el faro de motes

Luis Motes

Periodista

El nombre de la jefa en vano

El asunto, de momento no pasa de la categoría pirotécnica pero claro, los galones de las señaladas incrementan los decibelios del caso y las terminales mediáticas de la cofradía poco menos que han visto aquí el juicio de Nuremberg

La alcaldesa de València, María José Catalá, y la presidenta de la Autoridad Portuaria, Mar Chao, durante una reunión, a 17 de diciembre de 2025.Rober Solsona

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La operación para tumbar a María José Catalá ha comenzado, y perdonen la autocita, con el inicio de la campaña de 12 meses que comenzó ayer, una vez recogido el altar de Sant Vicent. De la habilidad política de su equipo depende poder aprovechar a su favor esta ofensiva, usando la fuerza del adversario en su contra, como en el judo, pero tengo serias dudas de que eso vaya a producirse. 

Este episodio que abre larga campaña electoral a la principal plaza de la Comunitat tiene mucho que ver con la calidad de la liza: la Batalla de Valencia, con walking dead Oltra en la carrera junto a candidatas de postín en una nómina de líderes que todavía está por completar, va a dejarnos, insisto, grandes noches de gloria. 

Entiendo que la alcaldesa Catalá no dispone, a diferencia de Mónica Oltra, de alguien como Mari Carmen González Vidal, que le transforme un trabajo de final de carrera en un tratado sobre lawfare. Hay quien señala que es el fuego amigo quien ha lanzado la primera piedra, que no es descartable, pero es Compromís quien pretende empatar el partido, aplicando en el proceso con una procesada por encubrir malos tratos de su cónyuge a una menor.

No me parece insólito que Oltra fomente la afición a la lectura señalando el alcance del lawfare, no en vano podría impartir un máster sobre denuncias falsas o sobre cómo usar la justicia para hundir la reputación de las personas. Lo que ahora habrá que descubrir es si en la santabárbara del partido de Papi Robles y compañía hay material de calidad o es cartuchería de segunda. 

La Fiscalía anticorrupción -no un juez- ha aceptado una denuncia de Compromís e investiga por defecto y por presunta prevaricación a la alcaldesa de Valencia María José Catalá y a la Presidenta de la Autoridad Portuaria, Mar Chao. El asunto, de momento no pasa de la categoría pirotécnica pero claro, los galones de las señaladas incrementan los decibelios del caso y las terminales mediáticas de la cofradía poco menos que han visto aquí el juicio de Nuremberg. 

En un país en el que el ministro de Justicia es, en el colmo de la sordidez democrática, el primer hooligan anti-jueces, todo es posible

Cálmense. Atemperen su entusiasmo quienes están educados en el retorcimiento de la Ley, el conocimiento de las debilidades judiciales y en el control del tempo de las togas. Hay quien, apostatando de la justicia española, cree a pies juntillas en sus propiedades espurias aunque en el balance de sus trapicheos se cuenten más exonerados por los procesos que abanderan que acusados que den con sus huesos ante un tribunal. Pero eso les da igual. 

Aquí lo que importa, principalmente, es la tramitación, los tiempos de la justicia, las amenazas de imputación y el tempo electoral. El relato en definitiva. En un país en el que el ministro de Justicia es, en el colmo de la sordidez democrática, el primer hooligan anti-jueces, todo es posible. En el caso contra Catalá cuenta más la narrativa que los presuntos delitos en sí y es aquí, en un asunto que seguramente no afectará a la persona de la alcaldesa, donde su entorno patina. El Partido Popular -ya pasó con el President Llorca-, se pega un tiro en el pie, está por ver si por prepotencia o por pereza. Que alguien que se maneja con más prudencia que un TEDAX pueda sufrir daños colaterales de este presunto caso de prevaricación laboral hay que atribuirlo al siempre insuficientemente ponderado valor de la asesoría. 

Más allá del origen de la ofensiva contra María José Catalá -fuego amigo o no tanto-, hay quien sugiere que hubo un burdo interés por recolocar a los damnificados y damnificadas por la desaparición del Consorcio 2007. Que esto podía ocurrir era un rumor tan redundante que sorprende que no saltaran las alarmas antes. Hay dos grandes preguntas en el ambiente. Por qué no se ahorraron el trance y por qué el siguiente en el escalafón tuvo tan poco celo, tal exceso confianza. A veces, mentar al jefe, o a la jefa, en vano, es mal negocio. Veremos.