Un año del apagón que dejó Valencia en tinieblas: "No sabemos lo que pasó realmente"

"Soy diabético y tenía la insulina en la nevera", "vivo en un noveno soy mayor y no pude salir en un día y medio": relatos de una noche de angustia que los valencianos no olvidan

Calle a oscuras durante el apagón eléctrico generalizado. A 28 de abril de 2025, en Sevilla (Andalucía, España). Joaquín Corchero / Europa Press 28 ABRIL 2025 29/4/2025Europa Press

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Este 28 de abril se cumple un año del apagón general. Durante más de 18 agónicas horas, la luz se desvaneció, dejando a 47 millones de personas en una España a oscuras, una estampa de precariedad inédita en un país desarrollado del siglo XXI. Mientras gran parte del país recuperaba la corriente, la Comunidad Valenciana fue de las últimas de la fila, donde el suministro tardó más en restablecerse, prolongando la pesadilla en algunas zonas hasta bien entrada la madrugada del día siguiente.

El corte comenzó sobre las 12:32 horas causando el colapso inmediato de semáforos y progresivamente del internet y de telefonía móvil. El caos en la Comunidad Valenciana alcanzó cotas dramáticas. Los servicios de emergencia se vieron desbordados con alrededor de 500 rescates a personas atrapadas en ascensores. "Mi vecino se quedó en el ascensor entre tres y cuatro horas. Cuando lo sacaron parecía azafrán, recuerda una mujer entrevistada por ESdiario. En total, el 112 autonómico recibió 31.776 llamadas aquel día. Algunos casos fueron muy críticos, como el fallecimiento de una mujer de 46 años en Alzira que dependía de una máquina de oxígeno.

En las vías, el colapso fue absoluto: todos los trenes de Alta Velocidad y Cercanías, 65, quedaron suspendidos, detenidos algunos en mitad de los túneles o en medio de la nada. Se evacuaron a miles de pasajeros a pie por las vías. Hay quienes no pudieron volver a casa. "Fuimos a Madrid por trabajo, era un viaje de ida y vuelta en el mismo día, fuimos a coger un tren a Chamartín para volver pero no pudimos", rememora una valenciana. Y la ausencia total de electricidad complicaba lo que ya era una odiseda, Valencia quedó aislada, además de ciega. "Fuismo de hotel en hotel probando, porque no teníamos efectivo suficiente y los datáfonos no iban", añade.

El riesgo de un colapso hídrico rozó lo catastrófico. La planta potabilizadora de Valencia, ubicada en Manises, estuvo a punto de colapsar. Sin electricidad para alimentar las bombas, Valencia estuvo a tan solo seis horas de quedarse sin agua potable. 

La psicosis colectiva no tardó en estallar. La gente fue en masa a por suministros, vaciando las estanterías de los supermercados, ferreterías, y los todo a cien de. Pilas, linternas y radios de transistores se convirtieron en el nuevo "oro líquido". De aquella experiencia emergió con más fuerza el preparacionismo que ya conocimos en la pandemia. "Tres radios he comprado", "sobre todo linternas", "mis padres se han quedado en aviso y compran conservas y botellas de agua", cuentan afectados a este periódico.

Y eso, quien pudo salir de casa. "Vivimos en un noveno piso, estoy mayor y mi mujer también así que no pudimos bajar, ni salir a comprar comida ni ver la luz", recuerda aún afectado un hombre de avanzada edad. Permanecer en el domicilio hora tras hora, con el televisor en negro, sin comunicaciones ni información, simplemente viendo como la nevera dejaba de enfriar fue especialmente angustioso para algunos: "yo como soy diabético y tendo la insulina y los medicamentos en la nevera me preocupé". 

El restablecimiento del suministro eléctrico avanzó a dos velocidades: mientras el norte peninsular recuperó la luz rápidamente, la Comunidad Valenciana se situó en el furgón de cola junto a Extremadura y Murcia. En la provincia de Valencia, el apagón se prolongó entre 18 y 24 horas dependiendo de la zona, por lo que miles de personas se fueron a dormir a oscuras y no vieron volver la luz hasta el día siguiente.  

"Fue un desastre", concluye una valenciana un año después. También lo fue la gestión informativa del Gobierno. En las primeras horas, el Gobierno compareció para alimentar el miedo. El propio Pedro Sánchez no descartó "ninguna hipótesis", dejando abierta la puerta a que pudiera tratarse de un ciberataque. No fue hasta un mes después cuando la ministra Sarah Agesen descartó oficialmente el ciberataque. En junio se concluyo sin más vuelta de hoja que se produjo una sobretensión en una planta fotovoltaica en Sevilla que produjo una concatenación de fallos. Dede entonces, el Gobierno se ha dedicado a sacudirse las pulgas y responsabilizar de todo a Red Eléctrica, sin que aún hoy nadie haya asumido responsabilidades políticas. 

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Hoy, la indignación sigue latente en las calles y las explicaciones no convencen. "No sabemos lo que pasó realemente, solo lo saben cuatro de arriba", apunta uno de los viandantes entrevistados. "No de ha aclarado porque no se ha explicado nada claro", añade otro hombre. "Nunca son suficientes explicaciones, y así será para siempre", zanja otra de las mujered preguntadas por este asunto.