EL FARO DE MOTES
Perfume electoral después de Sant Vicent
Las tendencias electorales señalan una “excepción valenciana”, un matiz que hace diferentes los próximos comicios valencianos y, por tanto, especial el recorrido que nos queda hasta los mismos

Barcala, Pérez Llorca y Puente
Sant Vicent Ferrer cerró ayer el largo calendario vacacional valenciano que se inició con la Semana Santa y salvo la interrupción estival, la cosa ya va en serio.
Es hora de pensar pues en la operación bikini.. y en las elecciones. El periplo del patrón del Regne desde la Plaza del Ayuntamiento hasta el tapiz floral de su casa natalicia en la calle del Mar abre realmente un año no natural que acabará en la primavera de 2027, cuando en el último domingo de mayo se pondrán las urnas. Es pues ahora y no en septiembre cuando se abre la batalla por el poder en la Comunitat y en sus principales municipios, un combate a cara de perro en el que las expectativas están mucho más igualadas de lo que muchos imaginábamos con anterioridad a octubre de 2024 y la fatídica Dana.
Por primera vez en la historia reciente de la democracia en nuestro país, las tendencias electorales señalan una “excepción valenciana”, un matiz que hace diferentes los próximos comicios valencianos y, por tanto, especial el recorrido que nos queda hasta los mismos: si en España parece evidente una evolución natural hacia la hegemonía liberal-conservadora en función de las últimas citas electorales autonómicas y las encuestas que apuntan a Andalucía, lo de aquí ya es otro cantar. Como digo, una circunstancia histórica contra natura. Pero hay más novedades.
Exprimida la Dana como principal argumento político en la Comunitat, amortizados los elementos de debate público, avanzada la reconstrucción a buen ritmo, finiquitada la carrera política del primero de los valencianos -en el caso de Mazón- la tensión política se ha trasladado de Valencia… a Alicante aunque el partido se va a jugar en todo el campo. En ese sentido, y porque una imagen vale todavía más que mil palabras -siempre que no esté generada por IA- me gustaría que se fijaran en lo que destila la polisémica fotografía que acompaña a este fondillo.
Un atento especialista en perfumes -como es el alcalde de Alicante Luis Barcala Sierra- ha demostrado suficiente olfato como para intuir el momento exacto en el que irrumpir en la escena pública con uno de los planes más ambiciosos en la historia de su ciudad: el anuncio sobre los detalles del Parque Central alicantino y el soterramiento de las vías. Ni el padre del concepto -Sanders Pierce- le hubiera ganado en pragmatismo político al edil Barcala a la hora de acertar con el pistoletazo de salida de su sprint electoral, tantas veces aplazado. Imagino que había que dar con el momento adecuado, más todavía en el actual contexto político, extraordinariamente conmocionado en el atávico oasis del Benacantil. Irrumpir con renders y plazos sobre el gran parque -al que acompañarán pronto otros anuncios como la ciudad deportiva y otros planeamientos- y superar las crisis de les Naus y el caso de los Bonos de Comercio que afecta a la Cámara de Alicante, parecía perentorio.
Insisto, esta operación de imagen concita un enorme pragmatismo porque no se puede definir de otra forma el espíritu que empuja a quien no tiene inconveniente en fotografiarse con el ministro Oscar Puente, oponente y látigo de herejes de la administración popular. 420 millones ha prometido el Gobierno en una compleja obra que llevará lustros. Ojalá no corra la misma suerte de otro parque central, el de Valencia, una Sagrada Familia urbanística y logística afectada también por un problema ferroviario. Ni al alcalde Barcala ni al President Llorca parece importarles el crimen de Adamuz -46 muertos cero responsables-, sin manifestaciones a la puerta de casa ni comisiones de investigación urgentes. Son tiempos de pragmatismo en la política. Una buena foto o un gran proyecto pueden sacarte de un apuro, aunque sea tapándote la nariz.