Vox, Izquierda Unida y el espejo de Lukács
Ambos populismos se dan la mano, el de extrema izquierda y extrema derecha. Compiten en lo ideológico, en el ámbito de la conciencia social, perdiéndose por los cerros de Úbeda, a la hora de dar solución a los problemas vitales

xc
La emergencia electoral de recientes, aunque no por ello nuevas configuraciones políticas, obliga a revisitar los marcos teóricos para comprender su dinámica interna. Un ejemplo son las organizaciones populistas, tanto de extrema derecha como es Vox como las de extrema izquierda impulsadas por Izquierda Unida. Y ante la escasez actual de herramientas conceptuales, para un clásico de la filosofía política podría ser un ejercicio particularmente iluminador el comparar la función que György Lukács asignaba al partido revolucionario en su obra cumbre, “Historia y conciencia de clase” (1923), con la autopercepción y el rol estratégico que hoy ejercen formaciones citadas al inicio como Izquierda Unida (IU), históricamente tutelada por el Partido Comunista de España (PCE), y Vox como heredera de una tradición centralista de la identidad nacional española. Un análisis conceptual situado en lo ideológico
Lukács sostenía que el proletariado, en su día a día, solo alcanza una conciencia fragmentada y empírica de sus intereses; la verdadera conciencia de clase, aquella que revela la totalidad de la explotación capitalista, debe ser introducida y vehiculada por el Partido Comunista. Este, por tanto, no es un mero agregado de militantes, sino la instancia teórica y organizativa portadora de la “verdad objetiva” del movimiento, actuando como el condicionante esencial para la acción revolucionaria, es decir, la conciencia del proletariado antes de que este la adquiera por sí mismo.
Aplicando este prisma, el PCE, a través de IU, buscó encarnar esa conciencia objetiva de clase, promoviendo una visión de emancipación social y económica frente a las estructuras capitalistas españolas. Por otro lado, Vox se posiciona hoy como el abanderado de una conciencia opuesta, la cual, aunque no se define por su relación con los medios de producción, se erige como el depositario de una verdad cultural y nacional, centralista, que el resto del espectro de la derecha española ha diluido, según ella, al asumir el Estado de las Autonomías.
Al igual que el partido lukacsiano buscaba superar la conciencia inmediata de su base, el proletariado, y liderar la izquierda, Vox fuerza a la derecha tradicional a despertar de su presunto acomodo, obligándola a adoptar posturas firmes en temas identitarios y de soberanía nacional. En este sentido, actúa como el condicionante ideológico que le exige una adhesión a la "verdad" auténtica y no contaminada de su versión de la identidad española. Este rol se manifiesta, por ejemplo, en su posición abiertamente contraria al Título VIII de la Constitución Española; al defender un concepto unitario e indivisible de la nación española, Vox propone una reestructuración territorial incompatible con el marco constitucional vigente, siendo esta una manifestación clara de su intento por imponer su visión de la "totalidad" identitaria por encima del consenso institucional establecido.
El PCE buscaba, y sigue con ello, la liberación universal a través de la superación del sistema de clases a través de la profundización de la democracia cuyo primer paso para España es la Constitución Española. La conciencia que Vox defiende es inherentemente particularista y reaccionaria, buscando la restauración de un orden cultural, tradicional, frente a los que perciben como un avance el resultado de la Transición del franquismo a la democracia. Este paralelismo, pues, nos revela dos modelos de partido que, aunque estructuralmente similares en su función de conciencia rectificadora de sus respectivos bloques, Izquierda vs. Derecha, persiguen fines radicalmente opuestos: la revolución económica total o la reafirmación identitaria, centralista.
Ambos populismos se dan la mano, el de extrema izquierda y extrema derecha. Compiten en lo ideológico, en el ámbito de la conciencia social, perdiéndose por los cerros de Úbeda, como también diría un clásico, a la hora de dar solución a los problemas vitales e inmediatos que asfixian a la ciudadanía como son la falta de oferta de vivienda, la integración de los inmigrantes, las listas de espera sanitarias o, en general, el sostenimiento del Estado Social y Autonómico. Como también decía el clásico: “los extremos se tocan”.