Navidad, dulce Navidad
Guste más, menos o nada, cristianos, católicos practicantes, seguidores de otras religiones y costumbres, generalmente entendemos estas fiestas adecuadas y muy oportunas para reivindicar la paz y el amor en el mundo que tanta falta nos hace.

Felicitación de Navidad
Confieso cierta pereza -cada vez más cosas la dan con la edad y estas circunstancias- pero no me resisto a hacerlo. Esta cansina insistencia en utilizar acomplejados apócopes imprecisos o disparatados eufemismos relativos a las estaciones o sus solsticios, cuando no rocambolescas argumentaciones, para evitar la palabra Navidad, mientras todo el mundo -todo- anda celebrando y felicitándose con la expresión Merry Christmas.
Es tan cierto que existen otras religiones, monoteístas o no, que cuentan con responsables y devotos seguidores. Tan real que determinadas civilizaciones conservan cuidadosamente calendarios propios tradicionales, como que la humanidad hace al menos dos mil años que se rige poniendo el origen en el nacimiento de un niño. En Belén.
Si hablamos de Europa y de América, ya sea del Sur o del Norte, no es solo el inicio con el que contamos hoy el paso del tiempo, sino también y especialmente dónde encontramos principios y costumbres que nos son propias y conducen estas fechas a sentimientos compartidos y muy deseados de paz y amor.

Felicitación en malayalam
No es de extrañar que resulten apetecidos para reunir a las familias y amistades, para desplazarse juntos a disfrutar de días libres y conocer, juntos, nuevos lugares o nuevos hábitos y costumbres. No es raro, aunque insuficiente, que se decreten o simplemente se adopten treguas temporales en conflictos personales o sociales enquistados, como una suerte de utópico deseo de convivencia universal. Y no importa dónde. Es Navidad.
Las ciudades se engalanan y programan actividades especiales para niños y adultos. Se iluminan con motivos religiosos o profanos, se exhiben belenes y nacimientos en calles, museos e iglesias, ángeles y papás Noel, trineos y ciervos, hasta reconocer -allá donde fueras- que es Navidad. Se oyen villancicos y se exhiben gorritos rojos con ponpon y multitud de pinos decorados y flores de pascua.
Medios de comunicación, empresas y comercios no son ajenos a la especificidad de esta fiestas -de Navidad- y en torno a ellas desarrollan campañas y publicidad que centran su labor y sus intereses. No les suele ir mal en términos de beneficio económico.
Así que se haga lo que se haga y se diga lo que se diga -guste o no- estamos en Navidad.
No faltan aquellos que dicen odiarla -como la Semana Santa, la Pascua o las Fallas también- para acabar quejándose íntimamente de pasarla con la tristeza de un acontecimiento vivido recientemente. O, simplemente, en soledad.
Así que, guste más, menos o nada, cristianos, católicos practicantes, seguidores de otras religiones y costumbres, generalmente entendemos estas fiestas, de Navidad, adecuadas y muy oportunas para reivindicar la paz y el amor en el mundo que tanta falta nos hace. Se cante por Hakuna -que nació en Rio de Janeiro hace una docena de años- en la Puerta del Sol, por los niños de La Iruela (Jaén) con zambomba y pandereta o, a todo volumen desde el campanario de la pequeña iglesia de la Inmaculada dela “comunidad cristiana” de Chemmanakary en Kerala.
Y es absurdo pretender ignorarlo.