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Luis Motes

Luis Motes

Periodista

Van a por Catalá con alma

Escándalo es trapichear con exetarras. Tampoco nada comparado, no se vayan a pensar, con que, en plena pandemia, un consejero de RENFE le retransmita a su mujer un trío de un ministro y jefe del PSOE con dos prostitutas, rodaje incluido.

La alcaldesa de Valencia, María José Catalá durante el pleno del mes de mayo.

La alcaldesa de Valencia, María José Catalá durante el pleno del mes de mayo.Ayuntamiento de Valencia

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Cuenta la leyenda que, con Bernardino Pérez ElizaránPasieguito— a los mandos del Valencia Club de Fútbol, un centrocampista recién fichado del Castellón, llamado Robert Fernández, elevaba la media de exigencia de la plantilla por su entrega en Paterna, lo que provocó que tanto Mario Alberto Kempes como Ricardo Arias le “sugirieran” en el vestuario que moderara su entusiasmo.

Los espolones, o la tendencia humana al sedentarismo, no conviven bien con la juventud, el desparpajo y, si me apuran, la inocencia. Puestos a triturar carne a base de tuits y bulos, el episodio vivido por la diputada valenciana del PP, Alma Alfonso, en el Congreso de los Diputados tiene mucho que ver, por un lado, con el nerviosismo que generan las encuestas, que de forma transversal ponen histéricos a los partidos en liza, con la carrera por un escaño y la dinámica de familias y, por otro, con la primavera.

En mayo, no en balde, ha arrancado un año de campaña, un tren electoral que no frena y en el que contrastan quienes han currado a destajo en esta legislatura —el caso de la diputada Alfonso— con los políticos profesionales. En ese sentido, los procuradores más desinhibidos y con menos trienios tienen trazadas distintas sobre el asfalto de los pata negra, y prestar tu despacho al activista Vito —insisto en que no es santo de mi devoción— puede ser un pecado de juventud parlamentaria, pero no es un escándalo.

Al final, Quiles es un producto del momento, no un periodista; agitador, he dejado escrito. En Valencia y ante la universidad, en Blasco Ibáñez, congregó a más estudiantes que antifas, arrasa en redes y es un elemento popular, te guste o no, a considerar para quien se dedique a la gestión de masas. Mejor cerca que lejos, pensará más de uno, aunque no lo diga.

Lo de Vito, realmente, es como la naranja de Lizondo o la algarada del diputado voxista Sánchez contra el presidente del Congreso: lances de un hemiciclo en permanente estado de nervios. Pero no es un escándalo. Escándalo es trapichear con exetarras. Tampoco nada comparado, no se vayan a pensar, con que, en plena pandemia, un consejero de RENFE le retransmita a su mujer un trío de un ministro y jefe del PSOE con dos prostitutas, rodaje incluido.

Se criminaliza al activista Vito y se le quiere apartar con un cordón sanitario, y no sé si darle cobijo en un despacho es antirreglamentario, pero, ya puestos, lo de Wyoming blanqueando a Mónica Oltra en prime time antes de sentarse en el banquillo de las acusadas también da grima.

Miren, dicen que el Parlamento es el templo de la palabra, pero qué templo. Sus señorías suelen ser llamadas al orden para ser conscientes del espectáculo y los pupitres, según consta en el Diario de Sesiones, no tienen la culpa de nada. El ciudadano, mientras tanto, observa. Y saca conclusiones. Para un 25 % de españoles, los políticos y los partidos son el principal problema del país, empatados con la vivienda.

No es casualidad: es consecuencia. Hannah Arendt advirtió que la banalización no es solo el mal, sino también la política que renuncia a pensar, como sucede en las comisiones de investigación. Que lo pasen bien en esos encuentros, especialmente el lunes 18 de mayo, con la comparecencia de Maribel Vilaplana, por lo de triturar a personas, digo.

Por cierto, mucho humo es ese para tapar las chistorras, justo después de las elecciones andaluzas. Y luego dicen de Vito.

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