opinión
Vivienda: ¿los españoles primero?
Fíjense qué cosas, quien primero quiso blindar el acceso a un techo frente al comprador extranjero fue... Compromís. Sí, los mismos que hoy están, junto al PSOE, en la operación de remover el puchero de las contradicciones ajenas

Construcción bloque de viviendas (Archivo)
Cuando Iván Espinosa de los Monteros deslumbró a un grupo seleccionado de empresarios en Valencia en el hotel Only You hace un par de meses, dio a entender que su salida de Vox tenía que ver con la desconexión entre el partido y su filosofía fundacional. Hoy el partido de Abascal tiene, entre sus fines, la sustitución del PP y la ejecuta con éxito intermitente. Vox ha sabido imponer su marco sobre la amenaza de la inmigración en la conversación pública, fiando al señalamiento del inmigrante su marketing político. Dudar sigue siendo mi premisa en el ámbito del periodismo y, personalmente, dudo de que la llamada “prioridad nacional” sea compartida por la mayoría de los votantes del Partido Popular, pero parece que en Génova ya han asumido que sí.
Adelantándose, pues, a lo que está ocurriendo en Extremadura y Aragón, con la intención de blindar el pacto entre PP y Vox en la Comunitat Valenciana y oteando la vuelta al Consell de los Barrera, Flores, Llanos y compañía, Pérez Llorca allana el camino. Como ejemplo, debe haber mentes privilegiadas intentando machihembrar el concepto del arraigo —secuela de la prioridad nacional— con el acceso a una vivienda asequible dentro del Plan VIVE, la única herramienta que, de forma comprobada, está sirviendo para afrontar con eficacia la alarma habitacional que vivimos en la Comunitat Valenciana. Efectivamente, la demografía también afecta definitivamente al acceso a una vivienda asequible y agrava todavía más el problema. Pero la demografía, o sea, la inmigración, no es el factor exclusivo de la crisis habitacional, de la misma manera que el migrante no es el principal responsable de la falta de servicios. En el caso de la vivienda hay que añadir los impuestos, y la falta de suelo, y las trabas, y la ideologización, y los bajos salarios, y el aumento descontrolado de costes y la falta de mano de obra.
Luego está la demagogia, porque hay ironías que la política reserva para los más atentos. La prioridad nacional, el eslogan de resonancias trumpianas que Vox ha convertido en su marca de la casa, que el PP se ha visto obligado a tatuar en el brazo como condición de coalición y que choca frontalmente con la realidad cuando se aterriza en el asunto más candente del momento, que es la vivienda, tiene más padres. Porque resulta que, fíjense qué cosas, quien primero quiso blindar el acceso a un techo frente al comprador extranjero fue... Compromís. Sí, los mismos que hoy están, junto al PSOE, en la operación de remover el puchero de las contradicciones ajenas. La medida, que consistía en limitar o, directamente, prohibir la venta de viviendas a no residentes —y que se pretendió importar desde Canadá, donde hay una moratoria de acceso inmobiliario para extranjero que se derogará en 2028—, llegó desde la izquierda valenciana antes de que ningún dirigente de Vox se hubiera molestado en redactar una propuesta coherente sobre este mercado. El Spanish First avant la lettre, versión muixeranga, lo formuló el senador Carles Mulet. La paradoja es tan gruesa que cuesta tragarla sin agua.
La prioridad nacional en materia de vivienda es, como casi todo en este debate y ya hemos dejado escrito, un eslogan eficaz que no sirve de nada cuando uno baja a la calle y busca piso. Porque la vivienda no se resuelve con quién puede comprar, sino con cuántas se construyen, a qué precio, con qué suelo, con qué financiación y con qué voluntad política real de tocar intereses que llevan décadas enquistados en los ayuntamientos, en los registros y en las cuentas corrientes. Aplicar la prioridad nacional en vivienda requeriría una intervención regulatoria de tal calibre que haría palidecer a cualquier liberal de pro. Exigiría, entre otras cosas, un registro serio de titularidades extranjeras, mecanismos de control de precios en determinadas zonas tensionadas y una reforma fiscal que, por ejemplo, bajara el IVA de los pisos. Hasta el momento, nada de eso cuadra con el programa económico de quien esgrime el concepto con más entusiasmo. Es la misma contradicción de siempre: el mercado cuando conviene, la nación cuando urge.