opinión
Huir de la guerra para tener que volver a ella

Imagen de Hinata
Estos días todos los medios hablan de guerra.
Y no es para menos.
A lo largo del planeta hay decenas de conflictos armados activos, aunque sólo se pone el foco en algunos, los que nos afectan más directamente.
Las invasiones y las guerras son causantes de terribles daños. Enormes daños materiales e incontables vidas segadas.
Algunas de estas vidas tampoco suelen aparecer en los medios. Las de los animales que mueren como consecuencia de las bombas, derrumbes, inanición o enfermedad.
Algunos de ellos son animales que nunca fueron respetados, como los considerados de granja y aquellos que son explotados de tantas otras formas.
Otros, en cambio, han tenido familia. Una familia que en ocasiones ha muerto o ha tenido que huir, quedando solos y desamparados. A veces, a la intemperie. Otras, encerrados en viviendas.
Las guerras nos muestran la peor cara del ser humano.
El odio y la prepotencia de quienes las inician y la maldad y el sadismo de muchos de quienes participan en ellas.
Sin embargo, las guerras también nos enseñan que, pese al sufrimiento, el miedo y el riesgo, hay personas con corazones inmensos que sólo piensan en ayudar a quienes son todavía más vulnerables.
Y algunos de estos héroes sin capa no se olvidan de los animales.
Están quienes rescatan a los que se han quedado solos y están quienes no les abandonan, pase lo que pase.
Este es el caso de una mujer ucraniana, que llegó hasta Barcelona tras una muy complicada travesía, huyendo de la guerra junto a su perra, Hinata.
Estuvo meses malviviendo en la calle, porque los recursos oficiales de acogida para personas refugiadas procedentes de Ucrania, y que dependen del Ministerio de Inclusión, no consideran a los animales. Finalmente, tras intentarlo todo para poder iniciar una nueva vida, lejos del conflicto, se vio obligada a regresar a su país. Porque Hinata es parte de su familia y abandonarla nunca fue una opción.
Resulta anacrónico y terriblemente cruel que una administración haga a una persona, que debe superar infinitos obstáculos para huir de un país en guerra, elegir entre su futuro y un miembro de su familia.
Porque ignorar que una gran parte de la población no abandona a sus animales, es ignorar la realidad.
¿Cómo es posible que el sistema expulse a quienes se juegan la vida por no dejar a nadie atrás?
¿Cómo es posible que obliguen a una persona, extremadamente vulnerable, que pide protección porque su país está siendo invadido, a separarse de su único vínculo afectivo?
¿Cómo es posible que los protocolos aún no hayan integrado a las familias multiespecie, sometiendo a sus miembros a una doble victimización?
A través de la organización FAADA, que les estuvo acompañando, hemos conocido la historia de Hinata y su humana.
¿A cuántas más familias habremos cerrado las puertas y obligado a volver al terror de la guerra?