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Compromís, sin pelos en la lengua, propone llevar a cabo medidas para 'boicotear' el turismo y que "decrezca"

El diputado de Compromís insertado en el grupo Sumar en el Congreso, Alberto Ibáñez, considera que hay turistas que apenas se gastan cinco euros en "un pin o una cerveza": "no necesitamos más turistas, no nos caben más turistas"

(Foto de ARCHIVO)
La playa de la Malvarrosa en la ciudad de Valencia el mismo día del inicio del verano 2019. Frente a la playa, un barco de cruceros.

(Foto de ARCHIVO) La playa de la Malvarrosa en la ciudad de Valencia el mismo día del inicio del verano 2019. Frente a la playa, un barco de cruceros.Jorge Gil

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El debate sobre los límites del turismo vuelve a escena con fuerza en la Comunitat Valenciana tras unas Fallas y una Semana Santa donde los datos de ocupación vuelven a ser de récord. Por este motivo el diputado de Compromís integrado en Sumar en el Congreso, Alberto Ibáñez, ha defendido abiertamente la necesidad de poner freno al crecimiento turístico en ciudades como Alicante o Valencia, donde, a su juicio, la situación ha llegado a un punto límite. Por esto motivo, los nacionalistas proponen llevar a cabo toda una serie de medidas que provoque un descenso en el número de viajeros que, durante estos días han podido disfrutar de nuestras ciudades. 

“No es posible vivir en determinadas zonas”, viene a sostener el parlamentario, que apuesta por un “decrecimiento turístico” como vía para aliviar la presión sobre los residentes y recuperar el equilibrio urbano. Para abordar esta problemática, Ibáñez ha registrado en el Congreso la solicitud de creación de una subcomisión dentro de la Comisión de Industria y Turismo. El objetivo es analizar cómo afecta el modelo actual a la calidad de vida y canalizar el creciente malestar en muchas ciudades, especialmente en zonas de costa.

El dirigente valenciano advierte de un cambio profundo en el tejido urbano: barrios que pierden comercio tradicional y servicios básicos para dar paso a negocios orientados exclusivamente al visitante. Según denuncia, actividades como panaderías o tiendas de proximidad están siendo sustituidas por alquileres de bicicletas, consignas o servicios turísticos, lo que considera perjudicial para la vida cotidiana.

Uno de los puntos más críticos de su discurso se centra en el turismo de cruceros en Valencia. Ibáñez cuestiona su impacto económico real y sostiene que este tipo de visitante apenas deja gasto en la ciudad, al tiempo que contribuye a saturar espacios y servicios: "es gente que baja y no sabe si está en Valencia, en Sevilla o en Barcelona, compra el mismo pin, esté donde esté y no aporta más que cinco euros por una cerveza", ha explicado Ibáñez, que a renglón seguido asevera que el vecino del barrio también paga esos cinco euros.

En la misma línea, pone el foco en Benidorm como ejemplo de un modelo que, en su opinión, ha llegado al límite de su capacidad. “No caben más turistas”, advierte, alertando de que se corre el riesgo de vaciar los barrios de residentes si no se toman medidas. El diputado sostiene que el problema no es solo de volumen, sino de modelo. A su juicio, ciudades como Valencia han pasado de vivir del turismo a depender de él hasta el punto de verse “devoradas” por su crecimiento.

Pese a ello, Ibáñez reconoce que cualquier estrategia de reducción del turismo debe ir acompañada de un plan de reconversión económica. La idea, subraya, es generar alternativas industriales y empleo que permitan sostener la actividad sin depender exclusivamente del sector turístico.

Con esta propuesta, Compromís introduce en el debate político una cuestión cada vez más presente en la calle: hasta qué punto el turismo, motor económico clave durante décadas, puede convertirse también en un problema para la habitabilidad de las ciudades.

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