Cuando ya solo te aguanta el Papa (y Sarah Santaolalla)
En el fondo, católico hasta las cachas, como buen español, y sentimental, intercambiando regalitos y piropos con Su Santidad en el Vaticano, y presidiendo el único país del globo, que pone la otra mejilla.

Pedro Sánchez en su comparecencia en Roma tras reunirse con el Papa.
Sí ya sé, y Puente y Javier Ruíz, y demás aguerridos escuadristas de la Brunete Pedrete: Mishimas de las Casas del Pueblo.
Mayormente, pues ya hace mucho que las viejas glorias le vienen dando duro al purísimo amo, pero que muy duro: Felipe, Leguina, Guerra, Corcuera, Vázquez... (Será la envidia, que es muy mala, sobre todo de la juventud.)
Y, cómo no, la mosca cojonera, o el poli bueno del sanchismo, también conocido por García-Page, qué como el Potro, sí, el de Vallecas, solo amaga, y entre horas, con soltarle algún guantazo al escurridizo de Whitaker.
Tanto es así, que hasta el bueno de Aitor, como en aquel inolvidable recopilatorio de Los Chichos, ya advierte, con su cara de crupier armado, de "que hasta aquí hemos llegao... oyes..."
Más nuestro héroe, impasible el ademán, se ajusta aún más el último casco que le compró a Trump, y ha aguantar el bombardeo.
En el fondo, católico hasta las cachas, como buen español, y sentimental, intercambiando regalitos y piropos con Su Santidad en el Vaticano, y presidiendo el único país del globo, que pone la otra mejilla; o que es capaz de pedir un indebido perdón, por un muy lejano pasado. Ultracatólicos, que somos, y siempre dando muestras, vamos.