Veinte segundos que deja al Valencia sin final. El Madrid finalista (106-108)

Durante 39 minutos el sueño taroja estaba vivo pero la experiencia del Madrid junto con el desacierto de las últimas dos jugadas hace que este año no se pueda romper la maldición del anfitrión de la copa

CEMILIO COBOS

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Javier de Ramón

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El Valencia tuvo en su mano la clasificación, pero un final cruel lo dejó sin el premio.

El Valencia Basket perdió una semifinal que tuvo ganada durante más de treinta y nueve minutos, una de esas derrotas que duelen porque llegan cuando el equipo lo había hecho todo para estar en la final. El Madrid será el finalista tras imponerse 106-108, en un partido que se decidió en los últimos veinte segundos que borraron un encuentro brillante de los taronja.

El partido empezó con una ejecución perfecta del plan concebido por el Valencia. Desde la primera acción se vio a un Valencia con actitud ofensiva, con confianza, con piernas frescas y un acierto que hizo soñar a los casi veinte mil aficionados. Dos triples nada más empezar fueron la carta de presentación: aquí estamos, aquí jugamos y aquí mandamos. El Madrid lo notó pronto. En cinco minutos, el Valencia firmaba un 4/8 en triples y un 2/3 en tiros de dos, con defensa agresiva, ritmo alto y una concentración coral. Cada ataque era una declaración de intenciones, cada defensa una declaración de intenciones. A falta de un minuto para el final del primer cuarto, el Valencia casi doblaba al Madrid: 31-16. Un dato que las estadísticas oficiales recogían con claridad: dominio ofensivo y 43 de valoración en apenas diez minutos. El cuarto terminó 34-16, convirtiéndose en el periodo más anotador del Valencia en la historia de la Copa del Rey, superando el registro de 32 puntos de 2001 y dejando atrás incluso los 33 del Barça en 2025. Fue un cuarto espectacular, de los que se recuerdan muchos años.

Pero el segundo cuarto trajo un cambio de guion. El Madrid aumentó la intensidad defensiva y encadenó tres triples consecutivos —dos de Campazzo y uno de Hezonja— para un parcial de 0-9 que obligó a parar el partido. El parcial llegó a ser 2-11 tras una canasta de Puerto, pero lo importante era el cambio de sensaciones. El Madrid tenía ahora el acierto y el ritmo, mientras el Valencia había perdido la chispa, la velocidad y la claridad que había mostrado antes. En cinco minutos, los blancos ya estaban a solo cuatro puntos: 36-32. El Valencia reaccionó ajustando la defensa y encontrando de nuevo caminos hacia el aro, pero el intercambio de golpes mantuvo el marcador apretado hasta el descanso: 54-50. La primera parte se iba con la sensación de que el Valencia había perdido el protagonismo, aunque seguía mandando.

El tercer cuarto no tardó ni diez segundos en ponerse tenso. Llull anotó un triple para dejar el partido en un punto. El Madrid llevaba más de veinte minutos sin ponerse por delante desde el 3-5 inicial, pero la sensación era que ya habían aterrizado del todo en la semifinal. El Valencia, por su parte, comenzaba a sufrir con Tavares, cuya presencia condicionaba cada ataque, y buscó soluciones con la entrada de Badio y De Larrea para ganar movilidad y evitar choques directos en la pintura. Costello cerró el cuarto justo como quería el Valencia: con un triple que devolvía la identidad y orgullo. El partido quedaba completamente abierto para el último acto.

El último cuarto empezó con el Valencia queriendo correr, queriendo marcar el ritmo que más daño hace al Madrid. Taylor abrió el periodo con un 2+1, Feliz respondió con un triple, y el partido entró en una montaña rusa de pequeñas ventajas de cinco puntos para los taronja. Pero entonces apareció la magia: Montero, con un triplazo descomunal, puso al Valencia ocho arriba con siete minutos por jugar. El Roig Arena estalló. A falta de cinco minutos y medio, la ventaja llegó a once puntos. El Valencia controlaba el ritmo, la defensa, los nervios. Estaba haciendo todo lo necesario para ser finalista.

Hubo una jugada clave: una falta sobre De Larrea que inicialmente pareció intencionada, pero que tras revisión quedó en falta normal. Detalle pequeño, impacto grande. El Madrid, lejos de rendirse, encadenó un triple de Hezonja y una canasta de Tavares para bajar la diferencia a cinco puntos. El partido entró entonces en un territorio donde cada posesión valía oro.

Y llegaron los veinte segundos malditos. El Madrid jugó con precisión y haciendo valer su experiencia. Hezonja clavó un triple que dejo al aficionado taronja sin aliento. El Valencia, con dos ataques para sentenciar, tomó malas decisiones, precipitaciones impropias del partido que habían hecho. No supo encontrar la mejor opción, no supo frenar la ansiedad. El Madrid aprovechó el regalo. El final fue cruel: dos oportunidades perdidas, un rebote que se escapa y la semifinal que se marcha. El marcador final, 106-108, certificó al Madrid como merecido finalista y dejó al Valencia con una sueño roto, porque pocas veces se juega tan bien durante tanto tiempo para perder en tan poco.

Aun así, el Valencia dejó claro que su identidad está viva. Que puede competir con cualquiera. Que puede enamorar durante 39 minutos y 40 segundos. Y que volverá. Porque un equipo que juega como jugó hoy, aunque pierda, siempre vuelve.

Declaraciones

Pedro Martínez: ”Nos ha salido cruz. Momento duro”, empezó, sin rodeos, pero inmediatamente levantó la cabeza para reivindicar a los suyos: “Muy orgulloso del esfuerzo de los jugadores. Y mis ayudantes… impresionantes. Me sabe mal por ellos.”

Fue honesto: “La forma de perder hoy es bastante cruel, pero es deporte. Hay que recuperarse, ver cómo respondemos al disgusto.”

Y nada de excusas: “En un partido tan igualado no hay nada que decir del arbitraje. Ellos han sido mejores en los últimos dos minutos; el resto, hemos sido mejores nosotros.”

Aun así, dejó claro que este duelo no se olvidará:

“Este es el partido que, pasen los años que pasen, recuerdas. Hoy toca la otra cara de la moneda. Sin lamentaciones. Esto es deporte: a veces ganas partidos increíbles y a veces los pierdes.”

Sergio Scariolo, técnico del Madrid: la calma que explica lo inexplicable. “Ha sido un partido para la memoria histórica de la Copa del Rey”, Reconoció que al Madrid le costó entrar en el ritmo impuesto por el Valencia, pero que poco a poco fueron ajustando: “Hemos sido capaces de correr sin permitir que ellos lo hicieran. Y al final… fe. Mucha fe, buena defensa y buenas decisiones en ataque.”

Del final del partido ha comentado que fue “una secuencia lógica con un poco de suerte”. Y, con referencia a Hezonja: “Al final hay que acertar los tiros, y hoy Mario lo ha tenido. Ganar a un equipo tan bueno hoy tiene doble mérito. El trabajo ha sido bueno, pero ahora toca preparar el partido de la final. Cuando tienes jugadores acostumbrados a partidos decisivos, todo es un poco más fácil.”

Mario Hezonja: “Felicidad es igual a ganar, no a meter el último tiro”El héroe del partido entró con sonrisa, y lo primero que ha dicho es “Quiero destacar lo que me enseña Sergio Llull: hasta el último segundo no termina el partido.”Explicó el robo final casi como un ejercicio de entrenamiento: “El coach nos puso en una defensa que practicamos mucho. Y Luis me cambió en el último segundo: pude robar el balón y luego metimos el triple.” Y, como siempre, agradeció a la afición: “Gracias por estar, sobre todo cuando perdemos. No tengo que meter la última canasta para ser feliz. Soy feliz cuando gana el equipo.”

Estadísticas

VALENCIA BASKET (106): Badio (10), Taylor (20), Reuvers (13), Pradilla (3) y Thompson (2) -quinteto inicial- Puerto (7), S. de Larrea (10), López-Arostegui (--), Key (8), Montero (26), Sako (2) y Costello (5).

REAL MADRID (108): Campazzo (17), Hezonja (25), Deck (13), Tavares (13) y Llull (5) -quinteto inicial- Lyles (4), Kramer (--), Abalde (0), Maledon (12), Garuba (8), Feliz (11) y Len (---).

Parciales: (34-16 / 20-34 / 25-27 / 27-31)

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Máximo anotador del partido: J. Montero (26)