CENTRE DEL CARME
Chema Madoz une música y literatura en 'Letra y compás', su nueva exposición en el Centre del Carme
La última propuesta del Premio Nacional de Fotografía en la que el artista madrileño entrelaza por primera vez en una misma muestra dos de sus grandes obsesiones creativas: la música y los libros

Nicolás Bugeda y Chema Madoz en el Centre del Carme
El Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) acoge desde la exposición ‘Chema Madoz. Letra y compás’, la última propuesta del Premio Nacional de Fotografía, en la que el artista madrileño entrelaza por primera vez en una misma muestra dos de sus grandes obsesiones creativas: la música y los libros. La exposición, compuesta por 50 fotografías, invita al visitante a sumergirse en la inconfundible poesía visual de uno de los fotógrafos españoles con mayor proyección internacional. Un universo donde lo cotidiano se transforma en metáfora y donde los objetos, sin dejar de ser reales, parecen desafiar toda lógica.
Entre las imágenes que conforman la muestra aparecen una partitura tejida en un telar, una araña tocando el piano, una rana convertida en clave de sol, flautas que mutan en arma, un violín afilado como una cuchilla, libros espejo o un libro hecho de arena, escenas que resumen a la perfección el imaginario de Madoz: surrealismo, humor sutil y una búsqueda constante de equilibrio y belleza.
Producida por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana (CMCV) y comisariada por Juan Pedro Font de Mora, la muestra podrá visitarse en el CCCC de Valencia del 6 de febrero al 18 de mayo. La presentación oficial tuvo lugar este viernes con la participación del director-gerente del CMCV, Nicolás Bugeda, y del propio comisario, quienes excusaron la ausencia del artista por motivos de salud. No obstante, anunciaron que Chema Madoz tiene previsto visitar la exposición en los próximos meses, coincidiendo con la presentación del catálogo que se está preparando.
Nicolás Bugeda subrayó que la exposición supone “una oportunidad única para acercarse a la obra de uno de los fotógrafos españoles más importantes del momento”, destacando su capacidad para conectar con públicos de todas las edades. “Trabaja con objetos reconocibles para cualquiera, pero sus imágenes admiten lecturas profundas. Nos invita a reír, a mirar la realidad desde otro ángulo y a descubrir la belleza en lo cotidiano”, señaló.
Además, el director del CMCV recordó que, junto a otras propuestas como las exposiciones ‘Circuito cerrado’, ‘El ritual del Respawn’ o las piezas de videocreación de Pepe Beas, el Centre del Carme se consolida este año —coincidiendo con el bicentenario de la fotografía— como un espacio de referencia para el estudio de la imagen, tanto fija como en movimiento. Por su parte, el comisario Juan Pedro Font de Mora definió a Madoz como “un auténtico constructor de imágenes”. “Los objetos imposibles que crea existen realmente. Hay artificio, pero no hay mentira, algo que cobra aún más valor en plena era digital”, explicó.
El proceso creativo del fotógrafo parte siempre de objetos cotidianos, muchos de ellos encontrados en mercadillos y rastros, que combina y transforma hasta dotarlos de un nuevo significado. Una obsesión creativa que conecta directamente con el surrealismo y que mantiene un interesante paralelismo con figuras como Joan Brossa, con quien Madoz compartió una profunda afinidad artística. De esa relación nació el libro ‘Fotopoemario’ (La Fábrica, 2004), que fusiona poesía y fotografía. En los últimos años, la vinculación de Madoz con el mundo del libro se ha intensificado, tanto a través de sus imágenes como de colaboraciones con escritores como Leopoldo María Panero o, de manera póstuma, Ramón Gómez de la Serna, ilustrando sus aforismos. A ello se suma la publicación de una veintena de libros fruto de su trabajo con editoriales y museos.
‘Letra y compás’ es también un homenaje explícito a la música, otra de las grandes pasiones del artista. “Madoz habría querido ser músico. Sus fotografías están llenas de musicalidad, de ritmo y equilibrio”, afirmó Font de Mora, destacando que esta es la primera vez que el autor une ambas pasiones en una misma exposición. El propio montaje refuerza esta idea: la sala se transforma en un gran pentagrama, con las fotografías dispuestas a distintas alturas como si fueran notas musicales, componiendo una sinfonía visual de carácter surrealista. Las imágenes se acompañan de frases vinculadas a la música y la literatura, firmadas por distintos pensadores.
Composiciones realizadas con alfileres, libros convertidos en escaleras, jaulas escritas, lámparas que irradian palabras, laberintos de letras o tinta transformada en noche conforman un recorrido donde, como señala el comisario, las obras se completan en la mirada del espectador. Un viaje visual que vuelve a demostrar que, en el universo de Chema Madoz, la realidad siempre puede leerse de otra manera.
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Noel Rodilla