Opinión
Algunos somos alienígenas
¿Seguro que quienes nos educamos de forma segregada tenemos una tara? Quienes pretenden sacar de las opciones educativas de las familias esta modalidad aseguran que lo hacen porque ese sistema crea poco menos que "monstruos" machistas o mujeres acomplejadas.

PRESENTACION DE LA EXPO YO FUI A EGB | Marta Fernández | 10/12/2015
O personas inadaptadas, o rara avis. Me explico. Tuve una conversación el otro día con la profesora María Calvo, puede que la mayor experta en España en educación diferenciada, o "segregada", en semántica de los adversarios políticos que reniegan y pretenden erradicar la separación entre niños y niñas en la educación. Yo llevé a mis hijas a un colegio mixto, faltaría más, pero a mí los argumentos de la profesora Calvo, presidenta de una asociación europea que defiende los valores de esta opción y también docente en la Universidad Carlos III, una de las mejores de España según los últimos rankings y donde estudiará la infanta Leonor, me parecieron totalmente respetables. No solo porque la libertad de elección que encarna la Constitución debería blindar esta modalidad —muy reducida en España, por otra parte—, sino porque la educación en nuestro país, en la mayor parte de nuestra historia y no solo en el siglo XX, ha sido, efectivamente, diferenciada. Y eso no fue óbice para que se hiciera realidad aquello de Los Bravos que luego popularizaron Pajares y Esteso: "los chicos con las chicas tienen que estar".
A lo que íbamos. ¿Seguro que quienes nos educamos de forma segregada tenemos una tara? Quienes pretenden sacar de las opciones educativas de las familias esta modalidad aseguran que lo hacen porque ese sistema crea poco menos que "monstruos" machistas o mujeres acomplejadas. Y digo yo, si fuera así, ¿qué clase de personas seríamos los que nacimos, por ejemplo, a finales de los 60?
Nosotros aprendimos antes a hacer la cama con esquinas militares que a gestionar emociones. Será por eso de la mili, claro: aquel rito obligatorio donde uno entraba chaval y salía con bigote, o al menos con historias que hoy no pasarían ningún filtro de recursos humanos. Venimos de colegios concertados, la mayoría, y un servidor de las Escuelas Pías, donde la biología era teoría pura: chicos por un lado, chicas por otro, y gracias. Luego llegó la vida real y algunos descubrieron que aquello no venía con manual de instrucciones ni los becarios cobraban, ni el bus. Pero, oye, aquí seguimos, improvisando. Aquí, los más audaces iban a Barraca, Spook, Chocolate y otros a Woody o a Distrito, donde nos desfloramos a un mundo nuevo. Aquellos eran templos donde la madrugada era religión y el bakalao, doctrina. O el tecno, o el funky. Nada de playlists: aquí el DJ era sacerdote y tú, fiel devoto. Dignity o lo de Spandau eran himno, Duncan Dhu un horizonte, La Mode una joya y Los Secretos o La Unión, la música de fondo de nuestras vidas. Veraneábamos entre L'Eliana y El Perelló, con final en El Saler.
Crecimos con la EGB, el “Un, dos, tres” los viernes y la enciclopedia Larousse, ese Google de papel que pesaba más que nuestras certezas. Merendábamos pan con Nocilla y veíamos “Verano azul” como si aquello fuera un máster en nostalgia anticipada.
Éramos la generación del Seat Panda o el R5 heredado, con Vespa o Vespino previa, y de la cabina telefónica, del “llama cuando llegues” sin WhatsApp. Y sí, puede que no tuviéramos todo, pero teníamos algo mejor: historias que no caben en un tuit. Y somos muchos aún; por eso, Hombres G, que nunca fueron una cosa normal, cuentan ahora su historia merecida, a lo grande. "Los mejores años de nuestra vida" es la película que celebra la trayectoria del grupo más icónico de nuestra historia reciente.
Y sí, no vimos algunos a una chica en clase hasta COU. Después no era para tanto. Lo digo porque, a decir de algunos, esta es una generación de marcianos que no tuvo una educación óptima. Y, pensándolo bien, es posible, pero, sobre todo, había menos polarización y menos mala leche. Siempre hubo ideologías y maneras de ver la vida, pero el sectarismo era excepcional. Ahora es ley.