción como son los casos de su mujer, su hermano y sus cargos de confianza en el PSOE ha erosionado la confianza pública y ha dado argumentos a la oposición y a más de un socio de legislatura para cuestionar la legitimidad de su liderazgo. Las comparecencias en el Congreso para dar explicaciones sobre estos casos han sido vistas como una estrategia para desviar la atención, pero también han generado críticas sobre la falta de transparencia de su gobierno. La corrupción se ha convertido en un tema central que podría influir en el resultado electoral del PSOE liderado por él.

A la par ha buscado mantener relaciones privilegiadas con Cataluña y el País Vasco, lo que le ha permitido obtener apoyo crucial para su gobierno. Sin embargo, este enfoque ha suscitado críticas en otras comunidades autónomas que sienten no recibir el mismo trato tal como ha sido el aceptar la Singularidad fiscal de Cataluña. Este desequilibrio puede alimentar tensiones y descontento en regiones que exigen un trato equitativo, especialmente en Castilla-La Mancha. La dependencia de Sánchez de los partidos nacionalistas para mantener su gobierno podría complicar aún más la situación, especialmente si estos partidos deciden retirarle su apoyo.

A corto plazo, su pretensión de mantenerse en el poder es incierta. La aplicación de su Manual de Supervivencia no le salvará de una corta o larga agonía política

Su desprestigio se ha trasladado al deterioro de sus expectativas electorales. Las encuestas actuales son alarmantes para el PSOE, proyectando una posible pérdida de escaños en unas próximas elecciones. La caída en la intención de voto, que sitúa al PSOE entre 106 y 108 escaños, refleja un descontento generalizado. Este descontento puede atribuirse a varios factores, incluidos problemas económicos como el empleo precario de los jóvenes, la escasez de vivienda y el exceso de deuda pública, así como a la percepción de una gestión ineficaz ante la corrupción. La competencia del PP, que se sitúa en torno al 34,9% de intención de voto con la expectativa de superar los 150 escaños, una cifra superior en escaños a los que pudiera acumular la suma del PSOE con sus socios daría la posibilidad al PP de formar gobierno en solitario con la abstención de Vox. Ese escenario posible añade presión sobre Pedro Sánchez para revitalizar su base electoral desmovilizada antes de unas hipotéticas elecciones donde sus argumentos de julio de 2023 son increíbles.

Además, en el propio partido ha experimentado críticas internas, lo que pone en duda su liderazgo en un momento delicado. La combinación de estos factores ha hecho que muchos de sus votantes se cuestionen la capacidad de Pedro Sánchez para la satisfacción de sus expectativas vitales. A corto plazo, su pretensión de mantenerse en el poder es incierta. La aplicación de su Manual de Supervivencia no le salvará de una corta o larga agonía política. Un perjudicial contexto político para la vida cotidiana de los ciudadanos españoles.