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La 'vía Pérez Llorca' gana enteros en Génova como modelo para pactar con Vox frente al ruido de Extremadura

El presidente de las Generalitat Valenciana logró el sí de Vox con una negociación discreta, sin foto del acuerdo y sin que los de Abascal entren en el Gobierno frente a la estrategia de confrontación de Guardiola o de otros territorios

El presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo

El presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y el presidente del PP, Alberto Núñez FeijóoRober Solsona / Europa Press

Enrique Martínez Olmos

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¿Cuál es la forma en la que el que debe relacionarse con PP y Vox? Es la pregunta que más corre en la sede de Génova tras los resultados en Extremadura y Aragón que han dejado clara una tendencia: la derecha arrasa superando umbrales del 50% del voto pero con las mayorías absolutas del PP muy difíciles, y por tanto con la obligación de pactar con los de Santiago Abascal. En ese tablero, mientras en algunos territorios vuelan reproches y vetos cruzados con Vox, muchos en el PP empiezan a apuntar a la 'vía Pérez Llorca' para entenderse con el partido a su derecha.

En las últimas semanas se está viendo además las dificultades de algunos dirigentes populares como María Guardiola en Extremadura de llegar a un acuerdo con Vox, con reproches en redes sociales y ataques directos entre ella y los de Abascal. El escenario amenaza con repetirse en Aragón y previsiblemente en otros territorios donde el PP puede necesitar a Vox para gobernar como Castilla y León si se cumplen las encuestas.

Frente a este modelo confrontación, muchos en el PP apuntan a la vía de Juanfran Pérez Llorca como modelo de relación con Vox. El actual presidente de la Generalitat Valenciana logró el sí de Vox a su investidura tras unas negociaciones discretas, sin que nadie de un lado u otro saliera a decir nada ni reprochar, y además sin que entraran en su gobierno, algo que sí exigen ahora en Extremadura y Aragón. Pérez Llorca sí cedió ante Vox en mostrar discurso más duro contra la inmigración ilegal o el rechazo al pacto verde europeo y las políticas de Bruselas que afectan a la agricultora, terreno ideológico donde el PP puede ceder su discurso sin alterar su estructura de valores.

Esta buena negociación de Pérez Llorca con Vox viene precedida de unas buenas relaciones en la etapa de Carlos Mazón, donde Vox apoyó los presupuestos de la Generalitat Valenciana tras su salida del gobierno y donde populares y Vox han ido de la mano en buena parte de las iniciativas legislativas del Consell y leyes aprobadas en las Cortes Valencianas. La 'vía Pérez Llorca' también se sustenta en una buena relación personal con los de Abascal, algo que en la Comunitat Valenciana han cultivado, frente a otros territorios donde la relación es más tensa o incluso hay reproches personales. Lo contrario de lo ocurrido en Extremadura, donde los dardos entre María Guardiola y Santiago Abascal han elevado el coste del acuerdo incluso antes de las lecciones.

En definitiva, en la sede nacional del PP observan el mapa autonómico con una conclusión pragmática: la aritmética manda. Y cuando la suma depende de Vox, el cómo negociar importa tanto como el qué. La 'vía Pérez Llorca' ofrece una fórmula que algunos en el partido consideran exportable y sobre todo, garantía de buen acuerdo: negociación sin focos, cesiones programáticas en asuntos como inmigración -donde las comunidades además no tienen competencias- o pacto verde, y relación personal cuidada para evitar el choque público. En un ciclo político donde las mayorías absolutas parecen excepción -veremos si Andalucía confirma que es esa excepción- y no regla, el PP necesita método. Y mientras el ruido de Extremadura resuena, la discreción valenciana gana enteros en Génova como posible manual de instrucciones para el futuro inmediato.

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