opinión
A por ellos
Es precisamente la disidencia, la pluralidad, la libertad lo que persigue Oltra, cuyo sectarismo genético le impide descubrir que no todo el mundo piensa como ella y que los que no lo hacemos —o no vivimos, o no vemos el mundo igual que ella— no podemos ser condenados por ello mediante el uso de las herramientas que concede la democracia.

La exvicepresidenta de la Generalitat Valenciana, Mónica Oltra, durante el encuentro internacional 'Não à guerra, não à violência política, por un mundo ecofeminista', en el Jardí Botànic, a 16 de abril de 2026.
Hoy, en Alicante, el Consell de Juanfran Pérez Llorca ha declarado la Santa Faz Bien de Interés Cultural, y el éxito en el número de peregrinos que hacen el recorrido desde San Nicolás hasta la plaza Luis Fliglietti da la razón a Pablo Iglesias —fíjate tú— cuando desaconseja la dialéctica trumpista contra la Iglesia, porque es un ejército milenario e invencible en su fe. La romería alicantina, que ayer cumplió 537 años, y el Santo Cáliz que atesora la Catedral de Valencia son las dos únicas reliquias —significativas— del cristianismo custodiadas en nuestra comunidad. La Comunitat es una excepción histórica y geopolítica, al ser el único territorio que acoge dos reliquias vinculadas a Cristo, pero también somos exclusivos en otros ámbitos.
La Comunitat Valenciana es el laboratorio político donde se va a experimentar con la nueva configuración de las fuerzas políticas en España.
Por un lado, con la confluencia transversal de las izquierdas que, atomizadas y capitidisminuidas, buscan refugio en el hombro cercano. Aquí, en el Reino de Valencia, arracimadas alrededor de Mónica Oltra. Enfrente tendrán a unas derechas que finalmente han entendido —Extremadura es la muestra— que el escenario ha cambiado, que las tendencias internacionales del conservadurismo hegemónico y gratuito han tocado a su fin por la guerra y la mala cabeza de Donald Trump, y que es necesaria una política conservadora pragmática y funcional para gestionar los intereses de los ciudadanos y frenar los frentes populares. Vox va a volver a los gobiernos, sustituye la batalla cultural por una visión más posibilista —vivienda, demografía, seguridad…—, y el Partido Popular asume que su vuelta al poder pasa por una alianza global y smart con el partido de Abascal.
En este teatro de operaciones debemos ubicar lo acontecido ayer en el Jardín Botánico, con la enésima aparición mariana de Oltra, sustentada ni más ni menos que por la mujer del presidente Lula —ex reo—, la exministra que liberó a centenares de violadores —Irene Montero— y otra ministra que casi nadie reconocería por la calle, como Sira Rego. Creo sinceramente que rasgos como el alejamiento de la realidad, la falta de empatía, la ausencia de culpa, el encanto superficial, el egocentrismo y la impulsividad que vuelve a mostrar Oltra son tics de componente psicopático. La incapacidad —compartida por su cofradía— para sopesar la gravedad del hecho de que quien, estando procesada por encubrir los execrables abusos de su marido a una menor —luego exmarido—, considere caducada la responsabilidad política es sobrenatural.
El escándalo, que entonces lo era y ahora sigue siendo el mismo, y que pretendan diluir, le obligó a dimitir de todos sus cargos en el Botànic y en su coalición, y resulta que ahora sí —antes no— se ve con derecho a liderar la reacción valenciana contra la fachosfera, el lawfare, la corrupción y el racismo. Salvo por el dolor generado a mucha gente, resulta hilarante el empeño por volver a la política de quien firmaba denuncias falsas a diestro y siniestro como si estuviera en las Salesas —como un machaca del Tribunal de Orden Público del franquismo—, en el ocaso del campismo en las instituciones. En aquellos tiempos influía sobre jueces extremadamente timoratos, o bien alineados con sus neuras, o bien equivocadamente prudentes, que acababan imputando —con pena de telediario y meses o años de ostracismo y escraches incluidos— a profesionales, directivos independientes, trabajadores en suma, personas en definitiva. Que quien inventó precisamente el uso espurio de la justicia para fines políticos, una especie de bomba de racimo judicial, despilfarrando recursos públicos, haciendo perder su precioso tiempo a jueces y funcionarios y condenando —a veces de por vida— a inocentes, que quien perpetró este catálogo de tortura social, digo, pretenda ahora erigirse como precursora de la transparencia y líder de los afligidos es de coña.
El discurso de la renacida es un atropellado catálogo de vacuidades en donde, principal y retóricamente, destaca el rencor. Su alegato contra el lawfare —erigiéndose como epítome del mismo—, su ataque a una pretendida jerarquía judicial y la descalificación que hace la lideresa en ciernes hacia la profesión judicial son inquietantes. Imagino que la jerarquía de jueces antidemocráticos a la que hace referencia es la misma que hace un par de décadas hacía seguidismo de los procesos de persecución que activaba tanto ella como su grupo. Miren, a mí lo que me da esta señora es miedo. Ella vocea que abandera precisamente una cruzada contra el miedo, pero es ella la que causa desasosiego. Este fin de semana, creo que mañana, Oltra será entrevistada en Onda Cero por Julia Otero, en Barcelona. Espero que le pregunten sobre la cancelación que el escritor Eduardo Mendoza está sufriendo por parte del independentismo —en la víspera del Día del Libro— por sobreponer la condición literaria de la jornada —mucho más antigua— que la cuestión nacional. “Sant Jordi —que mató un dragón— era un maltratador de animales”, ha afirmado socarronamente Mendoza y, claro, pues han ido a por él.
Es precisamente la disidencia, la pluralidad, la libertad lo que persigue Oltra, cuyo sectarismo genético le impide descubrir que no todo el mundo piensa como ella y que los que no lo hacemos —o no vivimos, o no vemos el mundo igual que ella— no podemos ser condenados por ello mediante el uso de las herramientas que concede la democracia. Es el “a por ellos” que soflama la resucitada lo que da miedo, es la vuelta a los inefables tiempos del Botànic lo que genera temor. Recuerden, recuerden el funesto balance en vivienda, carga fiscal, inversiones estatales o financiación. Recuérdenlo hoy, cuando acaban de procesar al hermano de Ximo Puig —no me encontrarán entre sus haters—, que hizo negocio a la sombra del President. ¿Primavera botánica? El hermano, el marido, la mujer… nepotismo eres tú, querida, queridos. Colocaron a los suyos en los principales resortes del poder y señalan ahora al adversario por sus torpezas, demonizan el Pantone azul cuando inventaron el rojo para el escudo de todos, ensalzan a Oltra, pero fusilarían a Camps o a Catalá; en fin. Hicieron una tele a su imagen y semejanza y denuncian manipulación y toros. ¡Pero si los que mandan ahora tienen contratada a la productora de Francis! Venga ya, hombre.