Memoria. A secas
A un servidor no le pasan desapercibidos los ¡dos mil! presos políticos liberados en Cuba con motivo de la Semana Santa por los que antaño la persiguieron. He sido testigo.

El Papa León XIV cargó la cruz durante el Viacrucis, en el Coliseo Romano. La primera vez fue en 1994 con Juan Pablo ll y la última con Benedicto XVI.
Sé muy bien que me estoy metiendo en un jardín. Y que parecerá muy atrevido por mi parte, pero desde ahora advierto honestamente al disciplinado e hipotético lector dispuesto a seguir esta columna, que encontrará más preguntas retóricas que dogmas, más incertidumbres (“incerteses” llamó el arquitecto catalán Oriol Bohigas a las notas de su propio diario) que afirmaciones contundentes. Las propias de un cierto dilentantismo coincidente -creo yo- con la mayoría de opiniones ordinarias y normalmente silenciosas.
Desconfío de los adjetivos con los que a menudo se complementa un concepto que es esencialmente individual. E íntimo.
En plural, memorias, corresponde a un relato personal, escrito por el interesado u ocasionalmente por tercero autorizado. Habitualmente en vida del personaje y, normalmente también, más favorables que críticas. A la manera de un currículum vitae razonado. Y con exceso de adorno en los tiempos que corren en los que el deseo se confunde con los hechos hasta reemplazarlos con descaro.
En singular y en latín, “in memoriam”, suele encabezar obituarios o efemérides de personajes suficientemente populares (por las razones que fueren). Adaptados a la metodología y la forma de la “laudatio” académica, acostumbran rozar la elegía y hasta la hagiografía cuando ya el homenajeado no puede alimentar más su ego. Algunos hubieran agradecido un extemporáneo obituario en vida. Y es sabido, Rubalcaba dixit (y no pixit) que en España se entierra muy bien.
Sin necesidad de citar al memorioso Funes, ni la permanente y universal autoridad cultural de Borges, me viene a menudo a la cabeza mi primer fracaso de conquista adolescente, en la seguridad de que la contraparte, que por hábito tenía el rechazo, no conservará en su memoria lo más mínimo al respecto. Para mi tan inolvidable como imposible de recordar en su caso.
Mnemósine fue la diosa griega que custodiaba el pasado aun pudiendo modificarlo a su capricho si fuera el caso que ha dado nombre a numerosos proyectos y ensayos modernos sobre la materia. El “Atlas Mnemosyne” obra de Aby Warburg (1866-1929) no lo hemos conocido hasta la publicación de Martin Warnke en 2010. Supe de él gracias a la espléndida exposición del Reina Sofía de ese mismo año. El catálogo obra de Georges Didi-Huberman, de sugerente título “ATLAS ¿cómo llevar el mundo a cuestas?” me permitió dirigir el TFM de excelencia del arquitecto Juan Alcalá sobre el silencio en las manifestaciones artísticas, con José María Yturralde como invitado de lujo. Hay una plataforma internacional que reivindica algo similar como alternativa a la memoria establecida tan al uso y sus consecuencias cancelatorias. Y no hace mucho que eligió Susana Lloret ese título para recordar la espléndida colección de fotografía de José Luis Soler. Todavía puede verse en la Casa de la Marquesa de Gandía.
Calificativos como histórica o democrática han elevado el término a categoría jurídica y legislativa. Por respeto a otras posiciones evitaré hacer comentario alguno en tal sentido.
Mi padre cultivó desde joven una inteligente sordera selectiva que pudiera utilizarse como estrategia a la hora de practicar la memoria. Aunque no deja de ser un calificativo intencionado. E interpretativo, tanto como legítimo.
Y hay, claro está, una memoria instantánea, tan reciente como en ocasiones huidiza, esa de “no puedo creer lo que estoy viendo”. Subliminal en ocasiones.
A un servidor no le pasan desapercibidos los ¡dos mil! presos políticos liberados en Cuba con motivo de la Semana Santa por los que antaño la persiguieron. He sido testigo. Ni el gesto de SM el Rey acudiendo a la procesión del Silencio en Carabanchel o el del Papa con la cruz -y el mundo- a cuestas en el Coliseo romano. Los guardo en mi propia memoria.