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Miguel Polo gastó más de 600.000 euros en ecologistas en lugar de en los sensores del barranco del Poyo

La Confederación Hidrográfica del Júcar suscribió un convenio con Acció Ecologista Agró -cercana a Compromís- y SEO Birdlife un año antes de la dana mientras no tenía sensores para medir el caudal en toda la cuenca del Poyo o no funcionó el de Massanassa

El presidente de la Conferencia Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo, en el Senado

El presidente de la Conferencia Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo, en el SenadoAlejandro Martinez Velez

Enrique Martínez Olmos

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La tragedia de la dana no sólo arrasó calles, viviendas y negocios, también deja al descubierto una jerarquía de prioridades difícil de explicar en la CHJ. Un año antes de que el agua se desbordara con furia, la Confederación Hidrográfica del Júcar, bajo la presidencia de Miguel Polo, firmó un convenio de 606.000 euros con Acció Ecologista Agró -entidad cercana a Compromís- y SEO BirdLife para vigilar la biodiversidad del barranco del Poyo mediante indicadores ambientales. Sí, han leído bien: más de seiscientos mil euros para estudiar pájaros, flora y calidad del agua en el mismo cauce que, meses después, se convertiría en una riada devastadora.

El convenio de la CHJ, ratificado por el Ministerio para la Transición Ecológica de Teresa Ribera, establece repartir más de 600.000 euros entre las dos asociaciones en distintas anualidades hasta 2027. Mientras tanto, los sensores que debían medir el caudal en los barrancos que desembocan en el barranco del Poyo brillaban por su ausencia o, directamente, no funcionaban. La propia Confederación Hidrográfica del Júcar reconoce que en el barranco de la Horteta “no existe ningún sensor”. Y aun así calcula que el caudal total en la confluencia con el Poyo, en Torrent, “pudo ser de unos 3.500 m³/s”. Es decir: se estima a posteriori lo que no se midió en tiempo real. Pero Miguel Polo prefería invertir en ecologistas.

En paralelo, el famoso sensor de Massanassa dentro del barranco del Poyo no funcionó cuando más falta hacía el fatídico día de la  dana. El del Poyo en Ribarroja, además, no era precisamente de los más modernos de la CHJ. Y en toda la cuenca había un solo medidor de cauce que terminó reventado por la propia dana. Cuatro kilómetros de cauce, entre Chiva y Cheste, ni siquiera estaban identificados como inundables por la Confederación Hidrográfica del Júcar. Pero eso sí: para Miguel Polo había dinero para indicadores ambientales y seguimiento de aves.

La pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿cuál era la prioridad de la CHJ? ¿Prevenir avenidas o estudiar los pájaros? La inversión en conservación ambiental es necesaria, pero cuando un sistema de alerta depende de sensores que no existen o que no funcionan como los del barranco del Poyo, la jerarquía presupuestaria de la Confederación Hidrográfica del Júcar deja de ser una cuestión técnica y pasa a ser política. Porque mientras el convenio con Acció Ecologista Agró y SEO BirdLife avanzaba con respaldo ministerial, la infraestructura básica de medición de caudales seguía siendo precaria. Miguel Polo apostó por reforzar el control de la calidad del agua, la flora y la fauna del barranco del Poyo. Un enfoque alineado con la agenda ambiental del Ministerio de Transición Ecológica de Teresa Ribera, pero que dejó descuidado la protección que el día de la dana era tan necesaria, y que sigue siéndolo para el futuro.

Convenio de la CHJ de Miguel Polo para dar 606.000 euros a ecologistas

Convenio de la CHJ de Miguel Polo para dar 606.000 euros a ecologistas

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