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Raúl Martínez

Experto en Salud y Medio Ambiente. Biólogo

¿Es saludable la bolleria industrial?

Bizcochos, magdalenas o galletas hechas en casa con harina integral, aceite de oliva, frutas y endulzantes naturales como la miel resultan mucho más nutritivas y además de permitir controlar la cantidad de azúcar y grasa

La bollería se lleva el 4,18% del presupuesto para alimentación de los hogares españoles


07/9/2017

La bollería se lleva el 4,18% del presupuesto para alimentación de los hogares españoles 07/9/2017

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De todos los alimentos procesados, tal vez la bollería industrial sea el más popular y consumido en la actualidad. Los dulces, los panes industriales, las galletas, los pasteles y otros productos similares están ampliamente difundidos en nuestra dieta cotidiana, situándose muy por delante de alimentos verdaderamente saludables como las frutas y las verduras. Resulta difícil, por no decir imposible, encontrar a alguien que no haya probado nunca la bollería industrial o que no haya consumido este tipo de productos en alguna ocasión. 

Sin importar la edad, tanto adultos como niños la incluyen en su alimentación, aunque son especialmente los más pequeños quienes la consumen con mayor frecuencia. Para muchos, la bollería industrial se ha convertido en el sustituto habitual del tradicional bocadillo de toda la vida, aquel que solíamos llevar al colegio o tomar como merienda. Sin embargo, la diferencia es evidente: aquel bocata era, sin duda, mucho más sano y equilibrado.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando consumimos bollería industrial de forma habitual? Su composición revela altos niveles de azúcares refinados, grasas saturadas y aceites hidrogenados, además de aditivos, colorantes y conservantes con escaso valor nutricional. Todo ello indica que, más que nutrirnos, estos productos perjudican nuestra salud y contribuyen al desarrollo de enfermedades relacionadas con una mala alimentación.

Se caracteriza por ser un alimento muy calórico, atiborrado de azúcares simples y de grasas. Son productos de calorías vacías, que proporcionan mucha energía y pocos nutrientes, pues 100 gramos pueden aportar entre 400 y 600 calorías, cerca del 30 % de las necesidades diarias de una persona. Al no contener fibra, no producen sensación de saciedad, lo que favorece el consumo excesivo y el aumento de la obesidad

Las grasas utilizadas tampoco son de las más saludables. Se trata de grasas hidrogenadas o trans, aceites de palma y de coco, que se emplean en la industria por su bajo coste, junto a grasas animales como mantecas y mantequillas. Estas elevan el nivel de lipoproteínas de baja densidad (LDL), o “colesterol malo”, y los triglicéridos, factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipercolesterolemia y arteriosclerosis.

Apenas contienen minerales, siendo el sodio el único presente en cantidades elevadas, lo que aumenta el riesgo de hipertensión

Los azúcares refinados y simples, como la sacarosa, la glucosa o el azúcar invertido, producen incrementos considerables en los niveles de insulina en sangre, con el riesgo asociado de desarrollar diabetes tipo 2. Su contenido en vitaminas y antioxidantes es prácticamente nulo, lo que favorece la producción de radicales libres a nivel celular. Además, apenas contienen minerales, siendo el sodio el único presente en cantidades elevadas, lo que aumenta el riesgo de hipertensión.

Para mantener una dieta sana y equilibrada, es fundamental eliminar o reducir al mínimo el consumo de bollería industrial. Aunque resulta muy apetecible por su sabor, su textura y su comodidad, no aporta nutrientes de calidad a nuestro organismo. Al contrario, su elevado contenido en azúcares, grasas saturadas y aditivos artificiales puede alterar el equilibrio de nuestra alimentación y favorecer el sobrepeso, la obesidad, el colesterol alto y las enfermedades cardiovasculares.

Como alternativa, podemos optar por preparaciones caseras elaboradas con ingredientes naturales y equilibrados. Bizcochos, magdalenas o galletas hechas en casa con harina integral, aceite de oliva, frutas y endulzantes naturales como la miel resultan mucho más saludables y nutritivas, además de permitir controlar la cantidad de azúcar y grasa, conservando el sabor y el placer de un dulce sin perjudicar nuestra salud..

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