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El tiempo necesita tiempo

El presidente del PP-A y candidato a la reelección a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno interviene en su último acto en Sevilla.

El presidente del PP-A y candidato a la reelección a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno interviene en su último acto en Sevilla.Francisco J. Olmo

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Feliz fin de semana de San Isidro. Espero que ustedes pasen unos días felices, porque ustedes lo merecen y el Santo también.

Vivimos estos días apretados todos en las distintas ferias y celebraciones de esta festividad tan campestre, tan de la España agrícola, que ejemplifica la unión de la fe católica y el trabajo diario.

Me emociona visitar lugares en los que se da importancia a la labor de los agricultores y personas de oficios relacionados con la tierra, la siembra y las distintas recogidas de cosecha. Me parece, siempre, que es echar una mirada atrás, en estos días que tan deprisa vivimos, con ese sabor tecnológico, con el que parece que digamos que lo demás no vale, que todo lo que no salga de un programa, de una inteligencia artificial o de un ordenador, no tiene ningún valor. Son éstas, unas celebraciones que me invitan a pensar, a reflexionar sobre este asunto.

He quedado a tomar café con mi amiga Mercedes, nacida en tierras de Jaén. Tierras en las que se le da tiempo a la tierra y al olivo, para que “entrambos” hagan salir el fruto, la aceituna, y de allí el aceite, y de éste otros productos que van desde aromatizantes, hasta jabones, pasando por pomadas milagrosas, hasta cremas medicinales que reconstruyen una parte de nuestra piel.

Mercedes viene andando y mirando, como sin darse importancia. Vivir en lugares en los que se cultiva la tierra da un aprendizaje distinto al que tenemos en la ciudad. Mercedes sabe que lo que ha de suceder, sucederá, pero todo a su tiempo. La oliva sale cuando le llega el momento, por más que miremos el olivo, por más de que lo visitemos o por más que lo reguemos, los tiempos son los tiempos, dice ella.

Mientras tomamos los primeros sorbos del café, le comento a Mercedes que la envidio. La envidio porque ella sabe esperar. Nosotros, en la ciudad, no tenemos esa capacidad. Lo noto en mi trabajo. Algunos de mis clientes me piden determinados servicios y me llaman al día siguiente para ver cómo lo llevamos. Parece que en la ciudad no entendiéramos que la vida necesita tiempo, para que sucedan las cosas. El tiempo necesita tiempo…

Mercedes se marchará tranquilamente para su tierra, esa en la que está empadronada, porque quiere votar mañana. No quiere dejar su voz sin ser escuchada. Ha seguido la campaña, ha escuchado a muchos de los políticos que se presentan y tiene uno como seguro ganador para ella. No nos desvela su nombre, pero yo intuyo que lo conozco.

Ella me cuenta que ha tenido en cuenta los aciertos en el gobierno, la certeza de lo que hará el candidato, si sale elegido, porque es muy previsible pero, además, me explica que se ha detenido a analizar los errores de otros candidatos, en sus explicaciones, en sus gestos, etc.

Mercedes me cuenta que es bueno que nos olvidemos de izquierdas y de derechas, que votemos pensando si “éste lo hará bien”, si lo vemos tomando decisiones consensuadas, si lo vemos dialogando con sus iguales y dialogando con personas “del pueblo”.

En Andalucía, me dice, se han cometido muchos errores de bulto. Uno de los principales es que sus propios políticos hayan creído en la “incapacidad” de los ciudadanos andaluces. Mercedes se queja de que han sido tratados con cierto paternalismo en ocasiones, en otros casos se les ha ignorado y, los políticos, han actuado a sus espaldas, no se ha contado con el ciudadano realmente. A veces, hasta se les ha robado y después han entonado el “yo no he sido”. Esto explica que hace unos años cambiara el ciclo político y las derechas ocuparan el espacio de gobierno.

El pueblo andaluz ha demostrado suficientemente su madurez, sus capacidades y ha sabido siempre estar a la altura de lo que se le pide.

A mi amiga Mercedes le sale el orgullo andaluz por los cuatro costados. Es aceitunera altiva. Es honra para sus padres. Es ejemplo para su pueblo. Mientras toma sus últimos sorbos de café, me recuerda que: “Los andaluces, estemos donde estemos, hemos de ser ejemplares por nuestra tierra y debemos demostrar que somos capaces de dar algo más de lo que nos pidieron.” Me pareció una apuesta muy sólida y seria, frente a la opinión de algunos políticos de que los andaluces están, estamos, en el sofá.

Terminamos el café y solicitamos la cuenta. La invito yo, como no puede ser de otro modo. Se marcha decidida a llegar a su casa natal esta tarde, a oler a herencia de trastos viejos que sólo pueden ser útiles allí donde están hoy, a sentir el tacto de aquellas cortinas que tocaron sus abuelos y a saborear aceitunas y “derivados”, que reconstruyen, nuevamente, en su mente, los recuerdos de su niñez.

Yo, me dejo acompañar de las imágenes que mi memoria me devuelve de Jaén y marcho camino del mercado, a confirmar que la tierra sigue siendo generosa con todos nosotros, a pesar de cómo la tratamos.

Disfruten del descanso y de los frutos del campo, en honor a San Isidro.

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