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La historia que se repite, una y otra vez

n animal calcinado, a 20 de septiembre de 2025, en Pantón, Lugo, Galicia (España)

n animal calcinado, a 20 de septiembre de 2025, en Pantón, Lugo, Galicia (España)Carlos Castro/Europa Press

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Con la llegada de la vorágine del mes de septiembre y la sucesión de noticias que van sepultando a las anteriores, salvo para quienes se han visto directamente afectados, los incendios que han asolado casi 400.000 hectáreas en nuestro país prácticamente han quedado en lo que podríamos denominar “episodios del pasado”. Sin embargo, la muerte y la destrucción permanecen calcinadas sobre el terreno.

Además de las víctimas humanas, los daños materiales y la vegetación destruida, entre 4 y 6 millones de animales, utilizando de forma muy gruesa los modelos predictivos del catedrático de la Universidad de Sídney, Christopher Dickman, han sido víctimas mortales del fuego. Polluelos abrasados en sus nidos, zorros en sus madrigueras, culebras, lagartos y otros tantos animales que es imposible mencionarlos a todos. Por no hablar de aquellos que han ardido vivos intentando escapar de granjas, explotaciones, zulos o cotos de caza.

Los primeros se contabilizarán dentro de daños ecológicos.

Los segundos, como daños económicos.

En ninguno de los casos, como los individuos que fueron y que murieron de forma terrible, con un sufrimiento inimaginable.

Si la desidia hacia el mantenimiento de los espacios naturales es vergonzosa, el desprecio hacia los animales por parte de nuestras administraciones lo es más, y comienza en ni siquiera cuantificar a quienes han muerto. Porque lo que no se ve, no existe.

Y si no existe, no hay por qué elaborar protocolos de prevención y actuación que, al menos, minimicen su sufrimiento y sus muertes.

Una década después de las inundaciones provocadas por la crecida del Ebro en Zaragoza, que por primera vez visibilizó en los grandes medios las consecuencias de las catástrofes también para los demás animales, con más de 10.000 animales confinados en explotaciones ganaderas ahogados, seguimos como si esta realidad no existiese.

Incendios, también de edificios, DANAs… han puesto de manifiesto la cantidad de animales que sufren también las consecuencias de las catástrofes. Sin embargo, para quienes nos gobiernan, siguen siendo considerados únicamente como algo que se pierde. Sin más.

Se sigue ignorando el dolor y el sufrimiento provocado por estas horrorosas formas de morir.

Hoy, los animales supervivientes de estos terribles incendios se enfrentan a un desolador panorama, con hábitats totalmente destruidos, donde no hay agua, comida ni siquiera un lugar donde cobijarse. Con la única ayuda de las personas voluntarias que les llevan agua y comida.

Por si este desprecio a su vida no fuese suficiente, las administraciones continúan con el habitual pliegue ante los intereses de los cazadores, frente a los de la mayoría de la población, y obligan a que los pocos animales supervivientes de los incendios tengan que huir también de los tiros de los escopeteros, que no perdonan la oportunidad de disparar, ni siquiera cuando el vulnerable lo es todavía más. Toda una demostración de su ficticio compromiso con el medio ambiente con el que continuamente tratan de lavar su imagen.

Frente a la indiferencia de unos y la violencia de otros, afortunadamente, la consideración moral hacia los animales es creciente y, con más frecuencia, son protagonistas de titulares, también cuando son víctimas de las catástrofes.

Por este motivo, espero que a los demás animales se les incluya también en el famoso “Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática”, si es que algún día se materializa.

Porque sus vidas también importan.

Porque también son capaces de sentir y sufrir.

Porque cada vez somos más quienes también sufrimos con ellos.

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