"Puto vasco"
"Vox funciona con círculos cerrados, trufado de “asesores” que “casualmente” son familiares de cargos de los comités y existe un sistema de vigilancia interna que garantiza que nada escape al control abascaliano".

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el candidato de Vox a la presidencia de Aragón, Alejandro Nolasco.
La política española tiene sus tradiciones, y Vox, ese partido tan joven, pero tan lleno de vicios ancestrales, parece haber adoptado una muy particular: grabar reuniones internas y privadas a escondidas para hacerlas públicas cuando conviene. Seguramente esa deriva llamaría la atención de Mark Fortier, el sociólogo canadiense que teoriza sobre la reciente desafección de voto Republicano a Donald Trump: “Apoyaron a Trump para obtener seguridad, no para vivir con miedo a una fuerza policial” (Sergio C. Fanjul en El País, 7/2/2026)
Es sabido, por los cientos de publicaciones que hay al respecto, que el partido español de ultraderecha funciona con círculos cerrados, está trufado de “asesores” que “casualmente” son familiares de cargos del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de los Comités Ejecutivos Provinciales (CEPs) y de otros afines al partido, y que existe un sistema de vigilancia interna que garantiza que nada escape al control abascaliano -¿o debería decir julioarizano o kikomendezmonasteriano?-. Ahí están ejemplos como el cuñado de Gabriel Ariza -hijo de Julio Ariza, el asesor personal de Abascal-, la sobrina de Kiko Méndez Monasterio y un largo etcétera que asegura que todo queda en casa… y todo queda grabado, o cuanto menos, reportado con informes cual STASI de ir por casa.
Aún estaba intentado digerir la descafeinada carta de Javier Ortega Smith al CEN de Abascal, que, conociendo su manera de comunicar, sus palabras se asimilan a una caricia al Vox de Abascal que lo ha traicionado, humillado públicamente y despreciado hasta echarlo de la peor de las maneras. Y lo que más me sorprendió de la reacción del Vox de Abascal fue la etiqueta que le tocó a Javier Ortega: ¡la de pepero! Como comenté en otro artículo (“Abascal Vs Meloni, una comedia española”( EsDiadio-CV, 11/01/2027) en Vox clasifican a los que Abascal purga con las siguientes etiquetas: pepero, traidor, macareno- por Macarena Olona- o ateneo -por la fundación Atenea de Iván Espinosa-. Nadie esperaba que, a él, precisamente a él, le cayese la etiqueta de “pepero”. Resulta irónico, porque si alguien ha vivido siempre cobijado en el PP ha sido Abascal, desde siempre y desde muy joven.
Pero a lo que íbamos, que aún estaba yo con ese estupor, cuando se hacen públicos los audios de Nolasco – ese señor candidato de Vox en Aragón y al que nadie conocia en Aragón, hasta ahora- donde osaba criticar al amado líder Abascal. Se escucha a su jefa de prensa llamar “puto vasco” y que “Abascal no tiene ni puta idea”. Y con ellos, la sensación de déjà vu: durante los últimos años se han publicado casos similares en ayuntamientos, diputaciones, CEPs y reuniones internas de todo tipo. Zaragoza, Valencia, Sevilla, Madrid, Murcia, Málaga, Ceuta… en prácticamente cada territorio ha aparecido algún audio grabado a escondidas, siempre en el momento oportuno, siempre con un objetivo claro.
En Vox, grabar reuniones privadas parece ser su modus operandi, y nadie cree que una filtración salga sin que alguien muy arriba dé su aprobación. Y es que, de todas las grabaciones, las más acertadas son las de la señora Montserrat Lluís en el asunto con los jóvenes de Revuelta, donde afirma que Vox “es el partido de tócame roque (…) Así no podremos gobernar nunca” y las de la jefa de prensa de Nolasco: “Abascal no tiene ni puta idea”.
Abascal, sorprendentemente, ha quitado hierro a los comentarios de Nolasco y su entorno, asegurando que se ríe de esas cosas y que “se lo dicen hasta en su casa”. Una reacción llamativa si se compara con otras ocasiones en las que la crítica interna y privada ha terminado en expedientes y expulsiones fulminantes, como la de Javier Ortega Smith. Pero si algo ha demostrado Abascal es que no perdona y que castiga con dureza a quienes osan criticarle, y esto indica que, pasadas las elecciones en Aragón, habrá cambios. Alguna cabeza va a rodar, de eso pueden estar seguros.
Así que les aconsejo que sigan este sainete sin moverse de la butaca. Palomitas en mano para unos, bolsas de Conguitos para los más golosos —cacahuetes recubiertos de chocolate, para quienes necesiten aclaración—, porque la ola derechista a la española promete jornadas tan cómicas como imprevisibles. Y, pese a los despropósitos de Vox, llegará el momento de gobernar; y, como tantos antes, llegará también la decepción de quienes hoy ven en Abascal una tabla de salvación, y se instaurará la desilusión, el sentimiento de traición, la inevitable fractura y el regreso de una izquierda dura de corte sanchista.
Pero no se levanten todavía: esto acaba de empezar. Lo verdaderamente jugoso —lo que quizá requiera varias bolsas de Conguitos— está por venir. Y quién sabe… quizá un día no muy lejano nos despertemos con una Nueva Derecha española intentando emular al general y eurodiputado italiano Vannacci…un campo abonado para una nueva investigación de Mark Fortier, el sociólogo canadiense…