Diana Morant no suelta la presa
Su condición de candidata se ve mutilada por la imposibilidad de reivindicar cuestiones que resulten antipáticas a Sánchez y su mensaje carece de autenticidad. O de la valencianía que todavía une mucho más que separa a este pueblo

La ministra Diana Morant con la presidenta de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, Verònica Cantó.
Pese al runrún, las encuestas y las silenciosas discrepancias internas, la estrategia de remonte electoral del PSPV permanece estable. Y no será por falta de presencia de Diana Morant -que ha llegado a “pelarse” un Consejo de Ministros por protagonizar un acto (de protesta también) a Mazón- ni de cortés recibimiento en las instituciones. Entregado entre aquellas que le resultan más afines. Cuesta creer que pese a ello continue estancado su índice de popularidad en la Comunitat. Tal vez, y precisamente, por estar más atentos a la escenificación momentánea que al rédito de su contenido.
Pero lo cierto es que la candidata a desbancar a Mazón -o mejor, al PP- de la presidencia de la Generalitat, no suelta presa. A la manera de esos perdigueros rebeldes que se resisten a “soltar bocao” en la mano del dueño. En ocasiones, dicen los expertos, porque su instinto les hace dudar de la autenticidad de la pieza.
Comparar las manifestaciones recientes de la delegada del Gobierno y más que presumible candidata a la Alcaldía de Valencia, Pilar Bernabé con las de Morant, arroja un balance dispar. Mientras en la primera se aprecia una rebaja del tono formal sin necesidad de prescindir del fondo contundentemente opositor, ni uno ni otro se reflejan en las, muy frecuentes, de la ministra. Si bien es cierto, que tampoco ninguna de las dos parecen obtener rédito electoral de ello en las últimas demoscópicas.
En los manuales más clásicos se recomienda no abusar del desprecio ni ahondar en las debilidades del adversario más allá de lo que sitúa al actor traspasando las líneas rojas del respeto al honor ajeno y el de la dignidad propia. Tal vez los gurúes de la política actual -loca política allá donde se observe- manejan criterios más cortoplacistas y de rentabilidad inmediata. Contaminado como está todo por el vicio dinerario. O así pudiera deducirse del clima habitual, que amenaza con cronificarse.
Morant, que ha cumplido rigurosamente con su promesa de otorgar una ayuda económica para la Academia Valenciana de la Llengua, y así lo ha aprobado ya el Consejo de Ministros, asistió al acto de apertura del curso académico de la institución, y allí pudo escuchar el justo agradecimiento del ente estatutario. En su discurso de clausura no evitó las críticas al gobierno valenciano, ni extrañó por ello. Pero sí llamó la atención que por tres veces se refiriera a la Comunitat como país, tanto como que en respuesta al agradecimiento por la financiación recibida, lo calificara como “rescate”. Así lo hizo constar después el director general de Política Lingüística Ignacio González Arrue que asistió al acto.
En el contexto de visitas ministeriales, o del propio presidente del Gpbierno que, intencionadamente eluden la compañía de cargos autonómicos o incluso municipales que no sean de su cuerda, no es sorpresa la posición de Diana Morant. La diferencia sustancial es que su condición de candidata se ve mutilada por la imposibilidad de reivindicar cuestiones que resulten antipáticas a Sánchez y su mensaje carece de autenticidad. O de la valencianía que todavía une mucho más que separa a este pueblo.
Apenas a diez días del Funeral de Estado por las víctimas de la riada, es de esperar que unos y otros sean capaces de poner los medios para que el respeto que los tan tristemente recordados merecen prevalezca sobre cualquier otro asunto. Y que la figura del Rey no se vea envuelta en ningún episodio vergonzante. Cuando temblamos por la inestable tregua en Gaza, una tregua en la confrontación política no parece tan difícil. Y es lo mínimo que merece la rememoración de la tragedia.