Opinión
De Mónica Naranjo a la Gossa Sorda
Hay una ley no escrita en la política contemporánea que dice que una buena fotografía bajo la pancarta correcta, o junto al artista indicado, o bajo el palio elegido, vale más que cuatro años de gestión impecable

Concierto de la Gossa Sorda en Picassent
Pese al apagón a mayor gloria de la ideología que ha denunciado Garamendi, motivos para seguir escribiendo no nos van a faltar. No nos vamos a aburrir esta primavera. No hay nada como asociarse a un cantante de éxito o a un evento de postín, para dar alas a un proyecto y legitimarse. Los conciertos, las fiestas populares, las tradiciones religiosas, todo sirve. La música ha sido y es una gran aliada en el pastoreo de masas y Picassent acogió la vuelta a los escenarios de La Gossa Sorda, el grupo de culto ese catalanismo que este fin de semana tomó Valencia, con más ruido que quorum. “El Papa, la Mama, el bigotes, beates i golfes. Festival en directe al Club Nàutic presenta Lluís Motes… “, esa me la se. Mónica Oltra y Joan Baldoví, tanto monta… no dudaron en mezclarse en -este sí- multitudinario concierto pues bien saben la música es el más potente instrumento de manipulación de masas, porque Adorno decía que los conciertos realmente adormecen el pensamiento crítico. No se.
El caso es que hay una ley no escrita en la política contemporánea que dice que una buena fotografía bajo la pancarta correcta, o junto al artista indicado, o bajo el palio elegido, vale más que cuatro años de gestión impecable. Y la Comunitat Valenciana, ese laboratorio permanente de experimentos políticos, lleva el fin de semana demostrándolo con gran precisión. He escuchado por primera vez el nombre de Choriza May, al parecer nombre artístico drag de Adrián Martín, showman nacido en Guadassuar. Su nombre surge de la combinación del chorizo y el nombre de la ex primera ministra británica Theresa May, lo que le da puntos en el empoderamiento de la mujer en política, aunque la premier era bastante aburrida. Se hizo famosa, el drag, en la BBC y ahora actuará en los Gay Games XII, el festival que heredó María José Catalá y que lejos de enterrar va a potenciar en Valencia.
Mientras el catalanismo tomó hace unos días las calles de Valencia con un acto más llamativo en sus formas que abultado en sus cifras, los políticos aparecen, junto a la Gossa o junto a Mónica Naranjo, que también vendrá. La derecha, con los Gay Games, está en la estrategia del ensanche. El PP reivindicando inclusión y Vox, que jamás celebraría estos juegos, más en la campaña contra el aborto, en Torrent. Vox lleva el ideario hasta el borde del sistema también en lo de la prioridad nacional, que si primero fue la Iglesia, ahora es Vicente Lafuente, nuevo presidente de la patronal valenciana, quien aconseja moderación. Por cierto, que a monseñor Argüello le ha costado una tormenta en las redes de Abascal por aparecer en una foto con Carrillo.
Lafuente, que se define como "socialista en lo social y capitalista en lo económico" y que según Garamendi "sabe dónde está el norte", ha comparado el clima político actual con el salto del abrazo de Genovés al Duelo a garrotazos de Goya, legitimándose con el arte contemporáneo. Para legitimarse Pérez Llorca camina hacia el congreso de su partido, que será antes de que nos zambullamos en el verano, y para legitimarse Diana Morant se apunta a una filà de Moros y Cristianos en Alcoi a falta de otro método más orgánico. Cuando fue a La Santa Faz se quedó prácticamente sola y ahora cuenta los días que le quedan como ministra. A Paco Camps le basta el Veles e Vents para ganar legitimidad y el 22 de mayo se dará otro festín en la tierra santa de su historial político.
Así estamos. La política como escenografía permanente, como sucesión de gestos calculados ante públicos segmentados. La gestión, esa cosa aburrida que consiste en resolver problemas reales de ciudadanos reales, no da votos, no genera titulares y, sobre todo, no sale bien en foto. Nunca fue muy distinto. Pero antes, al menos, disimulaban más.