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Pérez Llorca busca nuevo secretario general del PPCV: los 22 posibles candidatos o la 'trampa Bonig'
Tras la remodelación del Consell, el siguiente paso del presidente será atajar los cambios en la estructura interna del PP con la designación de su número dos y tendrá que decidir si dar continuidad al poder alicantino o buscar un perfil de consenso

Juanfran Pérez Llorca
Una vez completada la remodelación del gobierno valenciano con el nombramiento de los consellers y secretarios autonómicos, el siguiente paso de Juanfran Pérez Llorca será atajar los cambios en la estructura interna del partido. El presidente debe afrontar ahora la regeneración orgánica, pues la dimisión de Carlos Mazón y el consiguiente ascenso de Pérez Llorca a la presidencia del PPCV -aun debe ratificarlo la Junta del partido- ha dejado una vacante en el núcleo duro, en el puesto de secretario general que, a todas luces, se resolverá sin pasar por la celebración de un congreso -por mucho que le pese a los 'campistas'- sino con la designación directa de la Junta Directiva.
La persona sobre la que recae la Secretaría General será la columna vertebral operativa y responsable de la gestión, cohesión y organización del partido. En la regeneración entra en juego la cuota de poder, el reparto territorial y las lealtades internas que Llorca podrá dirimir de distintas formas en función de su estrategia.
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La Junta Directiva del PPCV sólo puede seleccionar a uno de los inscritos en el censo de los 22 vocales resultados del anterior congreso, según indican los estatutos. Sin embargo, hecha la ley hecha la trampa y al final de este artículo se explica cómo. La sucesión natural sería la designación de Juan Carlos Caballero, vocal y actual coordinador general del PPCV. Un movimiento con cierto riesgo que, dicho en voz baja, podría interpretarse como una inclinación marcada.
No obstante, Pérez Llorca podría dar continuidad al poder alicantino, apuntalado por la convicción de nombrar como su número dos a alguien de su máxima confianza. Supondría seguir la senda de Carlos Mazón quien, al asumir la presidencia del PPCV, le situó a él - de Finestrat- como secretario general. En la lista de los 22 vocales hay perfiles alicantinos fuertes como la diputada nacional Macarena Montesinos. También constan Juan de Dios y Eduardo Dolón.
La alternativa más razonable, acorde con la carta de presentación de Pérez Llorca -hombre de consensos- y para evitar estridencias, sería decantarse por una figura valenciana que muestre sintonía con las tres estructuras provinciales, descartando a quien pudiera suponer una fuerte alineación con solo una sensibilidad concreta.
Moviéndose en una realidad con dinámica propia, se encuentra el expresidente Francisco Camps. Lleva meses de gira, metido de lleno en su campaña, actuando como si el calendario fuera otro, corriendo la carrera hacia la meta de un congreso que no llegará. Porque el PPCV no está en disposición de desplegar la parafernalia que supone la celebración de un congreso, ni para mítines, ni fiestas, tras la tragedia de la dana y la consiguiente crisis institucional.
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El presidente tiene en su poder una maniobra orgánica diseñada por sus antecesores que le permitiría eludir la lista de los 22 vocales e introducir a alguien de su confianza, entre otros, Laura Chulià: la diputada que hasta ahora ha salido en todas las quinielas por ser su adjunta en Les Corts durante su etapa en la portavocía del grupo parlamentario, pero que finalmente ha quedado fuera del gobierno valenciano.
El atajo se basaría en el modelo Bonig, es decir, calcar la arquitectura que empleó Alberto Fabra cuando el partido se vio obligado a reemplazar a Serafín Castellano como secretario general. Se situó como coordinadora general a Isabel Bonig, quien en ese momento no figuraba en la lista de vocales, atribuyéndole las funciones de la Secretaría General quedando esta sin cubrir.